Escudo de la República de Colombia Escudo de la República de Colombia
UN Periódico Digital

Resultados de Búsqueda:

UN Periódico Digital
De la encrucijada a la posibilidad en la reforma política

En su campaña presidencial, Iván Duque señalaba que su reforma política versaría sobre la disminución del número de miembros del Congreso, la adopción de requisitos concretos a los candidatos a dicha corporación y la limitación del periodo de permanencia de los congresistas. Pero al final el Gobierno propuso otro menú: 1) voto preferente y democracia interna de los partidos, 2) autonomía del Consejo Nacional Electoral, 3) fusión como requisito a las coaliciones, 4) conformación paritaria de género de las listas y 5) limitación de tres periodos en corporaciones públicas con cargos de elección popular.

Hay que decir que, en comparación con las reformas predecesoras del gobierno Santos, esta es una reforma pequeña que plantea menos de diez cambios constitucionales, y no más de veinte como aquellas. Quizá por esto en principio la reforma fue recibida de manera favorable por expertos y organizaciones sociales. Se dijo que estaba bien encaminada y que tocaba los temas más importantes que habían quedado pendientes desde la Constitución de 1991, especialmente la democratización efectiva de los partidos.

Pero esto no significó que la reforma hubiera carecido de críticas por parte de los partidos políticos y de actores clave de la sociedad civil. En especial sobre su principal apuesta, la lista cerrada, se dijo que se había quedado corta. Esto porque se señaló que si bien es cierto que la eliminación del voto preferente y la implementación de los mecanismos de participación interna disminuyen las prácticas clientelistas y hacen más eficiente el sistema de partidos, la medida solo contempla las elecciones primarias como fórmula para definir listas y nombres dentro del partido, sin considerar otros mecanismos.

Pero la crítica realmente fuerte que se hizo a esta reforma fue en lo referente a las autoridades electorales y su tema más importante: la elección de magistrados. Se dice que siendo el Consejo Nacional Electoral una mera representación de las fuerzas políticas del Congreso, no puede ser un órgano con independencia política que pueda actuar con autonomía, y que por lo tanto la independencia administrativa resulta intrascendente. Por último también se criticó la norma de coaliciones y fusiones porque se dice que traiciona la idea original de aglutinar mayoría, favoreciendo más bien la fragmentación partidaria.

También se dijo que esta reforma política fue más una respuesta a la consulta anticorrupción que una reforma orientada hacia los temas estructurales del sistema político, porque dentro del paquete de medidas legislativas se presentaron varios proyectos que tenían el mismo contenido que los puntos de la consulta.

Pero el primer problema que realmente tuvo esta reforma fue que las “mayorías aplastantes” en el Congreso con las que el presidente supuestamente llegaba resultaron no ser tales. Si bien es cierto que tenía una coalición amplia, se hizo claro que no pudo satisfacer las demandas de varios sectores dentro de ella, que además en muchas ocasiones tenían intereses contrapuestos. Por ello no tuvo la capacidad de hacer aprobar una reforma política audaz y no se ve claro que por este camino los mínimos que se desean vayan a poder aprobarse siquiera.

Algunos han dicho además que el Gobierno, aunque afirma que este es un tema prioritario, no pareciera considerarlo uno de sus temas principales, como sí sucedió con las reformas pensional y la tributaria. Prueba de ello parece ser el hecho de que la reforma política no cuenta con un equipo técnico de expertos que haga diseños institucionales innovadores a este respecto. No se sabe si esto es por falta de interés o porque el grueso de las reformas que se presentaron en esta ocasión ya estaban propuestas en la anterior reforma, pero sí parece evidente que no hay una inyección de conocimientos al asunto por parte del Gobierno.

El otro problema es que la reforma se está ahogando en los debates del legislativo, porque los congresistas le agregaron muchas modificaciones, incluso contradiciendo las propuestas iniciales. Algunas veces son auténticos “micos”, o normas malas ocultas en palabras buenas para beneficiar a algún grupo, pero en general son simples originalidades que no obedecen a un auténtico consenso sino a tiros al aire sin conexión con el objetivo original de la reforma.

En síntesis: Duque sí quiere modernizar, pero no cuenta realmente con las mayorías para ello, y eso se también aplica a la reforma política. Para solucionar esta encrucijada tan frecuente en lo referente a las reformas políticas, en nuestro último libro ¡Reforma Política Ya! que se presentará en la Feria Internacional del Libro de Bogotáproponemos algunas recomendaciones que encontramos válidas también para este gobierno: 1) reconocer la participación activa de la sociedad civil con un amplio debate previo a la discusión parlamentaria, 2) incluir la reforma en un “Gran Pacto sobre lo fundamental” que sea consensuado por todos los partidos, 3) presentar además la reforma como un proyecto de la sociedad colombiana en su conjunto y no de una coalición de gobierno, y 4) respaldar la reforma de todos modos con dicha coalición de gobierno sin dubitaciones.

Estas recomendaciones se basan en el hecho de que el presidente va a tener un margen de maniobra muy reducido, en el sentido en que pocas de las reformas que presentó en el “paquete de medidas legislativas” pasarán si no retribuye los favores políticos que garantizaron su elección. Así pues, para hacer una reforma política grande debe generar ese debate nacional. Esto puede ser antes, durante o después de esta reforma, pero simultáneamente deben hacerse los acuerdos políticos en este punto en concreto sin contraprestaciones. El eslogan sería: “la reforma política que el país necesita debe ser un producto colectivamente construido, y no se negocia una vez logrado el consenso”.

En esta medida, al gobierno de Iván Duque se le abre una gran ventana de oportunidad para lograr avanzar en la modernización política del país a pesar de la encrucijada en la que se encuentra. Nadie parece ser optimista al respecto, es verdad, pero asimismo casi ningún editorial o columna dijeron que se llegaría a un mediano acuerdo sobre la educación superior, y se logró. Así, mientras el Gobierno promueva una reforma política con estas recomendaciones, es decir buscando consensos previos y bien atados, puede llegar a lograr el objetivo de modernizar las instituciones políticas, como lo hizo en su momento la reforma de 2003, que fue un esfuerzo colectivo.

 

*Esta columna se elaboró conjuntamente con Andrés Felipe Cortés, coordinador del semillero UN-Partidos, de la Universidad Nacional de Colombia.

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director de los grupos de investigación UN- Partidos y UN-Migraciones. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

Email
darollv@unal.edu.co
Twitter
@DavidRollVel