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El mundo estrena la democracia

Con motivo de las discusiones sobre la corrupción se ha dicho que la democracia es un viejo modelo que está en crisis, pero es todo lo contrario: se trata de una nueva experiencia que apenas sí se está diseñando y por eso hay que tenerle paciencia, pero sin bajar la guardia.

 

Piense usted que el universo comenzó hace como 13.000 millones de años, que la Tierra tiene entre 5.000 y 6.000 millones, y que la vida se inició casi 4.000 millones de años atrás. De hecho los homínidos ya llevamos en el planeta como 6 millones de años y los seres humanos 200.000 años. Pero estas cifras no sorprenden tanto como el hecho de que ya desde hace 12.000 años nos volvimos sedentarios y que 5.000 años atrás fue cuando inventamos la vida política, el dinero y la escritura.

Para llegar a la idea democrática se necesitaron estos 5 milenios completitos. Primero inventamos la civilización con los sumerios, luego vinieron los imperios sirio, babilonio, egipcio, persa, macedonio, cartaginés y romano, y en eso nos gastamos hasta el 476 después de Cristo, cuando vino la Edad Media, que duró 1.000 años, hasta el 1453. Pero incluso en el Renacimiento apenas sí existieron algunas pequeñas ciudades repúblicas con aire democrático aunque sin serlo realmente. Debió ser necesario que se crearan los Estados absolutistas primero, y que algunos de estos se reventaran, en 1649, 1776 y 1789, en Inglaterra, Estados Unidos y Francia, para que se empezara a hablar de democracias modernas.

Pero incluso al final del siglo XIX había pocas democracias en el mundo, y aunque comenzaron a difundirse al principio del siglo XX casi las eliminan por completo en la Segunda Guerra Mundial por cuenta del fascismo. Pero incluso después de 1945 hasta la propia Europa no era íntegramente democrática, aunque ya Italia y Alemania, a la brava, aceptaron tal modelo. De hecho cuando yo nací, hace más de medio siglo, la democracia todavía era más una excepción que una regla universal. No eran democracias los países del sur de Europa (España, Grecia y Portugal) –que solo dejaron de ser dictaduras alrededor de 1975– ni la mitad de Europa, que era constituida por países comunistas, claramente antidemocráticos aunque algunos se adornaran con el nombre de democracias.

Para más datos, en América Latina solo había por esos tiempos tres o cuatro democracias estables, y la única de mostrar era Costa Rica. Recuerdo que durante mis estudios universitarios y de posgrado, en los años ochenta, apenas comenzaron a caer como un dominó las terribles dictaduras latinoamericanas de derecha, tanto de Suramérica como de Centroamérica, y aunque no quedó ni una de ellas en pie en los siguientes 12 años, no deja de ser un hecho reciente el ingreso pleno de nuestro continente latinoamericano a este modelo político.

Pero aún en 1988, o sea hace apenas 30 años, mucha gente seguía soñando con un mundo comunista universal sin democracias, y luchando por lograrlo, sobre todo en Colombia. Esto se debía a que la Unión Soviética era poderosísima y a su lado o bajo su control tenía, contando sus repúblicas internas, más de una veintena de países en los que la negación de la democracia era el principio fundacional. Sin contar con los países comunistas o semicomunistas asiáticos, africanos y latinoamericanos que también defendían en modelo, los que hoy se cuentan con una mano pero que en esa época eran un buen número.

Así pues, apenas en los años noventa comenzaron a volverse democracias casi todos estos países antes comunistas de Europa y fue necesaria toda esa década para consolidarlas. Por ello solo desde el 2000 podemos hablar realmente de democracia mundial, pues ya hay un continente europeo casi 100 % democrático, una América democrática desde la Patagonia hasta Alaska (con dos o tres lunares), una Oceanía muy democrática en términos de poblaciones mayoritarias y hasta importantes ejemplos de democracia en Asia y África (India y Suráfrica, y no son los únicos en esos continentes).

Según estas cuentas la democracia como modelo mundializado solo este año está cumpliendo los 18 años, o sea alcanzando la mayoría de edad. Apenas si está dando sus primeros pasos de adulta y ya queremos –como si fuéramos padres de los países en los que se emancipan a esta edad a los jóvenes– que de un día para otro ande ya derechita hacia el éxito y sin problemas en todos sus aspectos.

La democracia mundial tardó 5.000 años en cocción, pero solo la estamos estrenando este tercer mileno como modelo generalizado en la mayoría de los países importantes del mundo y deseado en casi todos los demás. Nos inquietan todas los problemas que le aquejan, al igual que los padres vemos con preocupación las dificultades que van a tener los jóvenes para lograr terminar sus estudios, obtener autonomía económica, formar familias y contribuir a mejorar la sociedad.

Algunos son muy escépticos y creen que la democracia no va a encontrar la fórmula para solucionar el problema de la desigualdad que genera el modelo económico capitalista con el que está casada, al parecer de por vida. Otros desconfían de la naturaleza humana, y ven a la corrupción como una mina de profundidad imparable que acabará con ella. La mayoría se desanima con el hecho de que, como es cierto, los partidos ya no representan a casi nadie y en general hay más insatisfacción ante los fracasos que alegría frente a los logros de la ciudadanía en general en las democracias. Y la lista sigue.

Pero la impaciencia puede tener que ver con el hecho de aspirar a ver en nuestras cortas vidas cambios que solo se dan paulatinamente. Esto se debe a que nunca en la historia de la humanidad ha cambiado tanto el mundo en todos los aspectos –especialmente en lo político– como ha sucedido en los últimos 50 años. Es más: en un cuarto de siglo vimos caerse casi todas las dictaduras, acabarse la Guerra Fría, urbanizarse la mayor parte de la población mundial y muchas cosas más que en el resto del nuestra historia antes solo sucedían en el transcurso de varias generaciones. Queremos ver la película completa ya, o que nos devuelvan la plata, pero eso no es posible. Esto porque la historia futura no es una serie de Netflix que podamos adelantar toda en una noche sin sueño, si queremos, y la democracia apenas está realmente dando sus primeros pasos de adulta, aunque nos parezca que la Revolución Francesa fue hace mucho. A la mayoría de quienes están leyendo esto muy seguramente no les toque ver ni el final de la primera temporada de la serie de la democracia, pero el hecho de que ya no estemos aquí para presenciar cómo la democracia se reinventa y sobrevive a sus propias contradicciones, no nos da derecho a presumir que esto no va a suceder.

 

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Grupo de Investigación UN-Partidos. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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