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Medios, despojo y guerra: las tramas de los lenguajes neoliberales

Normalmente los escenarios de confrontación armada son producto de prácticas de construcción territorial en las que concurren distintos agentes sociales con roles diferenciados, y en cuya interacción la violencia es significada como modo de tramitación de las tensiones sociales.

En la larga guerra que nos ha afectado como colombianos mucho se ha hablado de la responsabilidad de los actores armados del conflicto en la comisión de crímenes atroces –particularmente de las guerrillas socialistas y comunistas, y a veces de los grupos paramilitares–, pero con menor frecuencia se ha resaltado el papel del Estado, de los actores económicos, y particularmente del rol que han desempeñado las agencias de construcción de sentido en la reproducción de la guerra.

Es así como el horizonte de sentido compartido desde el cual interpretamos las dinámicas de la violencia ha sido formulado en correspondencia con los intereses de los actores dominantes en la confrontación ideológica y armada, y por esta razón las versiones que se han construido y socializado sobre los acontecimientos que marcaron el devenir histórico del conflicto han dificultado tanto la tramitación colectiva de las tensiones que causaron la guerra como la clara identificación de las responsabilidades diferenciales.

Según estas consideraciones, el libro Aproximación al despojo en Colombia: representaciones mediáticas, producto de dos años de investigación financiada por la Universidad Nacional de Colombia (UN), problematiza la forma como las agencias mediáticas representan el complejo y estructural problema del despojo de tierras en Colombia, y junto con él otros asuntos de la agenda social y política del país.

En este trabajo se parte de la premisa de que las dinámicas de despojo, violencia e impunidad que han caracterizado el largo desarrollo del conflicto armado se han sustentado en representaciones que circulan en los distintos ámbitos de la vida social, la mayor parte de las cuales se verifican en las prácticas discursivas de los medios de comunicación.

Esta premisa pareciera sugerir que las representaciones mediáticas se instalan en el escenario del imaginario social y que desde allí modelan prácticas y actitudes, pero lo que propone la investigación es que, además de la construcción de un universo simbólico que sirve como marco, las prácticas discursivas de los medios modelan un tipo de ciudadano que corresponde con la visión neoliberal del sujeto individual de consumo y competencia, desplazando de la agenda mediática la reflexión del sujeto de derechos, y más aún la del sujeto político.

En una muestra de 128 noticias y artículos de opinión de la revista Semana y el periódico El Espectador, en sus versiones virtuales, se abordaron los procesos de representación de asuntos como el desplazamiento forzado, la acción institucional del Estado y las formas como se construye el sujeto denominado “víctima”, con el propósito de identificar las dimensiones políticas y sociales de las narrativas mediáticas emergentes.

En esta investigación se determinó que frecuentemente las representaciones de los medios sobre el despojo se ajustan a un patrón simbólico que legitima las prácticas y propuestas gubernamentales, por lo que se formula una conceptualización del ciudadano como el sujeto que debe ver por sí mismo y sobre el que recae la responsabilidad de las acciones del ejercicio de su ciudadanía, las cuales se retrotraen de los espacios de construcción de lo público para instarse en el terreno de lo privado.

Las prácticas discursivas de los medios modelan un tipo de ciudadano que corresponde con la visión neoliberal del sujeto individual de consumo y competencia, desplazando de la agenda mediática la reflexión del sujeto de derechos, y más aún la del sujeto político.

La construcción y legitimación narrativa del individuo como sujeto central en los discursos sobre el despojo se articula a tres movimientos discursivos, con efectos sobre la definición de los referentes que las autoridades toman como base para intervenir sobre los problemas relativos al desplazamiento forzado, las diversas formas de vulneración de derechos y las estrategias sociales y políticas para la restitución de derechos a los sujetos victimizados.

En primer lugar, un movimiento que se articula a la eliminación de los referentes colectivos desde los que se podría interpretar el desarrollo del conflicto armado, y en particular del despojo, como cuando los medios hacen referencia a hechos de violencia y a las prácticas de despojo como si fuesen el resultado de designios que afectan al individuo y que resultan incontrolables por este.

Los medios usan recursos semióticos y nominales como metáforas y estructuras discursivas complejas para construir marcos representacionales, como cuando se habla de:

  • La tragedia de ser desplazado.
  • El drama de la violencia.
  • Una violencia que no da tregua.
  • Conflictos que desangran al país.

Estas y otras expresiones con las cuales se representa mediáticamente el conflicto armado no consideran las constelaciones de intereses en las que se inscriben los fenómenos narrados.

En segundo lugar, la construcción de marcos de representación en los que lo doméstico es propuesto como si fuese el parámetro de interpretación de la acción institucional del Estado, por lo que las obligaciones contraídas en el ámbito internacional en cuanto a la garantía y protección de los derechos políticos, económicos, sociales y culturales se muestran si fueran asuntos discrecionales de los funcionarios estatales de turno.

En la articulación de recursos semióticos visuales y verbales en imágenes fijas y texto –como el ángulo, el encuadre, el color, las construcciones atributivas y la formulación de roles discursivos de autoridad–, la provisión de los derechos y la intervención estatal sobre las problemáticas derivadas del conflicto armado son propuestos como regalos, dádivas o ayudas. En estas representaciones, tanto las solidaridades sociales como los sistemas de protección y de administración colectiva del riesgo emergente de la guerra se proponen como si derivaran de la acción de un Estado que se comporta como un individuo.

El reconocimiento del papel central de las agencias de producción de sentido, particularmente de los medios masivos de comunicación, deviene un asunto fundamental para aportar al debate actual sobre la implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y al proceso de negociación entre el Estado y el ELN.

En tercer lugar, “la víctima” se muestra como favorecida o beneficiaria de los programas de restitución de tierras, ensamblaje discursivo en el que solo se les otorga voz a los sujetos victimizados (despojados), con la condición de que su relato coincida con los valores dominantes de:

  • La autosuperación personal.
  • La filosofía del emprendedurismo.
  • La ampliación de las visiones mercantiles de la acción estatal.
  • Y una reiterada exigencia a los sujetos victimizados de renuncia a su capacidad política.

En la mercantilización de la acción institucional del Estado, las intervenciones sobre los problemas sociales son inscritas en el campo semántico de los beneficios y las ganancias y no en el ámbito de la formación colectiva de lo que nos es común. De allí que metáforas como los dividendos de la paz puedan ser indicativas del tipo de relación que se establece entre el Estado, el mercado y la ciudadanía.

Desde esta perspectiva, los sujetos victimizados son construidos mediáticamente como actores con agencialidad relativa, solo verificable en su capacidad de organizarse para autoabastecer sus necesidades, pero no como sujetos políticos con propuestas de reestructuración del orden social en el que se generó la violencia social y armada y el despojo de tierras y territorios. En este sentido, el sujeto victimizado es propuesto como el eje sobre el que se sustentan los valores neoliberales imperantes y sobre el que se legitiman políticas de intervención basadas en la expansión del horizonte de lo privado y de la iniciativa individual.

El reconocimiento del papel central de las agencias de producción de sentido, particularmente de los medios masivos de comunicación, deviene un asunto fundamental para aportar al debate actual sobre la implementación del Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y al proceso de negociación entre el Estado y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), con el fin de hacer veeduría social a la forma como los medios aportan o no a la transformación de los imaginarios indispensables para la construcción de una paz estable y duradera.

Esto adquiere importancia toda vez que la paz es un bien común construido colectivamente, que resulta de la decidida articulación entre los distintos sectores políticos y sociales y no de la sumatoria de esfuerzos individuales e individualizadores. De lo que se trata, en consecuencia, es de apostar por la construcción de matrices alternativas de pensamiento, a la altura de los retos colectivos que enfrenta Colombia, y no diseñadas a la medida de los intereses de quienes no dudan en propiciar la continuidad de la guerra y beneficiarse de su funcionamiento social.

Perfil

Neyla Graciela Pardo Abril

Doctora en Lingüística Española. Profesora titular del Departamento de Lingüística e investigadora del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura (IECO), de la Universidad Nacional de Colombia. Líder del Grupo Colombiano de Análisis del Discurso Mediático (categoría A1 Colciencias) y cofundadora de la Red Latinoamericana de Analistas del Discurso sobre la Pobreza (REDLAD).

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