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Del mismo material del que están hechos los sueños

Siempre que pienso de qué está hecho el cine, recuerdo la última frase de la película El halcón maltés, dirigida por Jhon Huston en 1941: “¿de qué está hecho el halcón maltés? del mismo material del que están hechos los sueños”.

Cuando miro atrás mis películas La historia del baúl rosado (2005) y Ella (2015), puedo recordar con claridad que algún día fueron solo sueños que perseguí con terquedad, constancia y ahínco, hasta que se convirtieron en cine, en películas que ya no forman parte de mí, que hicieron pensar a alguien o que tocaron el corazón de alguien.

Tengo una imagen que me acompañará por siempre: el día que vi ambientada la primera locación donde rodaríamos La historia del baúl rosado, el cuarto de Corzo, que había escrito con retazos de recuerdos del cuarto de mi abuela. Cuando lo vi convertido en una realidad después de haber abrigado el sueño durante ocho años sentí como si hubiera soplado la lámpara de Aladino y mis sueños se hubieran convertido en realidad. Aunque nunca más volví a experimentar aquello, esa sensación me acompañará siempre.

Hoy persigo un sueño diferente, mi tercera película llamada Un tal Alonso Quijano. La imaginé por primera vez cuando era estudiante de Cine y Televisión aquí mismo en la Universidad Nacional, por los años noventa. Me había inscrito en una electiva en literatura que se llamaba “Cervantes y el Quijote”, dictada por un profesor de apellido Aguirre.

En la clase básicamente lo que hacíamos era leer apartes del Quijote en las que estaba presente la representación teatral. El profesor Aguirre leía los parlamentos de don Quijote y nosotros leíamos el resto. Lo particular era que el profesor hacía la voz del personaje, es decir que modulaba y afectaba su voz, y nosotros apenas nos mirábamos pensando que el profesor le añadía una dosis de locura a la clase.  Entonces cuando llegaba el momento de la clase en que el profesor reflexionaba sobre la obra, yo fantaseaba con que un día él llegara vestido de don Quijote y transformado en el personaje.

Luego seguí fantaseando con esta idea y me imaginé a don Quijote y Sancho Panza en un par de motos Vespa convertidas en Rocinante y El Jumento, bajando hacia la Universidad Nacional, frente al Cementerio Central por la calle 26.

En otro momento vi en internet una Dulcinea punk. Se me ocurrió que los colores vibrantes y la música punk podrían hacer un encantador juego con los matices ocres y las bombardas del Barroco.

Con esas ideas en mente me lancé a escribir el guión. En una mezcla de drama, comedia, thriller y musical punk, asistimos a la historia del profesor de literatura Alonso Quijano, experto en Don Quijote. Un día el delgado hilo entre la cordura y la locura se rompe.  A partir de allí, su cómplice, el empleado de veterinaria Santos Carrasco, realiza un viaje por el pasado del maestro para descubrir que su falsa locura es solo una forma de huir del dolor y refugiarse definitivamente en la fantasía.

Puse el guión en la Convocatoria del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, y gané el estímulo. Después de eso, y con mis dificultades para conseguir productor, el guión quedó ahí.  Hice algunos intentos de conseguir la financiación a través del Fondo, pero fracasaron. El sueño quedó dormido esperando el beso que lo despertara, y finalmente se produjo el milagro y el sueño terminó.

A finales del año pasado, los profesores de la Escuela de Cine y Televisión de la UN, en donde hoy en día trabajo, preocupados por la enorme brecha que existe entre la formación de los chicos y el universo real de la producción, pensando que la adquisición de equipos y laboratorios de la Escuela nos tienen actualizados y con pulso para asumir proyectos de gran envergadura, decidimos lanzarnos a esta quijotesca aventura.

Entonces, teniendo este guión que transcurre en un 60 % en la Universidad, que es una historia de profesores y estudiantes, y que al tiempo permite ver con el ojo de la cámara nuestro campus en todo su esplendor, decidí revivir el sueño.

El proyecto es interesante desde el punto de vista pedagógico porque permite trasladar el aula de enseñanza al set de rodaje, lo cual es muy beneficioso para los estudiantes, para la Escuela, para la Facultad de Artes, y en general para la Universidad. Es un proyecto sin precedentes en la Institución y en el país.

Somos un grupo de 54 personas, 53 estudiantes y yo, es decir que los cargos de gran responsabilidad de la película como dirección de fotografía, dirección de arte, producción, diseño sonoro, sonido directo, asistencia de dirección, posproducción, finalización, mercadeo y exhibición, son ocupados por estudiantes activos o recién egresados, cada uno de los cuales tiene a su cargo un grupo de estudiantes activos que forman parte de los diferentes departamentos.  Además, un grupo grande de los actores pertenece al acuerdo que tienen la Universidad Distrital-Academia Superior de Artes de Bogotá (Asab) y la Escuela de Cine y Televisión de la UN.

Aunque debo confesar que en un principio me aterraba la falta de experiencia de los chicos, hoy en día puedo decir a voz en cuello que son más profesionales que los profesionales, que me siento orgullosa como maestra de la labor de formación que realizamos en la Escuela. Los chicos no solo hicieron suya la película y la defienden con ahínco, sino que sus posturas frente a la producción y la estética los ponen en un nivel muy alto. Creo que en un año de proyecto han crecido más que en los cinco que duran en la Escuela.

Ha sido un largo camino, como el de don Quijote luchando todos los días contra molinos de viento, pero viendo con una satisfacción enorme cómo, poco a poco, el sueño se va transformando en realidad.

Una de las mayores dificultades que se nos presenta es la financiación, pero la Universidad nos ha abierto las puertas y hemos encontrado valiosos aliados tanto en la Escuela y la Facultad de Artes como en muchas otras de sus instancias: desde vicerrectores, pasando por decanos, personal administrativo y hasta docentes que con su entusiasmo y colaboración han hecho posible lo imposible.

Un aliado externo que se emocionó con la oportunidad que se les está dando a los chicos fue el director de cine Dago García. Acudimos a él y nos abrió no solo las puertas de las bodegas de Caracol Televisión, sino que nos brindó un pequeño apoyo económico, que fue fundamental para nosotros.

Sin embargo no todo ha sido felicidad. Hemos sufrido reveses, muy fuertes la mayoría de ellos, pero el más duro nos sacudió hace pocas semanas. Desde el diseño del proyecto decidimos que no era posible rodar las seis semanas en continuo y fraccionamos el rodaje en etapas.

Esa falta de continuidad nos cobró factura. Hace unas pocas semanas falleció el actor Manuel José Sierra, don Quijote de la Mancha en nuestra película, debido a un lamentable accidente.  Además del dolor de perder a un compañero de viaje y mi amigo de muchos años, nos faltaban ocho escenas con él; por fortuna ya estaban rodadas las fundamentales, las que cuentan la historia.

Fuerte y doloroso, pero nos ha obligado a buscar soluciones, a sacar lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, a entender que este sueño que en un principio era solo mío, ahora es el de toda la Escuela y por eso lo vamos a sacar adelante con la fuerza y energía con que don Quijote y el mismo Manuel José Sierra lucharon por sus propias quimeras.

La película ya tiene fecha de estreno en septiembre 2018 y tiene un precontrato de distribución para teatros y otras ventanas en Colombia, Latinoamérica y Estados Unidos. Es decir, como parte de la celebración de los 150 años de la Universidad y los 30 años de la Escuela de Cine y Televisión, pondremos nuestra Universidad Nacional en las pantallas del mundo entero.

Aún no hemos completado la financiación, pero sabemos que de alguna parte aparecerán otros soñadores que se entusiasmen con el proyecto.

¿De qué está hecho el cine? Del mismo material del que están hechos los sueños.

Perfil

Libia Stella Gómez Díaz

Cineasta y profesora de la Escuela de Cine y Televisión de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en Teoría e Historia del Arte y la Arquitectura. Ha sido guionista y directora de las películas El baúl rosado (2005) y Ella (2015), y directora de largometrajes documentales, varios de los cuales han sido sobre participación ciudadana, el desplazamiento forzoso y la violencia en Colombia. Ha escrito más de 10 guiones para largometraje de ficción y es la autora del libro de crítica y análisis cinematográfico La Mosca atrapada en una telaraña: Buñuel y “Los Olvidados” en el Contexto Latinoamericano.

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