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¿Cuánto patrimonio necesita una persona para vivir bien?

¿Cuántos bienes necesitamos en la vida: alimentos, vestuario, servicios, una casa, una finca, un yate? Y de ahí en adelante, ¿qué más? ¿Dos casas, dos fincas, dos yates, o más?

Esta es una pregunta fundamental que define el bienestar de una nación. Al respecto, Aristóteles recuerda que la economía se ocupa del bien común y la crematística del interés particular. Quienes van por este segundo camino del enriquecimiento individual no pueden estar tranquilos para cumplir sus deseos, pues estos equivalen a ponerse a sufrir, a cuidar sus riquezas, a angustiarse y a soportar la crítica despiadada. No se sabe por qué algunas personas quieren tener tanto dinero para esclavizarse… porque la acumulación del dinero es una esclavitud y poca tranquilidad.

Hoy en día algunos videos musicales muestran cantantes con un despliegue de casas fastuosas, fincas, viajes en embarcaciones lujosas, con cadenas y pulseras de oro y joyas, rodeados de mujeres, y al final de todo terminan en la drogadicción, en hospitales, o presos en sus jaulas de oro. Y en algunos casos, lo peor de todo: hijos de ricos, famosos o poderosos mueren por los excesos o se suicidan ante la incomprensión del sentido de la vida. En su cuento ¿Cuánta tierra necesita un hombre?, León Tolstói concluye que al final, en la sepultura, “dos metros de la cabeza a los pies es todo lo que necesita”.

Los deseos de acumular riquezas materiales evidencian vacío espiritual, falta de afecto e impotencia de no poder conseguir el bienestar espiritual y las cosas por sus propios medios, si no es valiéndose del dinero como instrumento. Esta es la “varita mágica” con la que compran personas y bienes muebles e inmuebles, a veces a costa de la destrucción de los demás, de los animales o del medioambiente. Desde un punto de vista global, el indicador de la huella ecológica estima que cada habitante necesita en promedio 2 ha2 de tierra para alimentarse y vivir, según la biocapacidad del planeta.

Supuestamente la teoría de Darwin enseña que la competencia es una ley natural y que la victoria es de los depredadores. Pero si examinamos con atención su obra, encontrar que él se refirió a la competencia en solo dos páginas y en las demás partes de su libro (El origen de las especies) y en las demás expone muchos ejemplos de la cooperación entre las especies, materia de la cual la biología moderna ha demostrado sus ventajas en la evolución. La célula es el mejor ejemplo de convivencia entre microorganismos.

Algunas personas han comprendido que la competencia debe ir acompañada de la solidaridad, y que la acumulación de bienes tiene un límite social, económico y ambiental. Y sus reflexiones los han llevado a formular soluciones para equilibrar sus intereses particulares con los intereses generales. Tanto dinero amarga la vida, no hay como vivir con lo necesario. La británica Beatrix Potter se hizo millonaria escribiendo literatura infantil; con las regalías recibidas compró tierras en Lake District y después las heredó al National Trust para el disfrute de todos. Lo hizo bien. En 1936, en Bogotá, José Joaquín Vargas heredó 1.500 hectáreas de la Hacienda El Salitre para viviendas con destino a los más pobres, el Hospital San Juan de Dios, un asilo para niños desamparados, el hospicio San Vicente de Paul, un asilo de indigentes, y en estos terrenos también se construyó la Ciudad Universitaria, el CAN, la Terminal de Transportes, Corferias, Ciudad Salitre, Pablo VI, los parques El Salitre y Simón Bolivar. Y esto no es cosa del pasado. En 2017 Kristine McDivitt, viuda del multimillonario estadounidense Douglas Tompkins, fundador The North Face, donó 407.625 hectáreas de tierra al Gobierno de Chile para crear una red de parques nacionales.

Warren Buffett (2011), uno de los hombres más adinerados del mundo, pidió que le aumenten los impuestos a los ricos, y al respecto dijo: “dejen de mimarnos a los megaricos”. Antes, en 2010, Buffett, Zuckerberg y Bill Gates firmaron “The Giving Pledge” (El compromiso de dar), con el que se obligan a destinar la mayor parte de sus fortunas a fines filantrópicos. En ese mismo año 16 de los mayores millonarios franceses le pidieron al Gobierno la imposición de un impuesto para contribuir a salir de la crisis que vivía el país. Entre ellos están: L'Oreal, la petrolera Total, hoteles Accor, alimentos Danone, el banco Société Générale, comunicaciones Orange, la aerolínea Air France-KLM y automotriz PSA Peugeot-Citröen.

Los países con mayores índices de bienestar se caracterizan por tener altas tasas de impuestos a los más acaudalados, política fiscal con la cual se reduce el Gini de la inequidad y se posibilita destinar buenos recursos a las necesidades sociales, para una mejor distribución de la riqueza.

Perfil

Yesid Soler

Economista y magíster en Teoría y Política Económica de la Universidad Nacional de Colombia (UN). Doctorante en Pensamiento Complejo de la Universidad Mundo Real Edgar Morin de México. Ha desempeñado cargos en el Viceministerio de Vivienda, la Oficina Asesora de Planeación y la Oficina de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio. Fue jefe de la Unidad de Planeamiento Socioeconómico del Distrito Capital de Bogotá, jefe de Investigaciones Socioeconómicas del Centro Nacional de la Construcción (CENAC), director de la Corporación Iberoamericana de Multiservicios, consultor en Naciones Unidas para el Plan Estratégico Bogotá 1992-2000 y consultor en Naciones Unidas Hábitat 2006. Catedrático de Prospectiva y Complejidad en la UN, la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP) y la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). Ha escrito libros y artículos sobre teoría económica, valor y precios, desarrollo económico urbano y regional, sistemas complejos, planeación estratégica y prospectiva.