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Estela Restrepo Zea, historia de una pasión por el patrimonio científico- cultural de la UN

No tengo preciso cómo se estableció la costumbre, pero hacia 1992 comenzamos a almorzar juntos Estelita, Jaime Arocha y yo en nuestras oficinas en el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia (UN). Persistimos aún después de que ella se jubilara. Solíamos encontrarnos varias veces cada semana, según nuestro calendario de tareas. No se trataba tan solo de almorzar en compañía, sino de comentar los proyectos de cada quien, las ideas y preocupaciones que nos rondaban, de consolarnos mutuamente por los avatares y tropiezos de la vida universitaria y los personales. La Universidad consistía en la pasión que compartíamos los tres, pese a que ninguno de nosotros había egresado de allí.

Durante esos encuentros Estelita nos asombró hablándonos del papel vanguardista que cumplió el Hospital San Juan de Dios en la entrada al país y a América Latina del conocimiento moderno sobre la salud humana, su importancia para la formación médica, para la atención de los pobres y el control de las enfermedades en Colombia. Cada relato lo acompañaba de detalles humanos, como los del escándalo y descalificación que le hizo la Iglesia católica al médico Pompilio Martínez en 1914 por haber llevado a cabo en el San Juan la primera cirugía de corazón. Se creía sacrílego intervenir ese órgano por ser la sede del alma.

Escuchamos la infinidad de trabas para que la UN importara, desde finales del siglo XIX, los instrumentos para abrirse a la experimentación científica en los laboratorios de química, bacteriología e histología del Hospital, y repasábamos el impresionante listado de las tesis de grado de la carrera de Medicina entre 1887 y 1900 y entre 1936 y 1961, resultado de su proyecto de investigación sobre el archivo del Hospital.

En 2006, las publicaciones tituladas Recetas de Espíritu para enfermos del cuerpo, Plan de dieta alimentaria del Hospital San Juan de Diosen 1790 y el Régimen de atención en Hospital San Juan de Diosentre 1868 y 1876 recogieron la investigación rigurosa que realizaba en el CES y publicaba con preciosismo. Las ilustraciones en sepia, impresas sobre un papel delicado y fino, son un deleite y comprensión de las épocas que guiaban los principios hipocrático-galénicos, conforme ella nos explicaba.

En el libro El Hospital San Juan de Dios 1635-1895. Una historia de la enfermedad, pobreza y muerte en Bogotá  Estela plasmó con detalles “la gestión que el Hospital hizo de la pobreza” y “las condiciones bajo las cuales la institución se asoció a la prevención y al control de las enfermedades”. Rescataba dibujos, sellos, fotos, notas manuscritas y nos cautivaba con los hallazgos que hacía en los muchos archivos y bibliotecas donde escarbaba. Así nos enseñó que la relación entre el Hospital y la Universidad fue definitiva para que entraran al país tanto la experimentación científica como la atención moderna en salud para los más pobres de la Nación.

Los pequeños seis tomos de La Universidad Nacional en siglo XIX. Documentos para su Historia, atados con un cordón rojo a la usanza de la época, son otra hermosa demostración del interés de Estelita por documentar prácticas e ideas, la estética y la técnica que primaron durante los siglos XVIII y XIX.   

Estelita nos contagió su angustia por el cierre del San Juan en 1999 y su clausura definitiva en 2000. Esto me llevó a que en 2000 convirtiera el rescate del hospital en una de las reivindicaciones centrales de mi campaña a la rectoría de la UN. En 2006, junto con Francisco Ortega, apoyamos la publicación de los tres libros Recetas de Espíritu, para rendirle homenaje a esa institución. Era también un tributo a la dedicación de Estelita a documentar ese gran esfuerzo social que fue el San Juan de Dios.

Un tema obsesivo era la preocupación de Estelita por el descuido del patrimonio cultural de la UN. Fue así como en 1984 encontró en un sótano de la Biblioteca Central de la Universidad, humedecida y manchada, una colección de 84 grabados de tamaño natural del cuerpo humano, realizados por el anatomista Francesco Antommarchi, quien fuera médico de Napoleón. Fueron publicados en 1826 en Francia mediante la novísima técnica de la litografía y el único ejemplar en América fue donado por una descendiente del anatomista a la Universidad.

Pese a su insistencia durante décadas, tan sólo a partir de 2007 se dio la posibilidad de restaurar y publicar ese legado. Fue gracias al encargo que recibí del rector Moisés Wasserman para celebrar el bicentenario de la república de Colombia, - y al apoyo de los entonces directivos de la sede de Bogotá, profesores Fernando Montenegro y Carmen María Romero- que los Antommarchi restaurados abrieron la celebración.

Esa misma preocupación guió su proyecto final, en 2017, cuando ya conocía de su enfermedad. Los doce tomos que conforman la colección Sesquicentenario de la Universidad Nacional, cubren la mayoría de las áreas disciplinarias y sedes de la Universidad. Estela tenía en mente la historia de los saberes que había producido la Universidad, contados en las múltiples voces de los profesores protagonistas: “una narración que describa la experiencia efectiva de la Universidad muchas veces cargada de empirismo, expuesta al azar, intervenida por acontecimientos externos, cubierta de tradición”.

Entonces, fue así como no solo compartimos ideas y proyectos, sino la profunda identificación con la suerte institucional de la UN. Fue un espacio del cual participamos con intensidad, desde el  acento y especialidad de cada cual. Con publicaciones y clases, rodeados de centenares de estudiantes en formación como investigadores jóvenes, como Ona Vileikis, Mauricio Escobar y José Alfredo Latorre, pertenecientes al grupo de Historia social de la medicina de Estela.

Hoy ya no tenemos aquella mesa para compartir. Nos hace mucha falta. Pero su recuerdo nos seguirá calentando el corazón.

 

 * Palabras leídas el 17 de enero de 2019 en el acto organizado por el CES. Agradezco los aportes de Carolina Pabón y Ona Vileikis y Mauricio Escobar, asistentes de investigación de Estela Restrepo durante largo tiempo.

Perfil

Myriam Jimeno Santoyo Profesora Emérita de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)

Profesora titular del Departamento de Antropología e investigadora del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia. Se formó como antropóloga en la Universidad de los Andes y obtuvo el Doctorado en Antropología de la Universidad de Brasilia (Brasil). Fue directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (Icanh) en dos ocasiones, entre 1988 y 1993. Recibió las Medallas al Mérito Universitario y Academia Integral Meritoria de la Universidad Nacional de Colombia (1997 y 2006).