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Medio siglo del movimiento estudiantil de Francia

Un viejo adagio popular francés afirma que cuando París estornuda, Europa entera se resfría. En mayo de 1968 Francia se resfrió y contagió al mundo entero.

Sacudida por las crecientes revueltas desatadas por una rebelión estudiantil, Francia conmocionó a Alemania, España, Suiza, Italia, Estados Unidos y México y también a Polonia, Checoslovaquia y Yugoslavia, en el bloque socialista. Fue como una gran erupción que se extendió por todas partes desde París.

Aunque la revuelta fue más cultural que política, terminó paralizando al país cuando se sumaron todas las fuerzas, especialmente las organizaciones obreras de Francia. Durante algunas semanas no hubo servicios públicos, las basuras se acumularon, se levantaron barricadas en el centro de París, hubo desabastecimiento y las instituciones se paralizaron en su totalidad. La Universidad de La Sorbona se cerró por primera vez en la historia desde su fundación a mediados del siglo XII.

La guerra de Vietnam, para el movimiento estudiantil norteamericano, y la guerra de Argelia, para el movimiento estudiantil francés, mostraron unos rostros del poder de sus países que despertaron la conciencia de los jóvenes estudiantes. Especialmente los estudiantes franceses pusieron fin al triunfalismo de la posguerra de sus padres y rechazaron la autoridad en abstracto, protestando tanto por la acción del estalinismo como por la presión del imperialismo norteamericano.

Estos hechos se pueden explicar si se tiene en cuenta que la universidad francesa, de altísima calidad, se distinguía por su carácter centralista, autoritario y vertical. Pero en 1968 ya había 500.000 estudiantes matriculados, 300.000 más que una década antes, y era notoria la ausencia de espacios de participación de los estudiantes en la toma de las decisiones que les afectaban.

La revuelta del 68 conquistó nuevos derechos dentro de la democracia y muy especialmente cambió un modelo impuesto por siglos, al lograr el derecho a cuestionar de forma abierta a la autoridad, pero con argumentos. Se destacó la importancia de la inteligencia y la imaginación más que de la fuerza para llegar al poder, y se develaron los horrores y las carencias de los poderes instalados en casi todos los países.

Los clichés más usados fueron: “A la conquista de las libertades”, “La imaginación al poder” y “Prohibido prohibir”.

El legado de la primavera de 1968 puede ser disfrutado hoy, 50 años después, en universidades de muchos países. En la universidad alemana, por ejemplo, también se debilitó ese poder autoritario del Herr Professor, que ponía a los profesores de mayor categoría en el pedestal de la infalibilidad con derechos para ejercer su propia justicia académica sin límites frente a sus indefensos, dóciles y temerosos estudiantes.

En México, sin embargo, los hechos de 1968 tuvieron terribles consecuencias. El 2 de octubre de ese año ocurrió la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, un acto criminal de represión a manos del Ejército mexicano para disolver el movimiento estudiantil, que cobró la vida de cerca de 400 estudiantes y dejó más de un millar de heridos. Como suele ocurrir en nuestros países, solo hasta 2006 concluyó la investigación sobre estos hechos.

Ha pasado medio siglo y coincidencialmente Francia vuelve a experimentar este año una primavera caliente. Aunque Mayo del 68 posiblemente no está en la mente de los estudiantes actuales y para la mayoría es un mero fantasma, es inevitable una evocación histórica ante tal coincidencia.

En efecto, mayo de 2018 se está convirtiendo en un mal periodo para Emmanuel Macron y su Gobierno. La creciente agitación universitaria, con huelgas y protestas de diverso tipo se ha sentido ya en unas 20 universidades francesas y transmite una sensación de malestar social. Tal como hace 50 años, la protesta estudiantil coincide ahora con la huelga de los ferroviarios, los paros en la aerolínea Air France y se suman también las manifestaciones de pensionados y el descontento de los agricultores.

Esta vez las huelgas universitarias se originaron en Toulouse, y tras un violento desalojo de los estudiantes, se sumaron los estudiantes de Montpellier. La protesta estudiantil ha venido creciendo después, atrayendo a los compañeros de otras ciudades como Lille, Nantes, Burdeos, Grenoble y, por supuesto, París. La parálisis ha sido total en algunas universidades, y más acentuada en algunas facultades como la de Letras de La Sorbona. El principal motivo de la huelga estudiantil es la nueva disposición que obliga a las universidades a llevar a cabo un proceso de selección mediante la realización de un examen de admisión, como existe en Colombia.

Actualmente en Francia la universidad está abierta a todos, pero el aumento de la demanda de cupos ha motivado esta nueva medida. Estos aspectos, que tienen que ver con la selección de estudiantes y la admisión a las universidades, son temas complejos en los que me gustaría profundizar en otro espacio.

Finalmente, quiero llamar la atención sobre otra importante coincidencia: hace 100 años surgió en Córdoba (Argentina) otro importante movimiento estudiantil que trascendió en las universidades latinoamericanas. El principal legado del Manifiesto de Córdoba nos ha otorgado la autonomía universitaria, que fue reconocida en Colombia en la Constitución del 91; y justamente este año, para celebrar esta importante y trascendental conquista universitaria, la Universidad Nacional de Córdoba será la sede de la Tercera Conferencia Regional de Educación Superior de América Latina y el Caribe, CRES 2018, una reunión que tiene lugar cada 10 años y que convoca a todas las universidades de la región.

Estas coincidencias parecen indicar que cada medio siglo surgen movimientos estudiantiles que trascienden las fronteras de sus países y dejan un legado para muchas generaciones futuras. Veremos si 2018 también será recordado en el futuro por las transformaciones universitarias.

Perfil

Ignacio Mantilla Prada

Matemático de la Universidad Nacional de Colombia (UN), graduado en 1982 y magíster del alma mater en 1984. Viajó a Alemania en 1986 con la ayuda de una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) y obtuvo el título de doctor en la Universidad de Mainz, en 1991. Se ha desempeñado como profesor titular del Departamento de Matemáticas, director de Programas Curriculares y director del Departamento de Matemáticas y Estadística. Además ha sido miembro del Consejo de Facultad, en calidad de representante de los directores, vicedecano Académico de la Facultad de Ciencias, decano de la misma Facultad y rector de la Universidad Nacional de Colombia. Paralelo a su trabajo administrativo, ha realizado publicaciones científicas y participado en diversos proyectos de investigación. 

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