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En defensa de las elecciones

Como profesor de Sistemas Electorales en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) hace más de un cuarto de siglo, no suelo opinar sobre los procesos electorales en años de elecciones como estos. El resto del tiempo sí, y con intensidad, especialmente sobre tres temas: reformas electorales necesarias, mejoría indispensable de los partidos políticos y educación ciudadana para la democracia.

Sin embargo, como director del Observatorio de Elecciones y Partidos de la Universidad, es esencial para mí ofrecer un aporte técnico de lo que se está diciendo en medios de comunicación y redes sociales sobre los procesos electorales en Colombia, por las dudas surgidas en días posteriores al 13 de marzo durante las elecciones al Congreso y a las consultas interpartidistas.

 

Lo primero que se debe afirmar es que en la actualidad es casi imposible robarse unas elecciones presidenciales en el conteo de votos en el mundo, salvo en países casi dictatoriales, y menos en Colombia donde existe una gran organización electoral con tantos recursos, personal y división de tareas.

 

A pesar de esto, las protestas sobre la falta de transparencia en relación con el software que se utiliza en el manejo de la información, por parte de competidores en diferentes sitios del espectro ideológico, y también de expertos, hace necesario que se haga algo al respecto, y pronto.

 

Este tema forma parte del Nuevo Código Electoral, que está en revisión en la Corte Constitucional. Es importante aclarar públicamente todas las dudas, crear un comité pluripartidista con expertos y realizar un debate público en las pocas semanas que faltan para las elecciones.

 

En relación con la organización electoral es importante no perder de vista aspectos como la falta de concurso público en la Registraduría, que fue ordenado por la propia Corte Constitucional, o el frecuente cambio de reglas para la elección de registrador y el carácter político de los miembros del Consejo Nacional Electoral.

 

Tales cuestiones se deben analizar con calma en una reforma política y electoral urgente, pero es inapropiado hacerla en años electorales, ya que exige analizar asuntos complejos sobre los que tanto insistimos los politólogos en épocas no electorales.

 

Baste decir que, a pesar de esas cuestiones, la Registraduría funciona bastante bien, con errores en preconteo de menos del 5 por 1.000, aunque en las pasadas elecciones desafortunadamente se llegó al 5 %. Tal situación fue el resultado de un mal diseño del tarjetón electoral y falta de entrenamiento de los escrutadores, responsabilidades de dicha organización. 

 

Desconocer lo bien diseñada que está la Registraduría para las elecciones es injusto para tantas generaciones de funcionarios eficientes y dedicados que han pasado por ella.

 

Lo más importante es decir claramente que esos errores no suponen planes macabros de la derecha o de la izquierda, aunque por supuesto los políticos siempre tratan de pescar en río revuelto, y sobre todo recordar que existen instancias preparadas para corregirlos, tanto en el Consejo Nacional Electoral como en el Consejo de Estado, que tiene la última palabra al respecto.

 

Por supuesto hay que buscar la manera de que suceda menos y no profundice la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones de Estado, y en especial que se corrija a tiempo para que se le dé la curul a quien corresponda oportunamente.

 

Todos los actores públicos, desde el Congreso que legisla, hasta el juez que participa en los escrutinios, pasando por Presidencia de la República, Registraduría, Procuraduría y Consejo de Estado, deben hacer un mayor esfuerzo de coordinación para combatir el fraude, en especial cuando se trate de la compra de votos, el constreñimiento al elector, la trashumancia electoral, las trampas de algunos escrutadores, y las trampas en las campañas electorales.

 

Hay que reconocer que de existir una conspiración entre tantas instituciones y tan grande número de jurados y escrutadores, les quedaría más fácil hacer la revolución directamente, o un giro a un sistema autoritario reaccionario, que manipular las elecciones como se está afirmando. 

 

Por eso hay que ir a votar con confianza en las próximas elecciones; con los ojos abiertos, con voluntad de control ciudadano y denuncia, pero con el compromiso de aceptar el resultado por eso mismo, cualquiera que este finalmente sea. De eso se trata la democracia. ¡Y ya es hora de que todos los candidatos lo digan con toda claridad!

Perfil

David Roll Vélez.

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y director de los grupos de investigación UN-Partidos y UN-Migraciones. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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