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Cuando la cultura arde en llamas. (A propósito del caso del Museo Nacional de Brasil)

Después de conocer las colecciones de arte del Museo del Louvre en París, el Museo Británico en Londres y el Museo del Prado en Madrid, tuve la fortuna de conocer una parte de las colecciones del Museo Nacional de Brasil cuando en 2006 fui invitado por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) a un evento académico sobre Michel Foucault. Y quedé maravillado por la colección de arte egipcio, los daguerrotipos de finales del siglo XIX, la colección de paleontología que guardaba varios esqueletos fosilizados –entre ellos el de un dinosaurio encontrado en la región de Minais Gerais– además de la colección del herbario y la de antropología, que conservaba una de las piezas más fascinantes: “Luzia”, fósil humano de los más antiguos encontrados hasta ahora y en territorio brasilero.

El Museo que se configuró en el antiguo palacio del rey de Portugal Juan VI, dejó de existir el pasado 2 de septiembre después de ser consumido por las llamas de un incendio del que aún se desconocen sus causas. Tal desastre de la cultura es comparable al incendio de la mítica Biblioteca de Alejandría.

Este suceso lamentable, más allá de entristecernos, ha prendido las alarmas y nos debe hacer reflexionar sobre la conservación del patrimonio cultural y las políticas culturales de que dispone el Estado colombiano para su salvaguarda y protección. En el caso brasilero es evidente que la época dorada en la que Lula y Rousseff apoyaron la cultura y la educación había quedado atrás, y la financiación de los museos, como el Nacional, fue descuidada.

La crisis de la cultura se traduce en este nefasto incendio. En el ensayo que publiqué en 2012, titulado “Entre lo público y lo privado: hacia un museo de la cultura”, yo anunciaba, apoyado en Néstor García Canclini, que la crisis de los museos en un sistema cultural tan precario como el nuestro se debe en buena parte al abandono estatal sobre estas instituciones; tal abandono que terminaba olvidando por completo el papel que cumplen estos “templos” del conocimiento, se traduce en una falta de políticas culturales que denoten una verdadera conexión entre la sociedad, la educación y la cultura.

Al respecto García Canclini decía en su texto “El porvenir del pasado” (Culturas híbridas, 1990) que el pasado albergado en instituciones garantes de la memoria como los museos nacionales está en riesgo por falta de apoyo estatal; para soportar su tesis, él responde a la pregunta: ¿son posibles los museos nacionales después de la crisis del nacionalismo? El profesor dice lo siguiente:

“Las tardías acciones a favor del patrimonio suelen ser obra de la sociedad civil, de empresas privadas o grupos comunitarios. En algunos países que alcanzaron a construir buenos museos de historia y arte –Brasil, Colombia Venezuela–, gran parte de ellos pertenece a bancos, fundaciones y asociaciones no estatales. Se concentran en las grandes ciudades, actúan desconectados entre sí y con el sistema educativo, en parte porque dependen de organismos particulares, y también por la falta de una política cultural orgánica a nivel nacional. Sirven más como conservadores de una pequeña porción del patrimonio, recurso de promoción turística y publicidad de empresas privadas, que como formadores de una cultura visual colectiva” (García Canclini, 1990:161).

En efecto el asunto de la conservación del patrimonio va de la mano de políticas claras en las que la financiación y la subvención son el soporte de esa riqueza cultural que no debería ser un bien privado sino un bien común y público, así esa colección en su momento haya sido impulsada por la visión imperial de la Corona portuguesa, en el caso del incendiado Museo Nacional de Brasil. Los conservadores de museo hoy deben estar aterrorizados con la idea de imaginar que a sus museos les puede pasar algo similar. ¿Se está haciendo algo al respecto? ¿Nuestros museos están preparados para afrontar un peligro tal y conservar sus colecciones de un siniestro? ¿Qué hace el Ministerio de Cultura frente a esto? En el país existe la Ley 1185 de 2008, de Defensa y Conservación del Patrimonio, la cual pretende impulsar en las instituciones culturales y museales estrategias y sistemas de prevención de riesgos y siniestros naturales y accidentales. Pero más allá de la ley, ¿nuestras instituciones están realmente preparadas para conservar, cuidar y velar por sus colecciones en caso de siniestro? ¿Realmente es suficiente anunciar y propiciar jornadas de sensibilización y prevención si no hay financiación?

Sin lugar a dudas lo acontecido en Brasil nos pone a reflexionar sobre el futuro del pasado y sobre unas políticas culturales serias de financiación de la cultura. Si el Estado descuida en gran medida sus museos, está descuidando su memoria y patrimonio cultural, y al mismo tiempo pone en riesgo la educación de su país.

El reclamo y las quejas de la clase política y cultural que logró la financiación de este museo en su momento, se dirigen al actual gobierno de Temer, caracterizado por la corrupción, en la que empresas brasileras como Odebrecht están al origen de sobornos y de escándalos que han derivado en recortes presupuestales. Cualquier parecido con nuestra realidad nacional no es pura coincidencia. Tanto en nuestro contexto como en Brasil es conocido el recorte a la cultura desde hace tres años: el rector de la UFRJ –a la que estaba asociado el museo–, el doctor Leher y el director del Museo, el doctor Kellner, insisten en que en el recorte presupuestal al que fue sometida esta institución desde que Temer asumió el Gobierno tras destituir a Rousseff, está al origen del siniestro.

Eso es muy significativo pues este recorte presupuestal de la cultura se traduce en recorte a la educación pública. Brasil se caracterizaba por mantener un alto nivel presupuestal en las instituciones de educación superior, como lo pude comprobar en mi visita en 2006. Hoy eso ha cambiado y el futuro es incierto, máxime cuando en estos días nos enteramos de que Lula ha sido impedido de lanzar su candidatura por estar procesado por un supuesto fraude durante su gobierno.

Si “todo lo sólido se desvanece en el aire” parafraseando a Bergman, la cultura se puede volatilizar y desvanecer también en el aire sin unas políticas culturales sólidas y generosas, financieramente hablando, por parte del Estado.

Perfil

Ricardo Arcos-Palma

Ph. D. en Artes y Ciencias del Arte, mención estética, magíster en Estética y DEA en Filosofía del Arte y Estética por la Universidad de La Sorbona Paris 1. Maestro en Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Exdirector del Museo de Arte, miembro de la Sociedad Colombiana de Filosofía y exdirector de la Maestría en Historia y Teoría del Arte, la Arquitectura y la Ciudad.

 

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