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El rostro humano de la migración colombiana

Después de tantos años de enviar emigrantes a otros países, Colombia también se volvió un país de inmigración, por la diáspora venezolana de los últimos años. Quizá por ello muchos apenas han caído en la cuenta ahora de que más o menos el 10 % de nuestros compatriotas también vive fuera del territorio nacional, pues poco sabemos de ellos.

Y esa ignorancia es cierta, pues a pesar de que algunas instituciones se dedican al tema, y existen algunos expertos y unas cuantas obras especializadas, no es una cuestión que haya interesado especialmente a autoridades, universidades o entidades internacionales, en comparación con otros asuntos. Ese vacío hizo que el Grupo de Investigación de Migraciones de la Universidad Nacional de Colombia (UN-Migraciones) celebrara un acuerdo con la Universidad de Salamanca para investigar la migración de latinoamericanos a España –en especial colombianos–, del cual surgieron conferencias, artículos y tres libros: Iberoamérica soy yo; La diáspora latinoamericana; y Claves para la comprensión de la inmigración latinoamericana en España.

Este fue el punto de partida para que en una segunda etapa nos ocupáramos exclusivamente en encontrar colombianos para entender mejor la migración propia en 24 países, sobre todo en España y Estados Unidos, con el objetivo de hacer un aporte académico y periodístico sobre esa otra Colombia.

El proyecto se llama justamente “El rostro humano de la migración colombiana”, porque está más concentrado en sus historias que en sus números.

Con ese propósito, durante más de diez años he logrado entrevistar y registrar las voces o imágenes de varios centenares de colombianos en todo el mundo; esto sin financiación pública o privada, más bien aprovechando los viajes personales de vacaciones o la asistencia a eventos académicos.

Existen registros de todos los continentes, menos Oceanía por temas presupuestales, pero en 2021 también iremos a Australia y Nueva Zelanda a hablar cara a cara con los emigrantes.

Aunque todavía faltan varios años de recolección y una sistematización de las entrevistas que abarque toda la experiencia, ya hicimos un documental y varios artículos y ponencias sobre lo obtenido en esta segunda etapa, y tenemos varios libros proyectados. La presentación de resultados más reciente se hizo en julio pasado, en el Congreso de Americanistas ICA (el más antiguo y célebre del mundo), en Salamanca, donde expuse algunas coincidencias y diferencias entre colombianos emigrantes a Estados Unidos y a España, e incluí de extractos audiovisuales obtenidos de las propias entrevistas. Aquí se hizo claro, por ejemplo, cómo el choque cultural es más intenso en el país del Norte (salvo en Miami), y no solo por cuestiones lingüísticas.

Por supuesto las conclusiones vendrán en la fase final, pero puedo anticipar algunas hipótesis que estamos tratando de verificar a partir de las entrevistas de las experiencias iniciales. La primera de ellas es que parece haber un abismo entre lo que piensan los colombianos de los emigrantes y cómo son ellos realmente, cómo viven y se ven a sí mismos. Esto se da incluso entre sus propios familiares, aunque menos, porque también hemos entrevistado a los parientes en Colombia.

La segunda hipótesis, obtenida gracias a la extensión de la investigación, es que la migración colombiana se transforma de una manera vertiginosa, y por ello también es difícil “hacerle la foto”. Por ejemplo los emigrantes de la gran diáspora a España entre 1997 y 2007 –a la que le dedicamos varios libros y conferencias–, no tienen casi nada en común con la gran emigración de colombianos de los últimos años a ese país, inmersos ya estos nuevos viajeros posmodernos en el mundo digital y el transporte de bajo costo, y en general con una visión más globalizada de su propia realidad y de la de su país.

Justamente la tercera hipótesis es que a esa emigración colombiana –de la que con injusticia y absoluta desproporción solo se resaltaban los extremos del delito o del éxito arrollador– le debemos mucho más que las remesas. Por ejemplo en Asia, a pesar de que la migración colombiana es minúscula, vimos que los negociantes y estudiantes en China, Rusia, India o Japón suponen de todos modos una “avanzadilla” de expedición a la nueva zona de influencia mundial, la que de alguna manera ha transformado en varios sentidos a nuestro país, con o sin retorno.

Pero sobre todo la multitud de colombianos salidos de acá en varias generaciones fue la que tuvo esa influencia sobre su país de origen. Se supone que son unos 5 millones, porque esa es la cifra más o menos oficial, pero he entrevistado a 18 cónsules y embajadores en esos países y el consenso es que no se sabe realmente cuántos somos afuera en casi ninguna parte. Desde nuestro punto de vista, este conjunto de idos, retornados y muchas veces vueltos a ir, son los auténticos globalizadores anónimos de nuestro país. Y es que creemos que a ellos se debe en gran medida el gran salto que dio Colombia en los últimos veinte años, ayudando a romper la burbuja gótico-macondiana del aislamiento sicológico en el que estábamos en pleno auge de la globalización.

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director de los grupos de investigación UN-Partidos y UN-Migraciones. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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@DavidRollVel