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    Relación innovación, productividad y ciencia

El 75 % (12,8 billones de pesos) de la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTi) lo deberá invertir el sector privado colombiano. Así lo establece la Ley 1753 de 2015, Título II, Art. 5 del Plan de Desarrollo 2015-2018 del actual Gobierno nacional.

El 75 % (12,8 billones de pesos) de la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTi) lo deberá invertir el sector privado colombiano. Así lo establece la Ley 1753 de 2015, Título II, Art. 5 del Plan de Desarrollo 2015-2018 del actual Gobierno nacional

En un país industrializado como Estados Unidos dicha inversión apenas llega al 68 % (con 2,79 % del PIB en inversión en investigación), mientras que en Corea representa el 75 % de la inversión privada (con 4,23 % del PIB de inversión en investigación)[1]. Entonces resulta difícil creer que ese 75 % sea realista con una inversión del 0,24 % del PIB. La parte del Estado (10 %) corresponde escasamente al paupérrimo presupuesto actual de Colciencias, y el otro 15 % a regalías.

Prevalece la pretensión de sacarle recursos al sector privado, débil en CTi, sobre consideraciones de productividad y competitividad, sin considerar la inversión en ciencia y tecnología como fundamento de aquellas.

Este es un ejemplo de cómo los actuales dirigentes políticos colombianos desconocen los procesos de la investigación científica y la relación intrínseca entre productividad y ciencia y los niveles de madurez en la tecnología. Veamos:

Los políticos y los directivos empresariales tienen la tendencia muy marcada a favorecer la utilidad de la investigación científica a corto plazo y diferencian, sin sentido, investigación básica e investigación aplicada, cuando éticamente toda investigación tiene una función social y su aplicación es función del tiempo. Unos cuantos ejemplos:

  • El desarrollo tecnológico del siglo XXI, basado en electrónica, láseres, computadores, fibras ópticas, polímeros, biotecnología, etc., no hubiese sido posible sin la investigación básica en mecánica cuántica desarrollada a principios del siglo XX.
  • El desarrollo tecnológico realizado en Colombia y el logro del predictor de rayos PreThor solo fueron posibles después de 28 años gracias al entendimiento de la ciencia básica de los campos electromagnéticos en la atmósfera, los modelos matemáticos y, posteriormente, la aplicación en ingeniería.
  • Si los actuales Sistemas de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) no tuvieran en cuenta la corrección con la relatividad general y la relatividad especial –debido a la velocidad de los satélites y a su altura en el campo gravitacional de la Tierra–, los relojes atómicos de su interior perderían la calibración y al cabo de un día acumularían un error de kilómetros y dejarían de ser útiles. Décadas de diferencia de una ciencia básica aplicada.
  • Hoy en día el programa digital EMTP/ATP para el cálculo de sobretensiones, armónicos, estabilidad, etc., se basa en la teoría de la relatividad (Bergeron) y en la solución de una ecuación de onda que propuso el matemático francés Jean D´Alambert en el siglo XVIII. Siglos de diferencia entre la llamada ciencia básica y la aplicada.

Según distinguidos economistas colombianos, como Rudolf Hommes y Guillermo Perry, la competitividad es un objetivo errado, pues su logro depende de múltiples factores (calidad, precios, consumos, imagen, tasa de cambio) que no son fáciles de controlar. La productividad depende en alto grado de la tecnología, pero es un objetivo incomprendido en Colombia, pues a la productividad se llega con innovación y a esta se llega con ciencia.

Sin embargo la relación productividad-innovación no es un modelo lineal sino de redes, las cuales presentan dos culturas, dos mundos, dos tiempos. En la productividad la cultura es la ganancia, la rentabilidad, el corto plazo, mientras en la Academia la cultura es la primacía del logro de demostrar una hipótesis, un nuevo conocimiento, el largo plazo. Son dos sistemas complementarios que tienen sus propias dinámicas, culturas y tiempos.

Pero, ¿en qué condiciones logran conectarse estos dos mundos? Los investigadores Albuquerque y Bernardes[2] discuten la existencia de umbrales de producción científica que se deben sobrepasar para activar nuevos canales de interacción entre la infraestructura científica y la tecnológica, y presentan un estudio con más de 120 países en el que encuentran que este umbral era de 38 publicaciones científicas por millón de habitantes en 1978 y se duplica cada ocho años.

El umbral cambió abruptamente a 150 publicaciones científicas por millón de habitantes en 1998; 300 para 2006 y 600 para 2014. Para Colombia hoy serían entre 28 mil y 30 mil (620-660/millón habitantes) para comenzar a pensar en ser muy innovadores. Según el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, en Colombia la producción bibliográfica en 2015 fue de 9.499 (210/millón habitantes)[3]. Aún estamos muy lejos de alcanzar este umbral.

El otro aspecto que desconocen nuestros dirigentes políticos son los niveles de madurez de la tecnología (Technology Readiness Level - TRL), según los cuales para lograr la innovación es necesario seguir un proceso que tiene nueve niveles que parten de la investigación básica (TRL1) (figura 2).

Cuando se logren entender que la innovación es inherente a la investigación, y alcancemos el umbral de producción científica, podremos proyectarnos como un país innovador. De lo contrario seguiremos siendo muy emprendedores pero poco generadores de innovación y estando en los puestos bajos del Índice Global de Innovación.


[1] Unesco “Science Report, toward 2030”. Published in 2015 by the United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization.

[2] Alburquerque A., Bernardes, A. ISI, 2001; USPTO, 2001; World Bank, 2000.

[3] OCyT Indicadores de Ciencia y Tecnología Colombia 2016.

Perfil

Horacio Torres Sánchez

Horacio Torres es profesor emérito de la Facultad de Ingeniería de la UN, tiene estudios de doctorado en la Universidad Técnica de Darmstadt (Alemania), y recientemente fue promovido como miembro de número de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Accefyn). Este experto en rayos es uno de los 60 científicos más influyentes e importantes del país.

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