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La educación superior no se agota en las universidades

En el país, 90 de cada 100 jóvenes de altos ingresos económicos entre los 17 y 21 años ingresan a la educación superior, mientras que en los de menores recursos con el mismo rango de edad esa proporción es de 9 de cada 100. Para Víctor Manuel Gómez Campo, profesor del Departamento de Sociología de la UN y experto en el sector educativo, en Colombia el patrón de distribución social según el nivel socioeconómico está lejos de desaparecer, y a su juicio la élite nacional hace todo lo posible para que se perpetúe.

Muestra de ello son programas como “Ser pilo paga”, creado en el periodo presidencial de Juan Manuel Santos, o el actual “Generación E”, de Iván Duque, que pretende beneficiar a 336.000 estudiantes de todo el país durante el próximo cuatrienio, algo que no resuelve los problemas de equidad como lo quiere hacer ver el Gobierno, opina el profesor Gómez.

El académico explica que cada año se gradúan cerca de 625.000 bachilleres, y se calcula que la tasa anual aumentará a unos 800.000 para el próximo quinquenio, o sea unos 4 millones, por lo que “Generación E”, dice, es un esfuerzo mínimo frente a la enorme población que necesita opciones de formación para la vida laboral.

“¿Qué les está ofreciendo el país a esos jóvenes?, pues la cobertura pública es muy pobre, ya que menos del 50 % llega a la educación superior, y lo más inequitativo es que la oferta se concentra en Bogotá, Cali y Medellín. Es increíble, pero una ciudad tan grande como Barranquilla solo tiene 4.000 cupos públicos en la Universidad del Atlántico, frente a los 30.000 estudiantes que salen cada año de los colegios. No vale la pena ni mencionar las universidades privadas de la región, por demás muy corruptas”, sostiene el investigador.

Y Bogotá, a pesar de concentrar gran parte de la matrícula oficial del país, tampoco es ejemplo de equidad en el acceso, manifiesta el experto. En la capital solo existen 15.000 cupos, incluida la Escuela Superior de Administración Pública, para cerca de 90.000 egresados de la media. “En este caso la dificultad no radica en la falta de recursos, porque la ciudad los tiene suficientes, sino en la carencia de sensibilidad social de la clase política, dice.

Recuerda que aunque hace quince años se diseñó un proyecto para erigir seis grandes politécnicos en localidades estratégicas del Distrito Capital, con carreras de formación de dos años que aprovecharan las potencialidades del entorno, como por ejemplo en Usaquén uno enfocado en la salud, o en Engativá uno relacionado con la mecánica automotriz, la iniciativa no prosperó.

“En Medellín existe el Instituto Tecnológico Metropolitano, que en sus inicios era una verdadera alternativa para la población, pero en 2005 se transformó en institución universitaria, girando hacia la tradicional estructura de programas de cuatro años. Esto sucedió con muchos institutos del país, debido a que la formación técnica y tecnológica es vista como de ‘segunda clase y para pobres’, diferente a lo que ocurre en el mundo desarrollado, donde solo un 20 % de los jóvenes tiene como primera opción entrar a una universidad académica”, expone el profesor Gómez.

Ese sesgo, añade el sociólogo, le ha hecho mucho daño a varias generaciones, porque se siguen reproduciendo los factores de inmovilidad social: los sectores más pudientes pueden enviar a sus hijos a universidades de élite; los de clase media, a instituciones universitarias de regular calidad y sujetos a deudas enormes, y los pobres se quedan sin alternativas de cualificación para el trabajo, lo que sigue alimentando la enorme informalidad y delincuencia en las ciudades.

“Es increíble que nadie se tome en serio la discusión de qué hacer con los millones de colombianos que salen de la educación media y no tienen posibilidades de progreso real, debido a que se sigue planeando una educación superior para pocos. Por eso la discusión actual debería trascender del aspecto financiero para exigir una educación universal, diversa y asequible. Se debe entender que la educación superior moderna no se agota en la universidad clásica, como lo demuestran los sistemas públicos de Alemania, Japón, Corea, Australia y Estados Unidos, por citar algunos, donde existe una oferta intermedia técnica y tecnológica amplia de altísima calidad. De hecho, son esta clase de instituciones las que desde hace diez años están conquistando los rankings internacionales más prestigiosos”, asegura el profesor Gómez.

Lo anterior lleva a que diversos sectores sociales reconozcan que la lucha por la equidad educativa debe reconocer la formación técnica y tecnológica como una solución a la crisis del sistema superior público, que hoy está saturado y enfocado en la formación académica.

Perfil

Víctor Manuel Gómez Campo

Integrante del Grupo Asesor Institucional sobre el Sistema de Educación Superior, Universidad Nacional de Colombia (UN); profesor asociado, Facultad de Ciencias Humanas de la UN. Realizó estudios de pregrado en Sociología en la Universidad Tulane (Nueva Orleans) y es doctor en Educación con especialidad en Sociología de la Educación, de la Universidad de Massachusetts.

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vmgomezc@unal.edu.co