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¿Cómo entender la insatisfacción de los colombianos en las encuestas?

A mediados del siglo pasado, unos economistas que solo creían en lo que decían los números decidieron empezar a aplicar las matemáticas a la política, y en cierta forma inventaron la ciencia política contemporánea.

Lo llamativo de su modelo es que no presumía nada de los hechos históricos como se hacía antes, sino que intentaba describir la realidad política a partir de encuestas y otras mediciones.

Una de las cuestiones que les dio por cuantificar a algunos de ellos fue qué tan satisfechos se sienten los ciudadanos con las democracias, y en un estudio en 84 países de Feiraband se descubrió que la mayoría de ellos se sienten frustrados respecto a lo que les da el Estado.

A ese concepto lo llamaron “frustración sistémica”, y consiste en que, a medida que el Estado suple las necesidades de los ciudadanos, la mayoría de estos espera que otras más sean cubiertas, por lo que al parecer haga lo que haga un sistema democrático nunca va a obtener aplausos.

Incluso el experto en conflictos políticos Ted Robert Gurr (1936-2017) creó el concepto de “privación relativa” haciendo alusión al hecho de que es imposible que muchas de esas necesidades deseadas sean cubiertas razonablemente por la democracia porque las expectativas son demasiado grandes y por lo tanto la ingobernabilidad está garantizada.

En ese mismo sentido, si analizamos las noticias de Colombia de las últimas semanas, basadas en la percepción de los ciudadanos en las encuestas, en principio alguien podría concluir que el Estado les está fallando a sus ciudadanos ostensiblemente y que hay una gran frustración frente a sus actuaciones.

Sin embargo resulta que al día siguiente de ser publicadas estas mediciones, los líderes de los medios de comunicación dijeron que el país no va tan mal como dicen los ciudadanos, y que, según los expertos, se puede demostrar con números que más bien hay grandes mejorías en casi todos los campos en lugar de retrocesos.

La verdad es que esto está pasando en todo el mundo, no solo en Colombia, solo que en otros tiempos este “malestar en la cultura”, como lo llamaba Freud, era visto como una derivación del viejo e insoluble conflicto entre el individuo y la sociedad, o era usado para justificar revoluciones comunistas.

Hoy en día el conflicto pervive y se reproduce en las redes segundo tras segundo, a pesar de que la humanidad jamás hubiera ni soñado con tener los índices de bienestar actuales, y de que efectivamente cada día hay menos pobres, menos personas afectadas por conflictos y menos sufrimiento humano estadístico en general con respecto a los siete mil años anteriores.

Curiosamente en este sentido nuestra Colombia inconforme necesita un análisis específico de su propia paradoja, pues aunque sale muy bien librada en los famosos índices de felicidad, al mismo tiempo es uno de los que tiene ciudadanos más quejosos, como puede comprobarlo cualquiera que revise sus redes sociales en este instante.

Este análisis excede la presente columna, pero quiero insistir en la necesidad de abandonar lo que he llamado el “síndrome de Ciudad Gótica Macondiana”, que consiste en querer analizar nuestros problemas sin tener en cuenta las dinámicas mundiales, por la fantasiosa y literaria conclusión de que somos tan especiales como para escapar a los análisis globales.

Pregúntese el lector, solo para ejercicio intelectual, qué porcentaje de noticias internacionales hay en nuestros noticieros con respecto a las propias, y sobre todo analice en silencio qué porcentaje de su tiempo de verlas son para nuestros problemas domésticos y cuánto para ese mundo que se está transformando vertiginosamente y que seguramente marcará nuestro destino mucho más que las más importantes de nuestras rencillas nacionales.

En síntesis, la insatisfacción de los colombianos en las encuestas requiere análisis no solo locales sino también globales, y en este sentido es muy probable que parte de la cuestión tenga que ver con esa atmosfera crítica generada por las redes sociales y la extraña crisis de la democracia en todo el mundo, cuando esta se encuentra en su mejor momento histórico.

Dicho lo anterior, es claro que sí tenemos que hacernos grandes preguntas sobre nuestras propias contradicciones para entender y enfrentar el asunto complejo de esa insatisfacción expresada en las encuestas en Colombia: ¿si están siendo responsables los líderes políticos y no políticos al azuzar a los ciudadanos para protestar airadamente en un sentido u otro con el objetivo calculador de obtener réditos electorales o de otro tipo en este momento tan difícil del posconflicto?

Y precisamente en estas circunstancias también debemos preguntarnos: ¿estamos siendo sinceros los ciudadanos en Colombia en estas redes y en nuestra vida en general, defendiendo unos valores que muchas veces no coinciden con nuestras acciones, tales como la honestidad frente al Estado, la meritocracia laboral y sobre todo la imparcialidad a la hora de juzgar?

Las dificultades de Colombia son reales y los retos muchos, pero quiero insistir en esta columna en que uno de esos valores clave por descuidar menos es la preocupación por lo público, por la modernización del Estado en cualquiera de sus partes.

Por ello, retomando la famosa pregunta de Kennedy, yo diría que en la próxima encuesta sería bueno preguntar también no solo ¿qué siente que el Estado ha hecho por usted?, sino ¿qué cree usted que ha hecho por el Estado?

Perfil

David Roll Vélez.

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director de los grupos de investigación UN- Partidos y UN-Migraciones. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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