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¿Cómo se puede construir una universidad de excelencia?

En un mundo en que la academia se ha dejado llevar por la obsesión casi paranoica de los rankings universitarios, es justo el preguntarse: ¿cuál es la clave para obtener una universidad de excelencia?

Les puedo asegurar que la respuesta no está en los complejos mecanismos ideados por los <i>rankings</i>, o en la publicidad otorgada en ocasiones por las películas y series de televisión; increíblemente tampoco se puede buscar su razón en la belleza de los campus, porque algunas de las mejores universidades del mundo ni siquiera tienen un campus propiamente dicho. Se pueden agregar muchos factores pero, en últimas, la verdadera razón se esconde en una verdad muy simple

La Universidad Nacional de Colombia (UN), patrimonio de todos los colombianos, tiene la clave en el lema de su escudo: Inter aulas academiæ quære verum, busca la verdad en las aulas de la academia. He tenido el honor de ser profesor de esta Universidad por algunos años y tuve la fortuna de descubrir rápidamente cuál es el secreto de la excelencia académica de la mejor universidad de Colombia. La respuesta radica en sus alumnos.

No importa si una institución tiene los mejores profesores, edificios, laboratorios, personal de apoyo y administrativos. El alma de una universidad son sus alumnos. Ellos son los responsables de exigirles calidad a sus profesores, de buscar nuevos rumbos e ideas para su alma mater y la sociedad. Los alumnos no van a adquirir un título, van a transformarla y a cambiar el mundo.

Es muy poco lo que puede hacer una institución universitaria si no tiene un capital humano con el cual trabajar, una triste verdad que en ocasiones desdibuja el sistema capitalista, pues la mejor universidad no es la más cara, sino que es aquella que les permite a sus alumnos orientarla y lo hace ofreciéndoles herramientas y obstáculos que les den resiliencia ante el futuro que se les avecina. No es función de una universidad hacerles la vida fácil a sus alumnos y tampoco es responsable por parte de los alumnos no hacer intentos por cambiar a la que será su alma mater.

No importa si una institución tiene los mejores profesores, edificios, laboratorios, personal de apoyo y administrativos. El alma de una universidad son sus alumnos.

Desde los primeros semestres en la Universidad Nacional, los alumnos disfrutan del placer de la competencia intelectual permanente con sus compañeros y profesores. Es muy usual que los estudiantes efectúen correcciones públicas a las clases de sus docentes y no es extraño que aquellos que son considerados malos sean sometidos al ostracismo académico. Desde sus orígenes, hace 150 años, sus estudiantes han jugado un papel muy activo en la excelencia académica y en las grandes reformas que esta ha afrontado. Estos alumnos se convierten en los egresados que han transformado de diversas formas el país y hasta el mundo.

Un gobierno visionario debería darle una mirada seria a su sistema de educación pública. Es claro que darle financiamiento público a la oferta privada universitaria va a terminar degenerando el sistema educativo universitario, con instituciones imposibles de pagar, con tres semestres por año y creando la confusión de que la excelencia académica se puede comprar. El fortalecimiento del sistema público universitario de calidad debería ser una de las banderas del próximo Gobierno. Necesitamos más universidades como la Nacional, donde la excelencia académica no se compra sino que se vive en las aulas de la academia.

Perfil

Diego Torres

Diego Torres es físico y doctor en Física Nuclear de la Universidad Nacional de Colombia, donde se desempeña como profesor asociado. Ha sido estudiante invitado de la Universidad de Lund (Suecia) y se ha desempeñado como asistente de investigación posdoctoral de las universidades del Oeste de Escocia (Reino Unido) y Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos).

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