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¿Cómo enfrentar la próxima sequía de dinero?

El dinero, como el agua, recorre el mundo circulando entre personas, irrigando empresas, traspasando fronteras nacionales. Millones de transacciones se realizan cada día, como los millones de litros de agua que bajan de los páramos formando ríos y cuencas hasta llegar a la costa. Circula desde la persona más aislada, pasando por su grupo más próximo, su familia, y hasta el Estado, como aquella unidad más amplia de la cual nuestra cédula dice que formamos parte; por todos estos canales el dinero fluye como el agua. En algunos recodos con mayor fluidez y abundancia, mientras que en otros no acaba de llegar cuando ya se está evaporando.

Para el 48,2 % de las familias colombianas que viven en la informalidad, a menudo marcada por el rebusque del día a día, el dinero se parece más a una pequeña llovizna que cae en un día de calor y se esfuma prontamente.
 

Para quienes cuentan con un empleo formal el panorama es algo distinto. Los salarios fluyen mes a mes como el agua del grifo, pero casi siempre pasan rápidamente al sifón de la deuda, las cuotas de manejo, las tasas de interés o los impuestos.
 

Esta metáfora del dinero como el agua puede sonar romántica, incluso simplista, pero no está muy alejada de los términos usados por los economistas profesionales, con sus flujos de capital y problemas de liquidez.
 

Sin embargo la diferencia entre el agua y el dinero es que el segundo es un invento de la humanidad. Hoy sabemos que aunque podemos influir en el agua, no tenemos total control sobre ella; pero una actitud similar con respecto al dinero es absurda: el dinero es algo creado por nosotros, y si está funcionando mal, vale la pena diseñarlo mejor. 
 

¿Pero qué está funcionando mal con nuestro dinero actual? Un memorial de agravios que no es novedoso pero que amerita tenerse en cuenta antes de pasar al centro de nuestro argumento es la relevancia de repensar el dinero y uno de sus correlatos prácticos: sí, la pertinencia de las monedas complementarias.
 

Sí, esta crisis evoca otras como la de 1929 y la recesión que le siguió, y para algunos incluso referentes así son un pálido reflejo de lo que se nos viene. Pero también tenemos herramientas y recursos –algunos novedosos, otros inventados hace rato– no solo para enfrentar esta reciente crisis marcada por la pandemia, sino también para transformar la perspectiva de las cíclicas crisis y unas dinámicas económicas que, cada vez más rápido, nos están llevando al colapso. 
 

Del tipo de monedas que discutimos aquí suele hablarse como “monedas complementarias”, debido a que no pretenden reemplazar a las monedas nacionales, estas últimas asociadas con el proceso de recolección de impuestos y con la inversión en proyectos de beneficio común como una red hospitalaria o una carretera.


Las naciones, pensadas como unidades de solidaridad y coordinación ante emergencias –desde una tragedia ambiental hasta una gran crisis económica– que son difíciles de enfrentar a nivel individual, familiar o de pequeñas comunidades, siguen siendo unidades de integración relevantes. Es por eso que su legado –en términos de las monedas nacionales– es un referente para las iniciativas monetarias a emprender.
 

Aunque en ocasiones el dinero virtual –y el mundo de posibilidades de invención que conlleva– se asocia con las criptomonedas, ya estamos en un mundo en el que el dinero virtual –gracias en buena medida a los Gobiernos– forma parte de la vida diaria de cada vez más personas, incluyendo aquellas que viven en condiciones de vulnerabilidad.
 

Por prescindir de un objeto físico para circular, el dinero actual se puede crear y acumular independientemente de las necesidades y limitaciones materiales que se viven en el mundo real. El dinero fluye hoy hacia donde es más rentable o donde se puede reproducir más rápido, y no necesariamente hacia donde más se necesita. Aunque la virtualización ha ayudado a descontextualizar el dinero, también ofrece nuevas oportunidades para volver a contextualizarlo en términos de habitar mejor el planeta que compartimos con otras especies y con las nuevas generaciones.
 

Nuestra propuesta está centrada en propiciar un cambio de mentalidad sobre la naturaleza y los propósitos del dinero, propendiendo por una transición desde un dinero cuyas características estructurales garantizan la escasez e incentivan la competencia global para acumular dinero por su valor de cambio, hacia un ecosistema de dineros en el que predomine el valor de uso y se incentive la circulación en privilegio de la solidaridad, la comunidad y la sostenibilidad.

Perfil

Integrantes de la Red Alternativas Programáticas UN *

María Elisa Balen. Historiadora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y doctora en Sociología de la Universidad de Bristol, Reino Unido

Jorge Zaccaro. Ingeniero electrónico de la Pontificia Universidad Javeriana y estudiante de Economía de la Universidad Renmin de China

Nicolás Pabón. Estudiante de Sociología de la UNAL