Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Las responsabilidades de los líderes políticos en tiempos de pandemia

Las políticas públicas median entre valores que existen en una sociedad, pues si bien se apoyan en conceptos de expertos, finalmente son productos también de escogencias de valores por parte de quienes las deciden. Dicha escogencia tiene que ver muchas veces con la ideología de los partidos y de los líderes en el poder.

Por ejemplo, los líderes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), no prohibieron la celebración masiva del Día de la Mujer al comienzo de la pandemia, a sabiendas del riesgo, por el gran significado ideológico para un partido de centro izquierda de este tipo de reivindicaciones colectivas.
 

En Colombia sucedió algo similar con el primer día sin IVA, liderada por el partido de Gobierno, el Centro Democrático, que valora el crecimiento económico por encima de otras consideraciones, lo cual es coherente con su ideología.
 

Probablemente el PSOE hubiera tomado otras medidas si gobernara, o una coalición de centro izquierda en Colombia habría actuado diferente a como lo hizo Duque si fuere el caso.
 

En este sentido, lo que se dictaminó a nivel de los Estados en el mundo entero sobre la lucha contra la pandemia podrá ser juzgado por los electores en el futuro y por la historia con una doble vara: la eficacia y la escogencia de valores adecuada.
 

La fórmula para medir una política pública es bien sencilla: actuar rápido, hacer lo que en el momento parece  adecuado, obtener aceptación social de esas decisiones y ser coherente en el tiempo con el conjunto de las medidas.
 

Y si lo analizamos con cierto detenimiento, veremos que en general en las democracias actuales los gobiernos actuaron a tiempo e hicieron lo que científicamente parecía correcto, ya que no había certidumbre científica ni consensos contundentes  en esta situación sin precedentes.
 

Además, casi todos trataron de convencer a la ciudadanía de que esas decisiones eran las correctas, y mantuvieron cierta coherencia en el tiempo hasta donde pudieron con las políticas públicas elegidas, a pesar de que la situación mudaba rápidamente.
 

Por supuesto unos gobiernos demoraron más que otros en actuar frente al problema, y  algunos presidentes acertaron mejor en la elección de los criterios científicos tan disímiles que había para tomar medidas, mientras que otros tuvieron menos capacidad de discernir entre tanta información experta contradictoria.
 

De la misma manera, la persuasión social estuvo más bien manejada en unas geografías que en otras, y la coherencia en el tiempo de las decisiones también fue más contundente en unos países, mientras que en otros hubo a veces bandazos injustificados que fueron perjudiciales.
 

En síntesis, en unos años sabremos si Duque o Sánchez fueron gobernantes eficaces en mayor o menor medida al enfrentar este problema, así como los demás presidentes e incluso los líderes regionales. La Ciencia Política tiene instrumentos para medir la eficacia  de sus Políticas Públicas y están al alcance de los ciudadanos.
 

Pero es evidente que los juicios que se están haciendo hoy en día no tienen que ver con estas condiciones objetivas, sino con la posición ideológica de quien juzga, sobre todo con su sistema de valores en general.
 

Por ello, si el gobernante tomó decisiones contrarias al espíritu de la Constitución de su país, a los valores allí expresamente consagrados como prioritarios sobre otros, tiene una responsabilidad histórica y tendrá un juicio negativo.
 

Incluso, aunque las decisiones no contradigan esos valores colectivamente aprobados en un texto constitucional (y en la legislación en un sentido más amplio), pero de todos modos no sean coherentes con la ideología política que el gobernante dijo representar en las elecciones, también merecería una mala calificación.
 

Pero en la dinámica democrática resulta imposible, en este y en otros temas, tanto con gobiernos de izquierda como de derecha, y sobre todo en regímenes presidenciales, tomar decisiones que se acoplen a los valores y a las posiciones ideológicas de la mayor parte de la población.
 

Hay entonces posibilidad de hacer unas afirmaciones sensatas al analizar las políticas públicas contra la actual pandemia, pero la mayoría de las que se ven en medios y redes responden más a juicios de valores en los que cualquier gobierno siempre va a perder, porque las democracias manejan lógicas de mayorías y no de unanimidad como era en la antigua democracia griega.
 

Por eso creo que aunque los gobernantes deben responder ante el elector y ante la historia siempre, únicamente hay derecho de rebeldía o de desobediencia si dichas políticas públicas resultan evidentemente insensatas en su conjunto para la mayoría, y  no solo una porción de ellas, y menos si lo son únicamente para una parte de la población no representativa. Donde hay partidos de derecha en el poder, la izquierda aprovecha la coyuntura para decir que hubo errores mayúsculos, negación de valores que considera universales, e invita al lector a votar a su favor con base en eso en las siguientes elecciones, y a veces hasta promueve expresiones de rebeldía manifiesta.
 

Pero también en los países donde la izquierda gobierna, los partidos de derecha están descalificando sus decisiones conforme a sus propias ideologías y valores (aunque hayan apoyado las medidas tomadas en parte durante la crisis), aprovechando la situación para captar electores al futuro y tratar de desbaratar las alianzas de sus opositores en el poder en el presente.
 

El ciudadano debe ser capaz de no dejarse manipular por los creadores de opinión, tanto en los medios como en la redes, cuando resulta claro que  están al servicio de estos intereses políticos, pues falsamente hacen pasar sus análisis valorativos e ideológicos por estudios objetivos de coherencia de las políticas públicas, y también en este caso sobre las medidas para combatir los estragos de la actual pandemia.
 

En lugar de apuntar solo a los tomadores de decisiones políticas, valdría la pena preguntar qué tan responsables han sido esos creadores de opinión en ayudarnos en esta difícil situación y qué tanto se han equivocado con buenas o malas intenciones. 
 

Además, cada ciudadano debe hacer su autoexamen y el de las comunidades profesionales, vecinales o de amistad a las que pertenezca, haciendo la pregunta: ¿hemos sido tan coherentes con nuestras decisiones frente a la actual situación como esperamos que lo hayan sido nuestros gobernantes?

Perfil

David Roll Vélez.

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Grupo de Investigación UN-Partidos. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

Email
darollv@unal.edu.co