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Abejorros polinizadores: no se aceptan importaciones

Abejas de las especies Bombus terrestris y Bombus epifiatus –conocidas comúnmente como abejorros o abejones– encargadas de polinizar cultivos de tomate y otras hortalizas en invernadero, son comercializadas desde hace 20 años en países de Europa y Norteamérica, entre otros.

Las compañías comercializan colonias de estos insectos en coloridas cajas de cartón, en cada una de las cuales se transportan alrededor de 100 obreras y la abeja reina. En los prospectos de algunas de las empresas que ofrecen este servicio se lee, por ejemplo, que para una hectárea de tomate en invernadero es recomendable instalar 25 colmenas.

Con las colonias, los cultivadores han logrado mantener altos niveles de producción, pues no están a merced de los polinizadores naturales, que se pueden diezmar drásticamente por condiciones climáticas o por la modificación de sus hábitats naturales, entre otras razones.

Cuando viene la floración del cultivo, los agricultores compran las colonias de Bombus, y las instalan en los respectivos invernaderos. En países como México, por ejemplo, esta práctica ha contribuido a la producción de extensos cultivos de tomate con los que se atiende el mercado nacional y el norteamericano, principalmente.

En el medio agrícola los abejorros se reconocen por ser más rápidos que la Apis mellifera (abejas de miel), pues pueden visitar de 20 a 50 flores pequeñas por minuto, por soportar condiciones climáticas adversas y porque tienen una particularidad que los hace especialmente únicos: con la vibración que provoca su zumbido cuando se posan en las flores abren las anteras de estas y estimulan la salida del polen. De esta manera, reciben en su cuerpo velloso la sustancia y la llevan por las plantas del cultivo, cumpliendo así, de manera exclusiva, la misión de polinizar.

¿También en Colombia?

Por estas ventajas, miles de colonias de Bombus han sido introducidas a Corea, Japón, China, Taiwán, México, Chile, Argentina, Uruguay, Sudáfrica, Marruecos y Túnez. En Colombia, la Agencia Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) recibió una solicitud de licencia para importar estos polinizadores, por lo que la entidad le solicitó a la Universidad Nacional de Colombia (UN) los conceptos técnicos correspondientes para tomar la determinación más adecuada.

Con base en esta petición, la Institución se asoció con la Estación Experimental Agropecuaria Famaillá, del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), de Tucumán (Argentina), e inició el estudio molecular de tres marcadores genéticos de Bombus epifiatus, para compararlos con Bombus atratus (Hymenoptera: Apidae), especie similar que habita el territorio colombiano.

Solo en Colombia se registran alrededor de 600 especies de abejas de las más de 2.000 que existen en el planeta. En el caso de Bombus se tienen identificadas nueve especies, cinco de alta montaña y cuatro de tierras bajas.

Aunque en el país todavía no se reconoce el valor de la polinización por parte de especies como el abejorro –excepto en casos de maracuyá, donde los cultivadores saben que sin ellos no hay cosecha–, la pretensión de Biobest es justamente empezar a generar esa necesidad como una estrategia para superar la disminución de polinizadores, sumada a una mayor producción, y por ende rentabilidad.

Como la compañía ya comercializa Bombus atratus de Suramérica en Argentina, considera viable negociar estas mismas colonias en Brasil y Colombia, ya que en las zonas de páramo del país habita una especie similar.

Un equipo de expertos del Departamento de Biología de la UN, con el liderazgo del profesor Rodulfo Ospina, recorrió las zonas de montaña del Área Andina, en jornadas de hasta una semana, para colectar los especímenes criollos de Bombus y traerlos al Laboratorio.

A los ejemplares recolectados se les tomaron las muestras respectivas y se inició el análisis molecular, específicamente en tres marcadores: coi-Citocromooxidosa Uno –que se usa para el código de barras de la vida–, el Gen mitocondrial-16s y el Gen neclear pepck.

Parecen iguales, pero son diferentes

La información genética se comparó con la de los ejemplares estudiados en Argentina y con secuencias de Brasil, que ya han sido publicadas en la base de datos Gen Bank. “Encontramos que son esencialmente diferentes, teniendo en cuenta que a nivel de variación genética hay un espectro muy grande por debajo de lo que se considera una especie diferente. En estos casos, se trata de grupos locales que generan sus propias adaptaciones y tienen sus propios cambios”, advierte el profesor Ospina.

Por lo anterior, considera que cuando se hace una introducción es muy probable que al tratarse de la misma especie haya hibridación, y las mutaciones que les permiten adaptarse al sitio donde viven se diluyan cuando se aparean con el grupo foráneo.

La conclusión de los expertos es que cada grupo, a pesar de su similitud, genera sus propias adaptaciones según el territorio que habita, y experimenta cambios particulares, lo que llevaría a una pérdida de diversidad genética, pues son linajes (líneas evolutivas) totalmente particulares.

“Si se trajeran de Argentina perderíamos nuestras propias variedades, y además traeríamos patógenos que no existen aquí, porque ellos también llegan con su propia fauna parasitaria”, asegura la investigadora Ingrid Astrid Lotta Arévalo, quien viene trabajando en este campo como parte de un estudio financiado por Colciencias para caracterizar los polinizadores de montaña.

La experta en parasitología recuerda que en casos como Chile, donde se introdujo la especie terristris, se ha reportado el alto riesgo que ha generado su naturalización para la sobrevivencia de Bombus nativo (Bombus dahlbomii) y de los 14 tipos de abejas solitarias que habitan la zona; una situación similar ocurrió en Japón, donde también se ha evidenciado la extinción de una especie nativa.

Al respecto, una investigación publicada por el Instituto de la Patagonia destaca al menos cinco efectos negativos que generaría la introducción de especies de Bombus:

  1. competencia con los visitantes florales nativos
  2. competencia con las especies nativas por los sitios de nidificación
  3. transmisión a los insectos autóctonos de organismos patógenos
  4. cambios en la producción de semillas de las plantas nativas
  5. polinización de malezas introducidas.

Frente a tales condiciones, los expertos de la Universidad consideran que la información obtenida por medio del estudio molecular debe ser tenida en cuenta por entidades como el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la ABKA, frente a la solicitud de permisos de importación como el presentado para Bombus. Hasta el momento, la Agencia informó que no se ha tramitado ninguna solicitud en ese aspecto.

La principal recomendación de los investigadores es tener muy en cuenta que la diversidad biológica contemplada en el Plan Nacional de Biodiversidad incluye la diversidad genética, lo que determina que Colombia “tiene la obligación de conocer, preservar y hacer uso sostenible de esta biodiversidad”.

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