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Colombia sin asbesto, una idea, un movimiento, un propósito

Hace tres años Ana Cecilia Niño, quien fuera mi esposa y el amor de mi vida, recibió de mis manos una hoja marcada con un diagnóstico que decía “tumor maligno de célula grande”, después confirmado como mesotelioma, un cáncer agresivo asociado con la exposición previa al asbesto.

Cuando ella vio mi cara pálida me preguntó si era algo grave. Yo le dije que sí pues sabía de qué se trataba porque en mi tesis de grado como físico tuve que conocer los procesos biológicos asociados con la apoptosis celular (muerte celular programada). Además conocía los efectos de la radiación ionizante sobre células vivas, proceso por el cual ella pasó 18 veces. El punto es que yo entendía que se trataba de un cáncer y que posiblemente le quedaban unos años, tal vez meses o días de vida.

Ella me preguntó si era algo curable, yo le respondí que no sabía, mientras por dentro me decía a mí mismo, tengo que gastar todas las horas posibles de su sueño para buscar una cura, porque el resto del tiempo me la voy a pasar consintiéndola y abrazándola. Y eso fue justo lo que hice: la abracé, abracé su enfermedad como si también fuera mía, abracé su causa y fui su primer y más fiel seguidor cuando nos enteramos de que el origen de su enfermedad era el asbesto, ese mineral que se convirtió en mi peor enemigo.

Después de investigar y confrontar los últimos avances de la ciencia médica al respecto, la conclusión no fue nada alentadora. La posibilidad de cura era muy baja, casi nula. Claro que lo intentamos todo, desde la poliquimioterapia agresiva hasta la greda gris en la espalda, siempre con algo en común: terminábamos abrazándonos de nuevo.

Recuerdo que en medio de uno de esos abrazos ella me dijo: “si me voy a morir por esto, quiero que mucha gente sepa la razón para que no le pase a otros, para que otras mamás, otras esposas enamoradas no tengan que pasar por lo que estoy viviendo. Quiero ver crecer a mi hija, me aterra la posibilidad de no existir para ella, de no abrazarla y contarle un cuento en la noche o comerme un helado con ustedes. Pero si puedo hacer algo para que no les pase lo mismo a otras personas, necesito hacerlo”.

Mi respuesta fue inmediata y afirmativa: “estoy contigo, con todo lo que soy y con todo lo que implica, tienes mi abrazo; y lo poco o mucho que pueda hacer por ese propósito, lo voy a entregar con todos mis alientos”. Ese fue el inicio de un movimiento que se conoce como “Colombia sin asbesto”.

Después de investigar y confrontar los últimos avances de la ciencia médica al respecto, la conclusión no fue nada alentadora. La posibilidad de cura era muy baja, casi nula.

Las bases de esta idea que hoy mueve a cientos de miles de colombianos están puestas sobre el amor, la unión familiar, el respeto por el otro, la lealtad y, sobre todo, la mirada de esperanza que sabemos que tienen quienes vienen después de nosotros, una visión que se extiende al presente juzgando lo que hacemos aquí y ahora por el bien de ellos y de las futuras generaciones.

En poco tiempo Ana Cecilia Niño se convirtió en el símbolo de la lucha contra el asbesto en Colombia, en busca de prevenir las enfermedades relacionadas con el mineral. Hoy siguen en curso, pero sin avances, una acción popular, una acción de grupo, una queja ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y uno de los ocho intentos de proyecto de ley para prohibir el asbesto.

Claro, esta vez tiene mucho más respaldo y la fuerza de un país que se dio cuenta de que el caso de Ana era la punta del iceberg. Según el Instituto Nacional de Cancerología, en 2015 se reportaron 90 casos de mesotelioma, y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) por cada caso de estos se presentan seis nuevos de cáncer de pulmón, para un total de 540 casos asociados con la exposición al asbesto en Colombia.

Lo anterior sin contar el número de subregistros o casos en los cuales no se conoce el diagnóstico. Al hacer una proyección básica de colombianos que mueren cada año por cuenta de una posible relación con el asbesto, podríamos estar hablando de miles.

Colombia por fuera de los 56 países que prohíben el asbesto

El asbesto es una fibra que por más de 70 años se ha utilizado en Colombia para producir tejas y otros elementos de uso común.Es un materialprohibido en más de 56 países por el riesgo que representa, pero increíblementeen el nuestro todavía estamos expuestos a sus peligros.

Tal como se señala el decreto 1477 de 2014, por el cual se expide la tabla de enfermedades laborales (ver cuadro), el asbesto produce varias enfermedades, entre las que se encuentra el mesotelioma maligno, el cual tiene un periodo de latencia grande, es decir que tarda más de 10 y 15 años en manifestarse después de la exposición. Esto también depende del nivel de exposición y del sistema inmune de cada persona. Eso por eso que no todas las personas tienen un cáncer como el de Ana.

Según el Ministerio de Salud y Protección Social, en el país se explota el asbesto crisotilo, con una producción aproximada de 9.000 toneladas anuales en los últimos años y de 270.000 toneladas de asbesto-cemento. Según la OMS y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), cualquier variedad de este mineral implica un riesgo para la salud, razón por la cual es importante prohibir la producción, comercialización, exportación, importación y distribución de cualquiera de sus variedades en el país.

Según el Instituto Nacional de Cancerología, en 2015 se reportaron 90 casos de mesotelioma, y según la Organización Mundial de la Salud (OMS) por cada caso de estos se presentan seis nuevos de cáncer de pulmón, para un total de 540 casos asociados con la exposición al asbesto en Colombia.

Las nuevas tecnologías, aliadas fundamentales

La principal herramienta para llevar el mensaje de Ana ha sido la movilidad digital a través de las redes sociales y varias campañas desarrolladas en plataformas como Change.org Inc. y Hagamos Eco (change.org/colombiasinasbesto, #LatinoaméricaSinAsbesto y https://www.hagamoseco.org/petitions/latinoamerica-sin-asbesto).

De hecho el marketing digital es uno de los servicios que presta la Fundación Ana Cecilia Niño a empresas, ONG y personas naturales para sostener las bases del movimiento #ColombiaSinAsbesto. El trabajo con redes sociales, sumado a la interacción por medio de conferencias que comenzamos a dictar con Ana, hicieron que muchas más personas se sumaran a la causa.

Recuerdo que además de luchar por mantenerse en pie a pesar de sus dolores, ella participaba activamente en las acciones judiciales mencionadas y en conferencias en las universidades que nos abrían las puertas. También visitaba regularmente nuevos pacientes de mesotelioma para llevarles una voz de aliento.

Recientemente, la Contraloría General de la República emitió un concepto positivo a favor de la prohibición del asbesto y la Personería de Bogotá hizo lo mismo hace más de dos años.

Yo no he creado algo nuevo sino que he unido lazos existentes y actuado como puente para conectar nodos que deben ir en la misma dirección. Intento seguir abriendo este camino necesario. Dejé mi profesión como geofísico para estar cerca de mi esposa y de mi hija y no me arrepentí; después lo deje todo por cuidarlas y también fui feliz; por eso me considero un cuidador. Cuidé de mi esposa hasta que murió, cuido la vida de muchas personas a las que no quiero que les pase lo mismo, cuido los sueños de mi hija y los de miles de niños que en Colombia se ven expuestos a diario a enfermedades relacionadas con el asbesto.

Esta vez el ejército de instituciones y personas que defienden la prohibición del asbesto tiene un frente mucho más sólido que todos los intentos anteriores, con el apoyo de organizaciones ambientales como Greenpeace, pasando por el concepto científico y objetivo de las principales universidades del país, hasta el liderazgo de ministerios como el del Interior, que ayudó a unificar la postura del Gobierno hacia la prohibición de este mineral cancerígeno.

Recientemente, la Contraloría General de la República emitió un concepto positivo a favor de la prohibición del asbesto y la Personería de Bogotá hizo lo mismo hace más de dos años. Es una postura producto de la madurez con la que las instituciones deben tomar el derecho a nuestra salud.

La prohibición es un resultado y un reto a la vez, porque aunque se logre, este mineral seguirá enfermando a muchos. Sin embargo es posible que esos “muchos” sean menos si se adoptan las medidas adecuadas. En este momento la pelota está en manos de Senado de la República. Sus miembros deben tomarlo en serio porque muchos esperamos que lo hagan. De no ser así, el asbesto seguirá cobrando la vida de miles de colombianos.

Perfil

Daniel Pineda González

Físico y magíster en Geofísica, egresado de la Universidad Nacional de Colombia. Especialista en innovación, nuevas tecnologías y gestión de ciudades y experto en mercadeo digital y manejo de redes sociales. Junto con su esposa, Ana Cecilia Niño (q.e.p.d.), fue creador del movimiento “Colombia sin asbesto”, el cual lidera. Preside la Fundación Ana Cecilia Niño y es el coordinador de la Red Nacional de Cuidadores de Pacientes con Mesotelioma y de la campaña “Latinoamérica sin asbesto”. Es conferencista y ha recibido varios reconocimientos por su lucha contra el asbesto. Su oficio favorito: chofer de su hija Ana Sofía.

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