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El efecto del posible impeachment en las elecciones de Estados Unidos

A casi un año de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, que serán el 3 de noviembre de 2020, el proceso para escoger al candidato por parte del Partido Demócrata para enfrentar a Donald Trump ya está en pleno desarrollo. Sin embargo, la decisión de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, de iniciar investigaciones formales de impeachment (destitución) contra Trump, introduce un nuevo elemento que afectará tanto el proceso de escogencia del candidato demócrata como las elecciones generales.

¿Cuál es el estado actual de la competencia por la candidatura demócrata? ¿Qué efectos tendrá el proceso de impeachment sobre esta? ¿Y cuáles son las implicaciones para la política global?

 

El proceso de selección del candidato o candidata es bastante complejo, empezando por el altísimo número de aspirantes, que llegó a 26 –récord de todos los tiempos–, de los cuales 7 se retiraron, dejando a 19 que aún persiguen la candidatura.

 

El número se ha venido reduciendo en gran parte por el mecanismo establecido por la Dirección Nacional del Partido Demócrata para determinar la participación en los debates televisados, basándose en dos criterios: encuestas y número de donantes.

 

Para los dos primeros debates, realizados en junio y julio respectivamente, se requería haber registrado al menos 1 % en al menos 4 encuestas de alguna de las 16 encuestadoras aprobadas, o al menos 65.000 donantes en al menos 20 estados, requisitos logrados por 20 candidatos que participaron en cada uno de los dos primeros debates. Para el tercer debate, realizado en septiembre, y el cuarto realizado en octubre, los requisitos se elevaron: al menos 2 % en 4 encuestas y al menos 130.000 donantes. Solo 10 lograron calificar para el tercer debate y 12 en el cuarto.

 

El elenco de precandidatos también se caracteriza por su gran diversidad: 5 mujeres, 3 afroamericanos, 1 latino, 1 asiático, 1 gay y 4 menores de 40 años, señal de la búsqueda de nuevos liderazgos en el Partido. Hasta hace poco las encuestas favorecían a dos hombres blancos bastante mayores: Joe Biden, de 76 años, ex vicepresidente de Barack Obama, primero en la mayoría de los sondeos, y Bernie Sanders, de 77 años, senador por Vermont, que en 2016 le disputó la candidatura a Hillary Clinton despertando gran entusiasmo entre los jóvenes y creando un fuerte movimiento progresista dentro del Partido.

 

No obstante, en las últimas semanas ha crecido el apoyo de la senadora Elizabeth Warren, de Massachusetts, gracias a la seriedad de sus propuestas y su excelente desempeño en los debates, superando a Biden en la última encuesta en Iowa, en desmedro de Sanders, a quien ella apoyó hace cuatro años.

 

Detrás de Biden, Warren y Sanders viene un segundo lote que se distancia de los demás pero que aún no logra acercarse a los punteros; está compuesto por Kamala Harris, senadora de California, afroamericana y exfiscal; Pete Buttigieg, alcalde de South Bend, Indiana, de 37 años, veterano de guerra, cristiano y abiertamente gay; Beto O’Rourke, excongresista de Texas, campeón del control de armas; y Cory Booker, senador de Nueva Jersey, afroamericano, soltero y vegano.

 

En medio de la diversidad han predominado ciertos temas, particularmente la salud. Por un lado, Sanders y Warren proponen un nuevo sistema público y universal, mientras Biden defiende la expansión del actual sistema de Obamacare, que combina lo público y lo privado. Los demás oscilan entre los anteriores. Aunque la discusión ha sido muy enriquecedora, sí ha evidenciado la brecha creciente entre el ala más progresista que se disputan Sanders y Warren, y el sector más centrista, por ahora liderado por Biden.

 

Detrás de estas dos corrientes también se encuentra un profundo debate de tipo estratégico: cómo derrotar mejor a Trump. Por un lado, hay quienes temen que si el Partido escoge a alguien demasiado a la izquierda, se ahuyenten votantes del centro, ayudando a reelegir a Trump. Por ello, el principal motivo expresado a favor de Biden es su elegibilidad. Sin embargo, por otra parte, hay quienes arguyen que lo más efectivo para derrotar a Trump es despertando el entusiasmo y el fervor que solo pueden suscitar propuestas de cambios estructurales, como las que proponen Sanders y Warren.

 

Sin duda, el proceso de impeachment que apenas se inicia tendrá profundos efectos, aún inciertos. La propia Pelosi se había rehusado a iniciarlo, conocedora de los grandes riesgos políticos que se corren. Pero el flagrante abuso de poder que según ella constituyó la llamada de Trump al presidente ucraniano, pidiéndole el favor de investigar al hijo de Biden, la obligó a dar el paso.

 

Aunque en la Cámara de Representantes los demócratas tienen la mayoría necesaria para formular cargos de impeachment, es altamente improbable que el Senado, que tiene la potestad de destituir, lo haga, ya que se requiere una mayoría de dos tercios, es decir 67 de los 100 senadores. Siendo que los demócratas son 47, al menos 20 de los 53 republicanos tendrían que votar contra Trump, lo cual es altamente improbable en épocas electorales en las que las bases del Partido están con Trump. Sin duda, Trump aprovecharía dicha eventualidad para proclamarse exonerado e impulsar su reelección.

 

Es evidente que durante los próximos meses la atención del país estará centrada en las deliberaciones del impeachment y no en la contienda demócrata, perjudicando más a los precandidatos con mayores necesidades de hacerse conocer. Al principio, el episodio ha favorecido a Biden, ya que evidencia que Trump sí le tiene miedo, a la vez que ha suscitado la solidaridad de sus contendores. No se sabe cómo lo afectará más adelante.

 

Lo cierto es que la verdadera selección realmente empieza en febrero del año entrante, cuando electores de carne y hueso empiezan a votar, estado por estado (empezando por Iowa, New Hampshire, Carolina del Sur y Nevada, razón por la cual estos adquieren gran importancia), para elegir los delegados a la Convención Nacional Demócrata que proclamará al candidato en julio.

 

Las elecciones en EE. UU. son importantes para el mundo entero. Como principal potencia económica y militar, tienen un fuerte impacto en la política internacional. Pero la política interna en EE. UU. también es un reflejo –y en muchos casos modelo– de tendencias de la política global. Las redes sociales han transformado las campañas electorales en materia de comunicación, estrategia y financiación.

 

Así como Trump se ha constituido en un referente del populismo de derecha  el mundo –como lo demuestran figuras como Boris Johnson y Jair Bolsonaro–, el fenómeno de Sanders y Warren también es una expresión de la radicalización de las izquierdas que se asemeja a casos como el de Jeremy Corbyn en el Reino Unido, o Podemos en España.

 

Por ello es necesario observar el proceso electoral estadounidense, que determinará no solo el próximo presidente, sino muchas cosas más.

Perfil

Daniel García-Peña

Profesor Departamento de Ciencia Política
Universidad Nacional de Colombia

Email
dgarcia-penaj@unal.edu.co