Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
Éxodo: transitar de nuevo el sendero crítico para buscar una organización diferente de la sociedad

Comparto con los lectores algunas consideraciones que forman parte de la presentación del nuevo libro publicado por Ediciones Aurora, conjuntamente con la reedición de la obra El leviatán derrotado: reflexiones sobre teoría del Estado y el caso colombiano, editada por Editorial Norma hace quince años.

Con mucha fidelidad al concepto de abstracción real de Sohn-Rethel, pretendí hacer claridad sobre las formas asumidas históricamente por el Estado, para encarar la realidad contemporánea, que ha dado paso a un nuevo Estado redefinido que ya no es soberano, no controla a su pueblo nacional, y está subordinado a las determinaciones del Imperio y no de otro u otros Estados que experimentan la misma mutación, aunque su lugar en el conjunto sea diferente.

Siempre me acompañó la idea de poder presentar una especie de síntesis sobre el estado actual de las posiciones críticas frente a la realidad de nuestro tiempo. Como alguna vez lo dijera Foucault, que sí merece con creces esos títulos, a duras penas hemos sido y tal vez continuamos siéndolo, profesores, de tal manera que lo que nos importa de nuevo, retomando sus palabras, no es saber quiénes somos en la vida, sino cómo, durante ella, podemos añadir algo a nuestros principios y momentos anteriores, jugando como en el amor sin saber dónde vamos a terminar.

Y lo que es más importante, sin la actitud de poseer la verdad y mucho menos aspirar a imponer nuestra opinión. Solo queremos plantear ciertas formulaciones que nos muevan, que agiten nuestros espíritus.

Todos tenemos algunos elementos que privilegiamos como de cabecera, aunque no siempre los hagamos explícitos. En esta ocasión debo hacerlo. He recurrido a esa obra, que vio la luz editorial en Bogotá, gracias a las empresas que ayudaron a organizar a algunos de esos intelectuales que pertenecían al campo socialista, entre quienes estaban algunos que son ahora destacados renegados y conversos.

Se trata de Trabajo manual y trabajo intelectual, de Alfred Sohn-Rethel[1], que a mediados del siglo pasado fue rechazado por los editores independientes por ser demasiado heterodoxo, y por los editores burgueses por ser demasiado marxista militante.

Sobre el razonar abstracto

Hablamos de ese acontecimiento representado por la igualación de bienes, impensado pero abstracto y real. Desde ese momento, el pensar –la geometría, la aritmética– se disociaron del acto de la medición y se fueron convirtiendo en finalidades en sí mismas, practicadas por individuos independientes, con lenguajes simbólicos que dieron paso a un conocimiento de la naturaleza, separado de las prácticas de trabajo manual o productivas propiamente dichas, que luego van a desembocar en el hito matemático-experimental galileano. Es la ciencia moderna tan ligada al surgimiento del capitalismo, que solo se explica a partir de la distinción entre trabajo manual y trabajo intelectual.

Entre los muchos efectos de naturalización que comporta la relación capitalista está la ciencia así entendida, como actividad individual separada de la labor manual productiva y transformadora, que encontró todos los desarrollos que ha multiplicado y densificado el escenario de las ciencias, y observen que, fieles a las enseñanzas althusserianas en su curso de filosofía para científicos, las nombramos en plural.[2]

Pero, he aquí que el “razonar abstracto”, no del pensamiento de los individuos, sino de las mismas relaciones sociales capitalistas, construye otras abstracciones reales que también naturaliza. Por ello Sohn-Rethel decía con rigor que la abstracción no era una propiedad exclusiva del pensamiento.

Esas abstracciones reales son múltiples: el mismo individuo, su forma societaria de organización nacional, la mercancía, el dinero, la forma estatal, la dimensión jurídica… Se trata de formas de la conciencia y del conocimiento cuyo origen no es empírico ni ontológico, sino histórico; son formas que no derivan del pensamiento mismo, sino de la acción humana, son la expresión de una época de las relaciones sociales entre los hombres, que responden a la tesis feuerbachiana de que es el ser social el que determina la conciencia.[3]

Como tales, esas formas por su realidad, tan claras como las que acostumbramos a identificar en la naturaleza, se erigieron también en materia o en objeto de conocimiento, sin importar las denominaciones disciplinarias de las cuales se reclaman los sujetos que las practican: filosofía, teoría política, teoría jurídica, economía política…

Se abigarró de esa manera el vasto continente del conocimiento, añadiéndose a las ciencias exactas y naturales el componente de las sociales y políticas. Todos sus practicantes devinieron intelectuales, tanto los pertenecientes a grupos selectos o privilegiados en la sociedad, su élites intelectuales, como quienes, en oposición a aquellos, agrupados o no, son cada vez más estimados como malditos cuando no bandidos.

Intelectual antes que intelectualidad

Nuestro objeto de reflexión, por lo tanto, reiteramos, está más próximo de la primera dimensión, es decir de la figura política del intelectual, y no tanto de la segunda, la intelectualidad en la división del trabajo. Pero si queremos aproximarnos a la realidad contemporánea del capitalismo, hay que reconocer una imbricación insoslayable entre esas dos dimensiones.

En efecto, la figura política del intelectual tiene ante sí una realidad transformada de manera radical, sin que importe la denominación que le otorguemos a esta nueva presentación histórica del capitalismo (neoliberalismo, posfordismo o capitalismo cognitivo).

Esa transformación ha modificado de manera sensible todas las formas sociales, las ha redefinido. De ahí que las abstracciones sociales reales son hoy en cierta forma distintas. Pero eso tiene como telón de fondo un cambio profundo de la segunda dimensión de la intelectualidad, pues ha ocurrido una mutación fundamental en la vieja separación entre trabajo intelectual y trabajo manual.

Ese planteamiento se enfrenta a muchas dificultades tanto en su elaboración como en la forma de exposición. Al respecto estimamos suficiente, pues no tenemos capacidad para hacer algo distinto, avanzar una formulación que está en enriquecedores trabajos recientes, a los cuales hemos acudido en algunas intervenciones en los últimos años a propósito de la explotación capitalista hoy.[4]

Se trata del rumbo que ha tomado la subsunción real del trabajo al capital en las tendencias posfordistas, que va más allá de la incorporación de ciencia y técnica en el sistema de máquinas, como lo alcanzó a entrever Marx al estudiar el paso de la manufactura a la gran industria; orientación que ha permitido que el desarrollo científico, el intelecto general, se difunda a través de los propios sujetos en cualquier espacio y en cualquier tiempo, en lo que se ha denominado la prevalencia tendencial del trabajo inmaterial.

Tras ella están todas las demás transformaciones: el fin del trabajo asalariado, la conversión de la producción en producción biopolítica, la redefinición misional del Estado y, en especial, de sus relaciones con el mercado, la nueva geografía de la globalización, y otras tantas más que demandan nuestra atención crítica.

La intelectualidad en el sentido político tiene ante sí esa nueva realidad del capitalismo. Es obvio que las disciplinas que de ella se ocupan respondan. De ahí el florecimiento de todas las tendencias que genéricamente podríamos denominar “neoliberales” en el mundo de la ciencia económica y de la teoría política y jurídica, para hacer alusión a aquellos campos más conocidos.

Sus renovaciones y reformulaciones, sean o no pertinentes, o sean o no acogidas por las orientaciones políticas del Estado o de sus aparatos, hay que apreciarlas en ese contexto. Y claro está, todas ellas están desprovistas de carácter crítico, pues sus desarrollos de alguna manera conviven y copulan con las formas transformadas, cuando no hacen carrera en los aparatos estatales y en sus orientaciones, aunque siempre de manera contradictoria.

El intelectual crítico

En nuestro caso, la responsabilidad se sitúa en un horizonte alternativo y por ende crítico. Forma parte de la figura política del intelectual, pero no para recrear las formaciones discursivas que se ocupan de la nueva realidad capitalista, o para ayudar o contribuir, en desarrollo de determinadas disciplinas, a su mejor desempeño, o para corregirlas o enmendarlas, sino para confrontarlas con las armas de la crítica.

A diferencia de otros momentos históricos superados, el intelectual crítico de hoy puede beneficiarse de ese cambio sustancial de la separación mente y mano a la cual hemos hecho alusión, pues ha quedado atrás esa distinción y se ha abierto paso el trabajo intelectual y el trabajo inmaterial como cualquier otro, sin la pretensión de tener ese estatus de dignidad superior que muchos reclaman. Permítanme, para expresarme mejor, utilizar un recurso habitual en el mundo académico, acudir a estas palabras de Negri:

“Por primera vez, por fin, nosotros los intelectuales podemos comenzar a hablar como los proletarios. Finalmente, ha terminado aquella separación del trabajo manual que nos hacía sentir distintos, y de alguna manera partícipes de la explotación de los obreros. Ahora sabemos que el trabajo que hacemos con nuestra cabeza no tiene nada que envidiar al de cualquier otro.

De tal modo, nuestro trabajo es en verdad productivo, y nosotros los intelectuales, como comunidad, somos aquellos que inventamos y configuramos la materialidad del mundo. Y echando mano al poco pudor que nos queda (y que nunca hace mal) podemos incluso agregar: nosotros los intelectuales somos también los explotados y la sal de la tierra”.

Analizar el capitalismo

Pues bien, situados en ese contexto, este nuevo ensayo, que de alguna manera guarda cierta continuidad con El leviatán derrotado, quiere abordar, con el amplio bagaje de reflexiones teórico-políticas que hemos visitado durante estos años, cuál ha sido el proceso de construcción histórica del capitalismo (Capítulo II), como punto de partida para apreciar la realidad del capitalismo hoy (Capítulo III), y formular lo que entendemos como su nueva gramática (Capítulo IV), a partir de unas consideraciones previas acerca de la significación de la naturaleza humana, el principio de individuación, la Multitud y el lugar del saber y el conocimiento frente al capitalismo (Capítulo I).

Estos desarrollos los concebimos como una expresión, entre muchas, de la práctica teórica y política, que no pretende intervenir en términos visionarios para crear o adocenar colectivos fieles a un nuevo credo, pues compartimos el criterio de Negri conforme al cual, expresiones como esta nuestra, no aspira a tener un valor preeminente, sino que apenas se reivindica como una parte mínima de las múltiples manifestaciones de las prácticas sociales.

Todo ello como parte de un reconocimiento de la realidad del capitalismo en la fase contemporánea, a fin de formular lo que entendemos como una perspectiva de éxodo (Capítulo V), que de manera específica se analiza, en términos de límites y posibilidades, considerando al final la perspectiva colombiana (Capítulo VI), la cual, a partir del Acuerdo de Paz de La Habana, plantea a las prácticas y movimientos sociales, y no solo a la organización guerrillera convertida ahora en partido político legal, múltiples retos y expectativas.

La Multitud resignificada

Quisiéramos también destacar que, regresando a la consideración sobre la dimensión política en las sociedades capitalistas de nuestro tiempo, el Estado-nación ya no está en capacidad de ejercer el control de la relación del capital, pues las luchas obreras internas a que él dio lugar, así como las antiimperialistas y anticoloniales, agotaron la forma histórica que había asumido como modalidad garante del desarrollo capitalista.

Igualmente, es preciso reiterar que la subsunción real del trabajo al capital iniciada por el maquinismo, ahora ha comprometido a todo el conjunto de la vida social, de tal manera que ya la explotación no puede remitir a la teoría del valor trabajo y a la relación salarial clásica, pues ha quedado atrás la prevalencia del trabajo material, sustituido por la dominación del trabajo inmaterial y no inmediato. Estamos en la “época de la producción biopolítica”.

Es preciso que reaparezca la Multitud, desligada por completo de la significación que se le atribuyó en el mundo presocial hobbesiano (igualándola a la plebe o al pueblo), para recuperar el verdadero contrapensamiento de la modernidad concebido por Spinoza. La multitud en la sociedad posmoderna le “quita al poder toda transparencia posible”, y hace que “solo pueda ser dominada en forma parasitaria y por tanto feroz”.[5]

La Multitud contemporánea no está compuesta por “ciudadanos” ni por “productores”, pues se han roto las distinciones entre lo individual y lo colectivo, lo público y lo privado. Los muchos de la Multitud ya no necesitan la unidad propia de la forma del Estado-Nacional, y están en capacidad de reencontrar su unidad en las facultades genéricas de la especie.

Estamos así ante una Multitud como concepto de clase, pero ya no de la clase obrera, sino de la clase de todas las singularidades productivas, de todos los sujetos del trabajo material e inmaterial, inmediato y no inmediato, cuya potencia puede expresar su deseo de transformar el mundo.

A diferencia de lo ocurrido cuando la burguesía como nueva clase social emergente, sobrepuso a la Multitud una soberanía edificada sobre la forma pueblo nacional, la Multitud ahora está en capacidad de resurgir para imponer una sociedad alternativa, que no disuelva las diferencias que se edifican a partir de nuestra unidad como especie.

Sin duda el ejercicio recogido en este ensayo se une a otros tantos que, obviamente, con mayor lucidez y superiores rasgos de elaboración, buscan suspender o interrumpir los habituales modos de lectura que siguen siendo sirvientes de cierta canonización de la obra de Marx, para encarar una realidad capitalista radicalmente distinta, que ya no puede ser comprendida con el arsenal de aprehensión conceptual construido para épocas distintas del mismo sistema.

Se impone con urgencia transitar de nuevo el sendero crítico, en la misma dirección que orientó el trabajo marxista, pero para dar cuenta de otra época histórica.

Todo ello a partir de la idea, ciertamente elemental, de que el reconocimiento de la fase actual del capitalismo es paso previo esencial e indispensable para salir de él, para emprender el éxodo hacia una organización de la sociedad diferente, que supere en definitiva los rasgos de inequidad e injusticia que caracterizan el orden social bajo el cual existimos.

 

Una versión completa de este texto, puede encontrarse en este enlace
 

 


[1] Sohn-Rethel, Alfred. Trabajo manual y trabajo intelectual. Editorial El Viejo Topo, Bogotá, 1980.

[2] Althusser, Louis. Curso de filosofía para científicos. Editorial Laia, Barcelona, 1975.

[3]Jappe, Anslem. ¿L´argent nous pensé-t-il? ¿Pourquoi lire Sohn-Rethel aujourd´hui? Prefacio a Sohn-Rethel, Alfred. La pensé-marchandise. Ed du croquant. Paris, 2010.

[4]Moncayo, V.M. La explotación capitalista hoy, en Marx Vive, en Teoría y Acción Política en el Capitalismo Actual. Ed. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2006.

[5]Las expresiones son tomadas de la obra de Antonio Negri citadas a lo largo del ensayo.

Perfil

Víctor Manuel Moncayo C.

Exrector y profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia