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¡Reforma política ya!

Este es el título del libro que en pocas semanas publicaremos los miembros de UN-Partidos, el Grupo de Investigación de Partidos Políticos de la Universidad Nacional de Colombia que acaba de cumplir 20 años.

Algunos nos han dicho que esta publicación llega tarde porque ya se está votando en el Congreso “LA” Reforma Política, así que no queda claro a qué nos referimos cuando seguimos diciendo que “¡Ya!”. Pero resulta que el pasado domingo en los confidenciales de Semana anunciaron una alianza partidista en el Congreso para hundir la reforma, o sus principales puntos, con lo cual otros dicen que tal vez sí sea bueno hablar nuevamente de reforma política. También varios grupos de expertos han señalado cuestionamientos a puntos técnicos de la reforma que pueden afectar a las minorías.

El asunto de esta columna es aclarar esta confusión en torno a tan delicado tema, y fue justamente de lo que se trató la ponencia que como UN-Partidos presentamos en el V Congreso Nacional de Ciencia Política celebrado en Medellín, porque en el fondo creemos que en general no hay claridad sobre lo que significa exactamente una reforma política ni la coyuntura particular de esta de Duque que se está discutiendo en el Congreso.

Aunque la ponencia de Medellín se titulaba: “La Reforma Política que Colombia necesita”, en ella no se hablaba de contenido sino de forma, de procedimiento, o sea de cómo se debe llegar a terminar aprobando una gran y estructural reforma política en Colombia, más que de señalar cuáles en nuestro concepto serían las normas adecuadas para hacerlo.

La necesidad de una deliberación

Nosotros creemos que no se trata tanto de encontrar una fórmula mágica –la cual está en una especie de mundo de las ideas platónicas del que se debe rescatar– sino de llegar a un acuerdo sobre esta después de una adecuada deliberación nacional que incluya a expertos, políticos y ciudadanos.

Desde nuestro punto de vista, los académicos debemos ser convocados por el Gobierno para intentar alcanzar un mínimo teórico sobre cada tema, para luego hacer lo propio (o simultáneamente) con las organizaciones de la sociedad civil, y finalmente debatir lo concluido en los partidos. Después de esto se debe llevar al Parlamento la propuesta mínima que tuvo consenso (no unanimidad) y aprobarla casi por “pupitrazo”, debido a esta deliberación previa.

En palabras más simples, creemos que una modificación de las normas electorales se puede ir haciendo sin problemas con los debates usuales en el Congreso, mediante el sistema de ajustes pequeños y de ensayo y error, método recomendado por el alemán Dieter Nohlen, experto en el tema, quien no cree en modelos exportables sino en fórmulas intermedias adaptadas a cada realidad. Muy probablemente la reforma actual termine siendo una de estas si llegan a superar los ocho debates, y eso en principio no tendría problemas si no va envenenada con algún “mico” (norma perjudicial introducida para beneficiar a alguien), como puede pasar en ese ajetreo legislativo en el que todo el mundo mete baza sin un acuerdo político previo que la blinde de ello.

Por ello, si no se trata de ajustes, sino de una reforma política que implique cambios drásticos en las reglas del juego, consideramos que este debe ser debatido en varios escenarios consecutivamente, antes de proponerlo al Parlamento. Como señalamos tanto en el libro como en la ponencia, lo que suele pasar con las reformas políticas de gran calado que no son planificadas de este modo deliberativo es que normalmente se hunden, salen malas, demoran mucho o terminan sin servir para nada. La de Samper se hundió, la de Pastrana se volvió un Frankenstein y murió, la de Uribe reventó, la de 2003 funcionó por la deliberación previa pero demoró mucho, y las de Santos finalmente tampoco sirvieron para casi nada.

Los puntos propuestos para el debate

El primer punto del debate nacional que proponemos es precisamente analizar si es necesario hacer o no esa gran reforma política y de qué magnitud. Nosotros consideramos que sí es necesaria, no solo por los compromisos del Acuerdo de Paz, sino sobre todo porque existe una innegable desconfianza de los ciudadanos sobre el sistema electoral en su conjunto y no parece que con paños de agua tibia se logre empezar a solucionar eso sino con una gran reforma. Es necesario tratar de mejorar la gobernabilidad con normas electorales específicas, para intentar tener mejores elecciones y partidos, aunque sepamos que esto también depende de muchas otras circunstancias.

El segundo debate debe ser el procedimiento legal, o sea si esa reforma drástica se debe hacer por reforma constitucional por medio de un acto legislativo, o si se debe llegar incluso a asamblea constituyente, o acudir por lo menos a la consulta o a cualquier otra fórmula consagrada en nuestra Constitución para que la decisión no sea exclusiva del Congreso.

Como en UN-Partidos ya llevamos más de dos décadas realizando seguimiento a las reformas políticas y no vemos tan eficaz la democracia directa en temas tan complejos, consideramos que basta un acto legislativo.

Pero creemos que esto solo sería suficiente si la mencionada deliberación se da en efecto y es realmente amplia. Esto es válido para nosotros, incluso si se trata de normas que modifiquen cosas tan importantes como las autoridades electorales, la conformación y tamaño del Congreso y el funcionamiento interno de los partidos políticos, por citar algunos ejemplos. Otra cosa sería si ya estuviéramos pensando en cuestiones tan audaces como el Congreso monocameral, el tránsito a un sistema parlamentario o un gran reordenamiento territorial que implique una federalización o algo parecido, pues ahí sí se requeriría asamblea nacional constituyente. No se descarta algún tipo de consulta mientras sea precedida por esos cuatro debates entre expertos, organizaciones, partidos y Congreso.

Lo que quiero decir finalmente es que se hunda o no esta reforma, o salga deshilachada, es necesario pensar en la posibilidad real de hacer una gran reforma política consensuada en los términos que se explicaron atrás, y comenzarla ¡YA!

Grandes cambios implican grandes consensos

Esta se puede ir aprobando aunque las grandes cosas seguramente no tendrán consenso, pero se debe cuidar mucho de que no se introduzcan “micos” y sobre todo “orangutanes” de cosas no debatidas antes, como por ejemplo la de unificar elecciones. Pero al mismo tiempo se debe organizar desde ahora ese debate nacional sobre la gran reforma de la que hablamos atrás, de modo que cuando llegue al Congreso ese consenso no sea demasiado tarde o exista un proceso electoral encima que lo haga inviable, etc.

Todo parece indicar que esta reforma no va a poder aprobar la lista cerrada propuesta ni la profundización de la democracia interna, o lo hará con acuerdos débiles. También es probable que al final no vaya a tocar a las autoridades electorales, entre otros muchos temas clave que quedarán pospuestos. Incluso de pronto traiga normas que vayan en contra del esfuerzo que se hizo en 2003 de consolidar partidos más fuertes y evitar esa proliferación de grupos políticos sin identidad ni permanencia, lo cual sería muy negativo, o que por el contrario borre minorías con esa excusa.

Es de señalar que a pesar de que esta reforma no fue la que prometió el candidato (menos mal), al principio respondía a cuestiones más o menos debatidas y no muy radicales aunque controvertidas como esa de las listas cerradas. Sin embargo, como no hubo deliberación previa, las mayorías frágiles se están desbaratando, ya empezó a ser manoseada con ideas locas y micos, y puede hundirse o convertirse en un Frankenstein imposible.

Esperemos que no y que se avance significativamente en el campo correcto aunque sea con pequeños cambios, sin embargo es probable que no suceda así. Por eso proponemos que mientras se discute esta reforma se comience la discusión extraparlamentaria de la verdadera y trascendental reforma política que Colombia requiere, y que, como decimos en el libro, se haga “ya”.

Pensemos que si finalmente no llegamos a un consenso de esa gran reforma y por algún motivo no se discuta lo logrado en el Congreso, no se apruebe o se desvirtúe en los debates, por lo menos habremos tenido la tranquilidad de haberlo intentado.

Más aún: si nos equivocamos en lo que se apruebe, será un error colectivo de buena fe, el que asumiremos con entereza y del que podremos aprender. En síntesis, los grandes cambios necesitan grandes consensos, y de verdad en UN-Partidos creemos que sí se requiere una gran reforma política Ya, más allá de los ajustes que cada gobierno le pueda ir haciendo a las normas constitucionales y legales existentes sobre el sistema electoral.

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Grupo de Investigación UN-Partidos. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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@DavidRollVel