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¿De dónde vino la democracia?

Más que una idea griega, la democracia es el producto final de 5 mil años de civilización humana.

Y aunque no es ningún fin de la historia en el sentido que lo señala el politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama, lo cierto es que después de vencer el absolutismo, el fascismo y el comunismo, lo más probable es que nada nuevo se va a intentar para reemplazarla, por lo menos no durante la vida de todos los que están leyendo este artículo.

Todo comenzó realmente hace 12 mil años, cuando se impuso la agricultura y los homo sapiens, que ya tenían 200 mil años sobre la Tierra, se multiplicaron como moscas al dejar de ser nómadas; 7 mil años después los sumerios (civilización histórica de Oriente Medio ubicada en lo que hoy es Irak) inventaron lo que en la actualidad llamamos cultura, y con esto hicieron posible que, más adelante, los acadios (que vivían al norte de los sumarios) fundaran el primer imperio de la historia.

Después, tanto asirios como babilonios (herederos de la cultura sumeria) y egipcios desarrollaron esta forma compleja de organización política. Sin embargo los persas, localizados donde hoy en día es Irán, fueron los primeros en señalar que el imperio está para el servicio de los súbditos y no para el de la élite gobernante. Derrotados en 331 a. C. por Alejandro Magno, rey de Macedonia, los persas desaparecieron como poder pero dejaron para la posteridad esta idea, así como la del bien y del mal, de su religión zoroastrista, del profeta y reformador iraní Zoroastro.

Los persas, localizados donde hoy en día es Irán, fueron los primeros en señalar que el imperio está para el servicio de los súbditos y no para el de la élite gobernante.

Por su parte los romanos dominaron después el Mediterráneo tras derrotar a los cartagineses, ubicados en el norte de África. Cabalgando sobre las ideas griegas y su propio sentido pragmático (del 700 a. C. al 476 d. C.), al principio los romanos fueron gobernando su rinconcito, pero después lo hicieron en casi todo el mundo conocido. Primero con reyes, luego con una República de senadores, y finalmente con un imperio.

Su legado es inconmensurable, pues inventaron desde el Derecho como lo conocemos hoy, hasta el concepto de ocio placentero que se ha apoderado del planeta en las últimas décadas, entre muchas otras cosas. Pero su principal aporte fue sobre todo la idea de gobernar con base en políticas públicas planificadas, sin las cuales hoy no funcionarían las democracias.

Durante los mil años siguientes al fin de Roma, pero sobre todo a partir del fin de la Edad Media (1453), varias naciones hicieron aportes significativos al arte de gobernar. Durante siglos, los musulmanes fueron ejemplares en esto y los rusos hicieron lo suyo, así como España y hasta China, entre otros muchos ejemplos.

Con la instauración de un sistema político sin reyes ni nobleza de sangre en Estados Unidos, tras su independencia en 1776, la democracia comenzó a operar como una fórmula de gobierno a imitar.

Sin embargo, fue principalmente en el seno de las culturas inglesa (1649) y francesa (1789) donde surgieron los modelos democráticos tan difundidos hoy, con previa decapitación de los reyes de turno en ambos casos.

Con la instauración de un sistema político sin reyes ni nobleza de sangre en Estados Unidos, tras su independencia en 1776, la democracia comenzó a operar como una fórmula de gobierno a imitar, hasta tal punto que, buena o no, toda América y Europa la adoptaron como sistema y es deseada en Asia, África y Oceanía, continentes donde ya existen democracias funcionales que demuestran la adaptabilidad del modelo a diversas culturas.

El siglo XXI está aportando nuevos instrumentos como la eventual cybercracia. Seguramente en unas décadas habrá que reinventarla para que funcione sin Estados naciones o con grandes conglomerados de estos al estilo de la Unión Europea. Por lo pronto seguirá chueca, maltratada y criticada hasta por sus propios defensores durante un buen número de décadas o quizás más, pero a la vez permanecerá vivita y coleando, como el regalo que la historia nos tejió lentamente en estos últimos cinco milenios.

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Grupo de Investigación UN-Partidos. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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