Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
2018: el vuelco político mexicano

No por esperada ha sido menos sorprendente. En la noche del pasado primero de julio se escenificó un vuelco político de consecuencias difíciles de calcular para la sociedad mexicana. Poco después de las 20 horas, los respectivos candidatos presidenciales José Antonio Meade y Ricardo Anaya, de las coaliciones “Todos por México” y “Por México al frente”, aparecieron en la cadena nacional para reconocer su derrota y el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, candidato de la coalición “Juntos haremos historia”.

Aunque estos no dieron cifras, las encuestas de salida (exitpolls) ya ofrecían tendencias que daban una amplia mayoría al candidato que había sido el favorito en todas las encuestas durante el largo periodo de precampañas y campañas electorales de 2017 y 2018.

La aparición inmediata de los candidatos presidenciales perdedores es inédita en la corta democracia mexicana y se puede ver como un hecho histórico. Solo se puede hallar algo parecido en las elecciones presidenciales de 2000, cuando Vicente Fox terminó con siete décadas de hegemonía del Partido Revolucionario Institucional. Aunque su triunfo fue reconocido esa noche por el entonces Presidente de la República Ernesto Zedillo y por Francisco Labastida, el candidato del PRI derrotado, las apariciones de ambos políticos fueron tardías, ambiguas y tironeadas por los conflictos internos del partido perdedor.

En el caso actual, la oportunidad de las declaraciones de los perdedores e incluso su disposición a apoyar la gestión del nuevo presidente distendieron de manera inmediata el ambiente de una noche electoral que amenazaba con ser conflictiva.

En estas elecciones ningún partido político se presentó por separado. Para López Obrador el eje de su campaña fue su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pero sumó al Partido del Trabajo (un grupúsculo de ultraizquierda cercano a Corea del Norte) y al Partido Encuentro Social (un partido de cristianos protestantes con una agenda muy conservadora en temas sexuales y reproductivos).

La oportunidad de las declaraciones de los perdedores e incluso su disposición a apoyar la gestión del nuevo presidente distendieron de manera inmediata el ambiente de una noche electoral que amenazaba con ser conflictiva.

El Partido Acción Nacional (de derecha demócrata-cristiana) se sumó al Partido de la Revolución Democrática y al partido Movimiento Ciudadano (ambos de izquierda social) para postular al panista Ricardo Anaya. Por su parte, el todavía gobernante Partido Revolucionario Institucional sumó al pragmático y oportunista Partido Verde Ecologista de México y al Partido Nueva Alianza (órgano político del sindicato magisterial oficialista) para postular a José Antonio Meade, un político no afiliado al PRI y que ha servido en administraciones panistas y priistas por igual.

Un candidato independiente completó el elenco de aspirantes: Jaime Rodríguez Calderón, autodenominado “El Bronco”, gobernador del estado de Nuevo León y quien durante la campaña ha sido acusado por el uso de recursos públicos para promover su proyecto electoral.

Desde mayo el politólogo Jesús Silva Herzog previó la actual situación al sostener que “estábamos inmersos en un proceso electoral aburrido porque el ganador estaba ya definido, pero que sería histórico por el cambio de modelo político que seguramente acarreará”.

Durante los últimos meses los contendientes de López Obrador insistieron en que los cálculos demoscópicos que ponían a este candidato siempre arriba de un 40 % de intención de voto escondían a un segmento muy amplio de indecisos y que no eran más que una fotografía que no podría extrapolarse para el momento electoral.

“Estábamos inmersos en un proceso electoral aburrido porque el ganador estaba ya definido, pero que sería histórico por el cambio de modelo político que seguramente acarreará”.

Al final todas las encuestas mostraron la tendencia correcta, aunque se quedaron cortas en su previsión. Si bien los contendientes quedaron alineados como se esperaba, con Anaya en el segundo lugar y Meade en el tercero, las elecciones dieron a López Obrador más de 10 puntos adicionales (lo que implica que sí había intención oculta de voto y que estaba a su favor).

Según los datos oficiales del 2 de julio, López Obrador será electo Presidente de la República con un 52,96 % de la votación, mientras que Ricardo Anaya solo alcanza un 22,49 %, y en un lejanísimo tercer lugar José Antonio Meade se queda con un 16,40 %. El pintoresco candidato “El Bronco” se quedó con un 5,13 % de la votación.

La arrasadora victoria de López Obrador no se ha detenido en la obtención de la Presidencia de la República. Su coalición ha ganado la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México y 11 de sus 16 alcaldías. También se quedará con la mayoría absoluta en la Cámara Federal de Diputados y en el Senado de la República. De las ocho gubernaturas en disputa, ha ganado en la mitad de ellas (Chiapas, Morelos, Tabasco y Veracruz) aunque ha sido resistida en Jalisco, Guanajuato, Puebla y Yucatán.

Durante su campaña, López Obrador sostuvo un discurso de izquierda populista con tintes conservadores. Prometió abolir la reforma educativa por juzgarla elitista y parar el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México; también descentralizar la mayor parte de las secretarías de Estado para enviarlas a distintas ciudades de provincia; bajar el precio de la gasolina y revisar los contratos con empresas privadas que son producto de la reforma energética; ampliar las prestaciones sociales y reencauzar la economía hacia el fortalecimiento del mercado interno. Todo esto sin aumentar impuestos y solo con la guía de su propuesta central (y a veces única): acabar con la corrupción.

En la noche de la victoria, López Obrador pronunció ante los medios un mensaje conciliador y tranquilizante: prometió no hacer expropiaciones ni eliminar la autonomía del Banco de México; dialogar con el empresariado y respetar todas las obligaciones adquiridas por el Estado, y, sobre todo, actuar en el marco de las leyes y de la Constitución. Esa misma noche, inmerso en un baño de masas en el Zócalo de la Ciudad de México, también prometió cumplir todas sus promesas de campaña. El nuevo Presidente tomará posesión el primero de diciembre de 2018.

Relacionados

86,195,1243,810,20

El número de votos a la presidencia en sus 11 municipios contradice la idea de un país polarizado. En zonas de posconflicto como ésta, ambos...

Los recientes resultados de las elecciones presidenciales en Colombia, que erigen como presidente de la República a Iván Duque, del partido Centro...

Tuvieron que pasar 26 años desde que la Constitución de 1991 estableció el derecho a la oposición, para que el país contara con un estatuto que...

La nueva relación obedecerá a la puesta en marcha del Estatuto de la Oposición. En cuanto a la paz, se ve posible una concertación con las Farc y no...

Asediados por los inversionistas inmobiliarios viven unas 100 familias del barrio Los Olivos, en la localidad de Chapinero. Allí, sobre las faldas de...

Consejo Editorial