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Movimientos sociales que inciden en la política y traspasan fronteras

La exigencia del movimiento estudiantil en Colombia por una educación pública, gratuita y de calidad, nos lleva a analizar el aporte de los movimientos sociales en las transformaciones socioculturales y en nuevas dinámicas que permiten la construcción de la memoria histórica, la reparación, la lucha contra la impunidad y nuevas políticas de gobierno.

Uno de esos movimientos ha sido el de las mujeres madres que han hecho de su tragedia privada una causa colectiva; ¿pero han logrado incidir en las agendas internacionales y sobreponer en la práctica la apuesta política sobre su rol de imposición tradicional y atávico de madres que les ha dado la sociedad?

Los movimientos de madres en el mundo se han configurado a partir de las mismas circunstancias y características: sus hijos e hijas víctimas de violencia social o política, la mayoría de ellas mujeres sin activismo político previo a sus tragedias individuales, que se fueron formando como activistas o lideresas sociales en la lucha misma. Mujeres que desafían la justicia formal, que deciden emprender acciones, que revelan los abusos de poder por parte de los Gobiernos, la violación a los derechos humanos, además de la falta de voluntad y eficacia de los poderes públicos a la hora de esclarecer los crímenes que impactaron sus vidas privadas.

Las madres han convertido su dolor individual en un hecho social, haciendo palpable la frase acuñada por el feminismo “lo personal es político”, o también “lo privado es político”. A partir de sus exigencias no solo han logrado instalar agendas en la discusión para la sanción de leyes, sino también dejar al descubierto las falencias o total ausencia de políticas, alterando el statu quo y produciendo cambios sociales que aunque lentos, han sido estables y replicados en otras latitudes.

Sin duda las Madres de Plaza de Mayo es el referente principal por ser el movimiento pionero de la acción colectiva que trascendió al activismo social, al liderazgo y a la apuesta política. En 1976 Argentina inició un periodo de persecución, tortura, secuestro, asesinatos ocultos de manera sistematizada y violación de derechos humanos, dado por la dictadura de Jorge Videla.

Un pequeño grupo de mujeres llevadas por el amor a sus hijos decidió romper el silencio y el miedo para hacer una denuncia pública y conocer qué había sucedido con las personas desaparecidas, varias de ellas estudiantes de secundaria que protestaban en contra de los recortes del Gobierno argentino a la educación pública y que fueron víctimas de secuestro, desaparición y tortura en el suceso denominado “La noche de los lápices”.

El 30 de abril de 1976 se congregaron en la Plaza las 14 madres que habían tomado la decisión, arrasando con los miedos impartidos por el Gobierno que tenía al país aterrorizado, convirtiéndose en una muestra de coraje y admiración por parte de estas mujeres; fue así como surgieron las Madres de Plaza de Mayo.

En su inicio la presencia de las madres en la Plaza era conocida por comentarios, puesto que las fuerzas militares negaban la existencia de desaparecidos y por consiguiente su presencia. Ellas marchaban alrededor de la Pirámide de Mayo, que en Argentina es el símbolo de la libertad; poco a poco se fueron uniendo más mujeres y el grupo se fortaleció hasta que llegaron a reunirse entre 300 y 400 madres que provenían de diferentes sectores. El movimiento se fue extendiendo en todo el país, y para su reconocimiento decidieron utilizar un pañuelo blanco en la cabeza, de tela de pañal, el cual se convirtió en su símbolo.

Las madres comenzaron a salir al exterior para hacer conocer el drama de los desaparecidos; Amnistía Internacional patrocinó un viaje en 1979 que abarcó nueve países para exponer ante gobernantes democráticos de Europa y los Estados Unidos la situación real en Argentina. En 1980 adquirieron una sede social, gracias a una donación de la Asociación Holandesa de Mujeres, constituida para ayudarlas.

Las Madres de Plaza de Mayo han inspirado a otros movimientos en el mundo, como el de las Madres de Soacha en Colombia. El caso se dio en 2008, cuando 19 jóvenes de familias de escasos recursos –entre los que se encontraban menores de edad y jóvenes con discapacidad– fueron engañados y llevados al norte del país con falsas promesas de trabajo; allí fueron asesinados por militares que luego los presentaron como guerrilleros muertos en combate, suceso que en Colombia se conoce como “falsos positivos”. Ocho meses después sus cadáveres empezaron a ser identificados por sus familias en Santander y Norte de Santander.

Desde que supieron que sus hijos habían sido asesinados, las madres de estos jóvenes decidieron unirse y emprender una batalla jurídica para que estos homicidios no queden impunes y se haga justicia.

Muchas de las Madres de Soacha han sido amenazadas y hostigadas, pero su coraje ha sido más fuerte, tanto que incluso el movimiento ha sido reconocido con el Premio del Instituto Catalán Internacional para la Paz.

Estos dos movimientos sociales de madres, que se desarrollan de manera distinta en países diferentes, revelan una apuesta por la concreción de un proyecto de sociedad, de nuevos sentidos y prácticas de la política, desde los cuales la voz, las propuestas y acciones de las mujeres en su heterogeneidad y la de los diferentes grupos sociales, sean recibidas y valoradas adecuadamente.

Es así como las mujeres de manera pacifista denuncian diversas injusticias relacionadas con los conflictos armados en todo el mundo, por medio de diversas acciones de protesta social que, desde agendas que se pretenden locales, apelan a procesos y agendas globales y transnacionales.

Los movimientos sociales han avanzado en una consolidación organizativa y programática que ha trascendido los límites nacionales, sin que medie la posición política de los Estados. Esto ha permitido la reorientación en el estudio de las relaciones internacionales, que había excluido la relevancia de los movimientos sociales posibilitando un abordaje que explore cómo se comenzó a configurar un esquema de articulación internacional que se sostiene en el tiempo, adquiere distintas dimensiones, y ha recibido ya el tratamiento por parte de otras disciplinas.

Perfil

Diana Mildred Ladino

Profesional en Comunicación Social y Periodismo, con Especialización en Gerencia en Gobierno y Gestión Pública. Trabajó en la implementación de la Política Pública de Mujeres y Equidad de Género en Bogotá, forma parte del equipo de comunicaciones de la Secretaría Distrital de la Mujer, es integrante de la Red Colombiana de Periodistas con Visión de Género y candidata a magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia.

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