Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Para matar de nuevo a las víctimas

La Ley 1448 de 2011, más conocida como Ley de Víctimas, le dio al Centro Nacional de Memoria Histórica el mandato de crear el Museo Nacional de la Memoria. Después de un largo y cuidadoso trabajo participativo entre académicos, museólogos, artistas y en particular, y de manera muy especial, con las víctimas, se construyó el guion del Museo, una propuesta para narrar esa memoria.

El guion, del que ya se presentó una muestra en la Feria del Libro 2018 y en otros eventos en distintas ciudades del país, está organizado en torno a tres ejes fundamentales: cuerpo, tierra y agua.

 

El cuerpo, primer y último destino de la agresión en el conflicto armado: retenido, encarcelado, secuestrado. Ultrajado de la injuria al golpe, a la tortura; del machetazo a la explosión y a la metralla, del cilindro a la granada, del acoso a la violencia sexual, de la violación al desmembramiento, de la motosierra a los crematorios y a la sepultura negada, a la desaparición forzada. Siempre el cuerpo.

 

La tierra, ese objeto tan codiciado en nuestra historia: los cultivos y bosques de su superficie, los tesoros de su subsuelo. La tierra, tan mal repartida, subutilizada o sobreexplotada, acaparada por unos pocos, despojada a tantos otros; con tanto registro alterado, tanta cerca corrida, tanto lindero borrado, tanto campesino desterrado, tanta fosa escondida, tanto cuerpo en ella “sembrado”, sin nombre, sin lágrima, sin sepultura.

 

El agua, tan enturbiada en esta guerra que secuestró los ríos, desterró mohanes y destruyó los peces. Los ríos, que pasaron de ser provisión de alimento, vías de comunicación, puntos de encuentro, redes de intercambio y fuentes rituales de purificación, a constituir manchas de sangre, de petróleo, de mercurio; canales vedados, distritos privados de riego, hidroeléctricas para tapar fosas o alcantarillas por donde, en cambio de canoas con altares o pescadores, pasaron lanchas artilladas, cadáveres picados o sin picar.

 

En torno al tejido urdido por estos tres pilares, construidos entre las víctimas y los expertos, se acordó articular el desafío de este museo: narrar y hacer visible lo inenarrable de más de 50 años de conflicto sufrido por las víctimas, luego negado, después aceptado, y ahora vuelto a negar, renegado por Darío Acevedo, director del Centro de Memoria Histórica, quien fue nombrado a pesar de sus múltiples y explícitas manifestaciones de negación de la existencia del conflicto.

 

Un video revelado recientemente por Noticias Uno muestra a Acevedo censurando el guion del Museo y burlándose grotescamente de este: “poner a hablar un río… perdónenme muchachos, eso está muy bien para una obra literaria, una poesía. Recuerden cómo se burlaban de Maduro porque hablaba con un pajarito”.

 

Que un historiador, profesor universitario como lo es Acevedo, no pueda entender el sentido de que los ríos sean uno de los pilares para narrar esta memoria, es muy poco probable. No dudo que su capacidad intelectual le permita comprender de qué se trata.

 

Tampoco creo que no se pueda hacer una idea de lo que pasó con ellos en el conflicto armado, ni de la importancia y la conexión de estos con los habitantes de las regiones más violentadas, de cómo en muchos pueblos ribereños los habitantes se daban a la tarea de recoger cadáveres, “bautizarlos” y darles sepultura, ni que desconozca el valor y la función estratégica que estos tuvieron en la minería, el comercio, el narcotráfico, y en general en la guerra.

 

Solo que hay un problema: Acevedo niega que haya habido una guerra; en consecuencia, para sostener su negación, está obligado a negar a las víctimas, que son la evidencia viviente de que el conflicto existió. Aún si muchas de ellas están muertas, su recuerdo vive aún, y justamente ese es ahora el objeto en disputa.

 

Acevedo no se detiene en una ilógica labor de obstruir la memoria, para deshonrarla, para apresurarse a dar segunda muerte a las víctimas que por ahora habitan en la morada del recuerdo que de ellas tienen sus deudos. Al hacerlo, obstruye sus duelos, profana sus reminiscencias, despoja de sentido sus luchas, sus vidas. Las borra de la historia. Tras la frialdad de supuestos argumentos teóricos y de una fachada de falsa neutralidad que esconde su sectarismo político, pretende ocultar el odio que implica su empresa, el dogma que lo anima.

 

Desconoce el actual director del Centro Nacional de Memoria Histórica que la ley que creó este Centro y el Museo Nacional de la Memoria que ahora él censura, tiene un marco muy preciso, un mandato particular que determina todas las disposiciones que ella implica; no está hecha para encubrir conflictos, para borrar crisis o para recoger y archivar historias a la manera de una academia. No fue creada para satisfacer a la guerrilla, a los paramilitares o a los militares, a los de este o aquel partido político.

 

Los fines de la ley son muy claros, no son académicos (y si lo fueran, de todas maneras tendrían que atenerse a la verdad), sus fines son explícitos desde el título mismo de la ley “Por la cual se dictan medidas de atención, asistencia y reparación integral a las víctimas del conflicto armado interno”. Así de clara, es una ley dedicada enteramente a la reparación integral de los afectados por el conflicto, que reconoce que este existió y que dejó miles de afectados que es necesario atender, y para eso ordena la creación del Museo, para lo cual contempla incluso, en su artículo 188, la “concertación con las víctimas”, hechos todos que Acevedo ahora pretende desconocer.

 

Por ahora que quede el registro de la manera como el historiador se ha sostenido en contra de la voz de las víctimas y de los académicos, borra la memoria y transgrede la Ley de Víctimas y aquella fundamental en toda cultura desde que somos humanos: la de honrar la memoria de los difuntos, para poder hacer el duelo, para que haya paz.

Perfil

Mario Bernardo Figueroa Muñoz

Psicoanalista de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)