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Pandemia y afectación mental: motivo de preocupación creciente

Sin lugar a dudas, la pandemia de COVID-19 trastocó profundamente nuestras vidas. Ante la incertidumbre inicial frente al comportamiento del agente causal y la ausencia de tratamientos efectivos contra la enfermedad, las medidas tomadas para refrenar el contagio incluyeron lo que genéricamente se ha denominado como “medidas de intervención no farmacológicas”, como ocurrió en epidemias pasadas1.

Se cerraron escuelas y buena parte de los establecimientos comerciales; se restringieron los desplazamientos tanto aéreos como marítimos y terrestres; se prohibieron eventos masivos y grandes aglomeraciones; y se exhortó a dejar de lado formas de interacción íntimas y cercanas como los abrazos y los besos.
 

Todo esto terminó en fuertes restricciones en la interacción social cotidiana, cambios abruptos en la dinámica familiar y un generalizado estado de angustia estimulado por un febril y atemorizante bombardeo informativo desde los distintos medios de comunicación. El teletrabajo y la educación por conexión remota se impusieron en varios sectores de la población y se incrementó la carga doméstica y de cuidado, lo cual ha afectado desproporcionadamente a las mujeres, debido a la estructura patriarcal de nuestras sociedades[2].
 

Estos cambios no han pasado desapercibidos para quienes trabajamos en salud, y de hecho ha surgido una creciente preocupación frente a las consecuencias de todo ello. En especial, los interesados se han preguntado por las repercusiones que estas transformaciones, y las situaciones que vivimos en medio de la pandemia, han tenido en la salud mental de todos nosotros. Y una inquietud de fondo se encuentra en el ambiente: ¿viviremos una pandemia de trastornos mentales después de esta pandemia de Covid-19?
 

Esta pregunta, que no es fácil de contestar, se acompaña de muchas otras. Por su lado, los psicólogos se preguntan por las consecuencias que la pandemia ha tenido en los procesos cognitivos, emocionales y conductuales de las personas, en especial en los jóvenes y niños; los psiquiatras se preguntan por los tipos de trastornos mentales que están emergiendo y la utilidad que puedan tener las terapias farmacológicas, mientras que los salubristas se preguntan por la situación mental poblacional que se genera como consecuencia de la pandemia y las medidas para prevenir daños y complicaciones.
 

Ya son varios los trabajos que se encuentran al respecto y las revisiones que se han hecho nos muestran un preocupante panorama. Aquí solo expondré algunos hallazgos relevantes, con el fin hacer conciencia del gran reto que tenemos por delante.
 

Panorama inquietante
 

Desde que se impusieron las medidas de cuarentena y confinamiento masivo en muchos países, y se infundió un estado de alarma generalizado, se empezó a considerar que la situación podría tener importantes impactos psicosociales, causar varios problemas de salud mental y acrecentar los ya existentes.
 

Para marzo de 2020, en una revisión rápida de la evidencia frente al impacto de la cuarentena, investigadores en Inglaterra constataron que la mayoría de los estudios revisados, que para ese momento fueron 24, reportaron efectos psicológicos negativos que incluyeron síntomas de estrés postraumático, confusión y enfado. Y al analizar los factores que más causaban estrés encontraron que estos incluyeron la mayor duración de la cuarentena, el miedo ante la infección, frustración, aburrimiento, desinformación y preocupaciones frente a las pérdidas económicas y el estigma[3].
 

Luego otros trabajos han reiterado estos hallazgos y han señalado, con mayor insistencia, que la pandemia de Covid-19 ha repercutido negativamente en la salud mental de la población general y que la situación tiende a agravarse en algunos grupos poblacionales considerados vulnerables.
 

En un estudio sobre los factores asociados con los resultados de salud mental entre los trabajadores de la salud en China expuestos a Covid-19, investigadores de ese país encontraron que una proporción considerable de estos trabajadores, y en especial las mujeres, reportaron haber experimentado síntomas de depresión, ansiedad, insomnio y angustia[4].
 

Otro estudio sobre la salud mental en trabajadores de la salud, en hospitales en Singapur y la India, encontró que algunos de ellos presentaron resultados positivos para depresión, ansiedad, estrés severo y angustia, aunque los porcentajes no fueron muy altos puesto que estuvieron en un rango entre 3 y 9 %[5].
 

Un estudio en Irlanda, en personas mayores de 18 años que estuvieron sometidas a aislamiento o cuarentena, encontró que el 40 % de los afectados presentó depresión clínicamente significativa, mientras que el 19 % tenían indicios de algún malestar postraumático. Los puntajes de depresión y estrés postraumático fueron significativamente más altos en mujeres, en aquellas personas con antecedentes de afecciones de salud mental y en quienes experimentaban conflictos sociales. Un poco más de la mitad de todos ellos percibió estigma[6].


En un sondeo efectuado por Unicef, en un grupo de jóvenes latinoamericanos de 13 a 29 años, se encontró que el 27 % reportó sentir ansiedad y el 15 % depresión en los últimos siete días. Y el 30 % de ellos señalaba que el factor principal que influía en sus emociones era la angustiante situación económica. Entre las mujeres, el 43 % se sentía pesimista frente al futuro y en los hombres el 31 % reportó la misma sensación[7].
 

Una revisión de literatura adelantada por dos psicólogos colombianos, encontró en los 43 estudios analizados que los impactos psicológicos de la pandemia por Covid-19 incluyen afectos negativos como angustia, conmoción, hostilidad, miedo y soledad; pensamientos negativos como rechazo a la situación, preocupación por la muerte y por problemas financieros; ansiedad y depresión; alteraciones en el comportamiento como búsqueda excesiva de información sobre la pandemia y conductas obsesivo-compulsivas; y varios síntomas fisiológicos como cefaleas, pérdida de apetito y alteraciones del sueño.
 

En esta revisión llama la atención que los autores también encontraron estudios que mencionaban algunos cambios positivos experimentados por varias personas, referidos a mayor apoyo familiar, más tiempo de descanso, oportunidad para la reflexión y mayor interés por el medioambiente y por el mundo afectivo[8].
 

En un metaanálisis elaborado por investigadores afiliados a dos universidades de China, una de Holanda y otra de Estados Unidos, que incluyó el análisis de 71 estudios, se encontraron prevalencias importantes de ansiedad (32 %), depresión (27 %) y estrés postraumático (16 %).
 

Al hacer el análisis por grupos de población, se encontró que la prevalencia de ansiedad y depresión era más alta entre aquellos que habían sido diagnosticados con Covid-19, y que, en general, estas prevalencias eran más bajas en China que en otros países.
 

Por último, cabe señalar que en la revisión efectuada por el grupo de investigación en psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, acerca del efecto de la pandemia sobre los niños y adolescentes que presentan un trastorno psiquiátrico previo, los autores refieren que la pandemia actual por Covid-19 y el confinamiento son una adversidad psicosocial que atenta contra la estabilidad de la familia y que tal estresor puede causar exacerbación de los síntomas de un trastorno mental previo[9].
 

La salud mental y el desarrollo psicológico de los niños y adolescentes adquiere gran importancia actualmente y produce enorme inquietud, dado que hemos experimentado una situación dramática que ha alterado profundamente las condiciones de su vida doméstica, sus dinámicas de socialización y sus procesos educativos. En últimas, estamos viviendo un gran experimento social del cual veremos resultados a mediano y largo plazo.
 

Pero claro, la cuestión no se restringe a lo que le ocurre a niños y adolescentes, porque el impacto es generalizado y cada persona enfrenta diversas situaciones según la etapa del ciclo vital que esté viviendo, la posición social que ocupe, el género y la etnia que la identifique, el tipo de sociedad que la albergue y las relaciones sociales que establezca.
 

Por todo esto, la salud mental se instala como una gran preocupación del presente que se deberá analizar con detenimiento, con la mente abierta y con un criterio amplio que permita entender tanto la complejidad de la génesis sociobiológica de los procesos psicopatológicos como las múltiples dinámicas que entran en juego en la construcción de una vida psíquica sana. Esto es fundamental, a su vez, para comprender nuestra también compleja realidad psicosocial.
 


[1] https://jamanetwork.com/journals/jama/fullarticle/208354; http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1657-95342020000200008

[2]https://umivale.es/dam/web-corporativa/Documentos-prevenci-n-y-salud/11.Covid19IvieExpress.El-impulso-al-teletrabajo-durante-el-COVID-19-y-los-retos-que-planteaf.pdf; https://www.cepal.org/es/publicaciones/46633-la-autonomia-economica-mujeres-la-recuperacion-sostenible-igualdad; https://interactive.unwomen.org/multimedia/explainer/covid19/es/index.html

[3]https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30460-8/fulltext

[4]https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7090843/

[5]https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7172854/

[6]https://www.dovepress.com/psychological-impact-of-covid-19-isolation-and-quarantine-a-cross-sect-peer-reviewed-fulltext-article-NDT

[7]https://www.unicef.org/lac/el-impacto-del-covid-19-en-la-salud-mental-de-adolescentes-y-j%C3%B3venes

[8]https://revistas.fucsalud.edu.co/index.php/repertorio/article/view/1180/1572;

[9]https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7366975/pdf/main.pdf;

Perfil

Juan Carlos Eslava C.

Profesor del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina, Universidad Nacional de Colombia (UNAL)