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Accidentes provocados por animales venenosos: negligencia en salud pública

Las enfermedades tropicales olvidadas son aquellas prácticamente eliminadas en los países desarrollados pero que todavía afligen a poblaciones pobres, en edad productiva, generalmente de áreas rurales. Como estas poblaciones tienen baja influencia política, las inversiones destinadas a la investigación para la solución de estos problemas son insignificantes, y por eso se perpetúan. Es el caso de los accidentes provocados por animales venenosos como serpientes, arañas, escorpiones, abejas y otros, que al morder o picar a la víctima inyectan veneno y la intoxican.

Aunque en el planeta existen más de 3.000 especies de serpientes, la mordedura de solo el 20 % de ellas provoca la muerte o graves lesiones incapacitantes. Cada año ocurren cerca de 2,5 millones de accidentes que dejan alrededor de 250.000 personas mutiladas y casi 85.000 muertos.

Las consecuencias clínicas y las pérdidas socioeconómicas –por las hospitalizaciones, tiempo de internación, muertes y jubilaciones por invalidez– hicieron que la Organización Mundial de la Salud (OMS) considerara tales emergencias como “enfermedades tropicales olvidadas” en 2009 y en 2017.

Pocos países en el mundo disponen de políticas públicas de salud para prevenirlas y tratarlas adecuadamente; además, las mayores pérdidas humanas ocurren en África y Asia. Por ejemplo, se estima que África subsahariana pierde dos millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD o DALY, por sus siglas en inglés, medida utilizada por el Banco Mundial y la OMS) por envenenamientos ofídicos (provocados por mordeduras de serpientes venenosas).

Aunque América Latina registra menos accidentes en comparación con el viejo mundo, también afronta esta situación. Brasil es el país de Suramérica que más episodios presenta, con cerca de 28.000 casos al año, mientras en Colombia esa cifra gira alrededor de los 5.000. En ambos países la mayoría de los estos son causados ​​por las jararacas (género Bothrops).

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                Dos especies de serpientes causan el 95 % de las mordeduras peligrosas

Evolución de la sueroterapia

El único tratamiento eficaz para la curación de los envenenamientos es el suero antiofídico específico, pero se debe aplicar lo más rápidamente posible después del accidente, y por lo tanto el acceso a este debe ser fácil, ágil y gratuito para la población afectada. Las iniciativas que han aliviado esa carga social han surgido de la participación de investigadores de países en desarrollo como India, Sudáfrica, Colombia y Brasil.

Como muchas especies de serpientes venenosas habitan áreas de vegetación densa –es el caso de las serpientes rey o cobra real en India y África, y las jararacas en la Amazonia–, las regiones de bosque son críticas en la ocurrencia de accidentes.

La búsqueda de sueros antiofídicos avanza simultáneamente con los trabajos de campo y de almacenamiento de datos; también desde los laboratorios donde las serpientes se mantienen en cautiverio para extraer su veneno y caracterizar sus propiedades.

Desde los primeros estudios en Vietnam, usando el veneno de naja o cobra de anteojos, el científico francés Albert Calmette (1863-1933) percibió que al inocular pequeñas dosis del veneno en una paloma se producían anticuerpos en la sangre del ave. La recolección y purificación de esa sangre, o suero, neutralizaba el veneno en otro animal que fuera mordido por la naja.

Más adelante el científico brasileño Vital Brazil (1865-1950) descubrió la especificidad de los sueros, es decir que, por ejemplo, si el accidente es provocado ​​por una jararaca solo puede ser tratado con suero elaborado a partir de su propio veneno.

Desde entonces han avanzado mucho tanto los estudios en bioquímica de venenos como  el uso de animales diferentes a la paloma –entre ellos el caballo– para producir gran volumen de anticuerpos en la sangre, transformando la seroterapia.

La integración entre científicos, autoridades de salud e industria ha permitido que la curación llegue de manera efectiva a la población, en especial a partir de la segunda mitad del siglo XX.

Información de calidad para una atención óptima

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La búsqueda de soluciones empieza por el trabajo de campo, investigando las condiciones laborales, la vivienda y las costumbres de la población afectada, información que se debe almacenar cuidadosamente. Así mismo, con la acumulación de los datos sobre la ocurrencia de accidentes y las regiones donde predominan (ver tabla), le corresponde a las autoridades de salud organizar y poner a disposición la información en bancos de datos públicos. De esta manera, el desarrollo de sistemas de información eficientes es el mejor camino para entender y prevenir el problema.

Pese a lo anterior, en la mayoría de los países el proceso de vigilancia no siempre cuenta con el registro de todos los accidentes en su territorio. Existe una gran cantidad de subnotificaciones, registros fallidos y baja calidad de los datos.

A menudo las fallas provienen tanto de la dificultad de los equipos médicos para identificar la especie causante del accidente como del reconocimiento de las manifestaciones clínicas y su relación con la gravedad del envenenamiento, lo cual afecta la decisión sobre la indicación del suero correcto para la curación.

Es importante que los profesionales de la salud reconozcan las serpientes, y que también se desarrollen y actualicen los manuales clínicos y el estudio regular de la distribución de las especies de importancia médica, con lo que es posible aumentar la calidad de la información y la elaboración de políticas públicas objetivas y funcionales.

De este modo, los científicos pueden analizar individual y colectivamente un gran volumen de datos y sacar conclusiones más consistentes sobre la problemática. Cuanto mayor sea la calidad de los datos y sus herramientas de almacenamiento, mayores serán las probabilidades de que se solucionen grandes problemas.

Del análisis de los datos sobre las características comunes de los accidentes y de los cuadros clínicos presentados por los pacientes pueden surgir tanto las orientaciones y medidas de prevención para las poblaciones en riesgo –como el uso de botas de caño largo, pantalones largos, guantes– como los cuidados durante el trabajo en la pesca, agricultura, ganadería y minería, entre otras.

Otras metas a alcanzar son los almacenes reguladores de sueros administrados por la OMS y la creación de un fondo global para la investigación y la producción de sueros, similar a los existentes para vacunas, coordinado por la misma organización. Tales medidas tendrán éxito mediante estudios epidemiológicos robustos, análisis en amplias bases de datos, como los realizados en Colombia, proporcionando relaciones entre la incidencia de accidentes y condiciones ambientales.

De igual manera, es urgente la actualización de los registros de productores y distribuidores de sueros en el mundo, pues el tránsito de los animales venenosos, es una realidad, y accidentes con especies exóticas son muy frecuentes; por eso, la comunicación rápida entre los profesionales responsables de los tratamientos de las víctimas en diferentes países puede salvar vidas.

Divulgación científica es esencial

Para que la información llegue al público se debe publicar tanto en las revistas científicas como en los medios masivos de comunicación, pues así las personas sabrán que existen grupos de expertos preocupados y trabajando por su bienestar.

La difusión científica busca que este conocimiento llegue a públicos no especializados. Así se evitaría, por ejemplo, que el desconocimiento sobre las serpientes haga que estas sean mal vistas por la población, y que se crea erróneamente que todas las especies son venenosas y que su presencia pone en riesgo la vida humana.

El temor hace que ejemplares de varias especies mueran causando desequilibrios ambientales. Así mismo, leyendas y creencias –como aplicar diversas sustancias en el lugar de la mordedura que supuestamente neutralizarían el veneno– pueden comprometer las atenciones médicas, agravando los accidentes y llevando a los pacientes a la muerte.

En ese sentido, varios institutos de investigación y núcleos de ofidismo promueven actividades para instruir a la población. En Brasil se destacan iniciativas de divulgación científica como el proyecto “Vacaciones científicas” realizado por el Instituto Vital Brazil en Niterói (Río de Janeiro), que consiste en que durante las vacaciones los niños de 8 a 10 años pasen una semana en el Centro de Producción de Suero e Investigación realizando actividades lúdicas y aprendiendo sobre las características de los animales venenosos, además de nociones de biodiversidad, prevención de accidentes y otros asuntos.

 

En el Instituto Butantan (São Paulo), el proyecto “Vacaciones en el Butantan” también acerca a las familias y a la comunidad científica, promoviendo acciones que tratan de asuntos relacionados con el medioambiente y la salud pública, dentro de un espíritu de ocio y reflexión de la realidad.

Creemos que solo la unión entre población, instituciones públicas e investigadores permitirá que sobreviva el ideal de aplicar apropiadamente los recursos gubernamentales en ciencia de calidad y reconocer la importancia de la investigación en la preservación de la vida y del medioambiente.

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