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    Colombia, propensa a nuevos huaicos catastróficos

En Colombia los fenómenos climáticos de El Niño y La Niña pueden inducir las temidas avalanchas o “huaicos”, como se les denomina en los países andinos al sur de Colombia.

En los últimos años los huaicos –término que preferimos utilizar en este caso– han causado dos tragedias notables en el territorio colombiano. La primera ocurrió en la madrugada del 15 de mayo de 2016 en Salgar (Antioquia), y la segunda en la noche del 1 de abril de 2017 en Mocoa (Putumayo). Y aunque estos sucesos ocuparon en su momento numerosas páginas en los medios hablados y escritos, pocas personas conocen acerca de los orígenes de las avalanchas y no saben si el lugar donde habitan está en condiciones de alto riesgo para sus vidas y sus bienes.

La peor situación se da cuando las personas, aun siendo conscientes de los peligros a los que están expuestas, no cuentan con los medios para adelantar las acciones de prevención adecuadas, que en estos casos consisten, simplemente, en retirarse de las orillas de los cauces y trasladarse hacia sitios seguros.

Origen de la palabra

Huaico (también escrito huayco o guaico) es una palabra quechua utilizada en Chile, Bolivia Perú y Ecuador para referirse a un tipo de corrientes de alta densidad que descienden velozmente por los cauces fluviales y que pueden causar daños considerables al paisaje y a las propiedades.

En Colombia, en cambio, para referirse al mismo fenómeno ha hecho carrera el término “avalancha”, reservado normalmente para designar los desplomes o aludes de nieve en las zonas glaciares. En el lenguaje académico los huaicos se denominan “flujos de escombros o flujos de lodo”. En otros países suramericanos, a los huaicos se les llama “aluviones”, una voz que en geología se reserva para designar los sedimentos de grano grueso depositados por los ríos al llegar a las zonas llanas.

Los huaicos se originan por efecto de lluvias torrenciales en las cabeceras de las quebradas y arroyos que nacen en las laderas empinadas de las altas montañas, lo que da lugar a deslizamientos, desplomes y derrumbes del suelo (en conjunto denominados deslaves), que caen a los cauces próximos que ya tienen sus caudales aumentados por las precipitaciones.

Sin importar si las laderas afectadas son boscosas, carecen de vegetación o si son regiones de climas húmedos, secos o desérticos, la combinación simultánea de las lluvias intensas y los deslaves da lugar a la formación de una especie de tren sedimentario cargado con barro, rocas y detritos vegetales que va creciendo en volumen, velocidad y longitud gracias al barrido y a la incorporación paulatina de los materiales sueltos en los lechos y de los arrancados de las riberas, lo que incrementa o “engorda” el volumen de la masa en movimiento.

Por lo general, los huaicos se componen de una “cabeza” que transporta el material más grande, barre el agua que le antecede y causa una primera inundación a su llegada a las zonas planas. Por otra parte, detrás del flujo de escombros queda un cuerpo de aguas turbulentas que ayudan a lavar el lecho y que al final de su recorrido pueden producir oleadas de riadas muy destructoras. Más aún, puesto que los deslaves pueden darse a destiempo en los cauces afluentes de la corriente mayor, cada uno puede generar su propio huaico, lo que da lugar a la formación de flujos de escombros sucesivos denominados “bombadas” en el lenguaje popular.

Recurrencia

Los periodos de repetición de los huaicos –que en la mayoría de los casos son desconocidos tanto para el público como para los expertos– pueden variar de entre unos pocos años, décadas, siglos y hasta milenios, lo cual puede producir la pérdida de la memoria histórica de los pobladores. Por eso no es extraño que cuando los habitantes de las riberas de las corrientes son alertados de los peligros de eventuales crecidas en los cauces de agua expresen frases como “yo estoy tranquilo porque vivo aquí hace muchos años y aquí nunca ha pasado nada”. Por ahora esto es comprensible porque todavía no hay quien pueda pronosticar o garantizar cuándo vendrá el próximo huaico.

A diferencia de las inundaciones –que generalmente afectan extensas áreas de las rondas de los ríos–, la acción destructora de los huaicos en las zonas con pendiente alta se restringe a los cauces y sus orillas, por cuanto al salir a los sectores donde la pendiente del curso se reduce, las corrientes se rebosan, explayan y arrasan con los obstáculos que encuentran a su paso, incluidas las construcciones hechas por los hombres.

Sin embargo estos rellanos o “terrazas” son lugares muy apetecidos para la urbanización y los asentamientos ilegales, lo cual constituye un ingrediente decisivo para la ocurrencia de desastres. Como el concepto de “desastre” tiene que ver principalmente con los daños a las comunidades humanas, un huaico que transite de principio a fin por un corredor fluvial sin núcleos urbanos en su cauce activo será considerado como un huaico más, que posiblemente no merezca mayor despliegue en las noticias.

Distribución geográfica

Los huaicos se dan solo en las regiones con relieves altos, y en particular en las cadenas montañosas jóvenes como los Andes (Suramérica), las Montañas Rocosas (Estados Unidos y Canadá), los Alpes (Europa) y el Himalaya (Asia). En consecuencia –sin que se salven los países de Centroamérica–, en Suramérica los países más afectados por este fenómeno son aquellos que tienen parte de su territorio en las montañas de los Andes como:

  • Venezuela
  • Colombia
  • Ecuador
  • Perú
  • Bolivia
  • Argentina
  • Norte de Chile

Prevención

Como los huaicos son procesos comunes y normales de la naturaleza, la mejor forma de protegerse es no exponerse a ellos, es decir evitar las construcciones en las riberas y las rondas de los cauces y, de ser necesario, trasladar los asentamientos humanos que se encuentren en las zonas de alto riesgo, lo cual puede resultar muy costoso.

También se puede intentar reducir los daños de los huaicos mediante la construcción de muros de contención y la instalación de mallas y rejillas para atrapar los materiales de más grandes, lo cual puede devenir en costos mayores que el traslado de las construcciones existentes.

Como medida transitoria para disminuir las posibles fatalidades es aconsejable instalar sistemas de alarma a lo largo de los cauces, para que en caso de emergencia permitan evacuaciones tempranas de los habitantes que se encuentren en las zonas en peligro. A largo plazo, lo aconsejable es que las comunidades y las autoridades que se encuentren en áreas propensas a las catástrofes naturales sean instruidas en los temas de medioambiente, particularmente en el de los huaicos, y la manera de protegerse ante posibles calamidades.

¿Qué tan propensa es Colombia a nuevos huaicos catastróficos?

Colombia es el único país suramericano que cuenta con tres cordilleras (Oriental, Central y Occidental), que cubren casi la mitad de su territorio con los valles que las separan. La zona Andina cuenta con una pluviosidad media-alta, que a veces puede dar lugar a épocas invernales severas.

Entonces se cumplen los dos requisitos básicos para la ocurrencia de huaicos y riadas: tener una topografía escarpada y épocas lluviosas severas, en especial cuando vienen acompañadas de aguaceros torrenciales y sectorizados, que son procesos aleatorios. Y teniendo en cuenta la recurrencia, resulta claro que pueden ser muchas las poblaciones que se encuentren en peligro de afectación por los huaicos sin que, por el momento, se tenga un inventario que permita establecer su número y localización.

En la mitad correspondiente a los Llanos Orientales, donde el relieve es mínimo, no existen condiciones para la generación de huaicos, salvo aquellos transportados por las corrientes de agua que descienden desde la cordillera Oriental hacia las zonas de piedemonte, como fue el caso del huaico ocurrido en Mocoa (Putumayo).

Perfil

Jairo Mojica Corzo

Geólogo, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Se ha desempeñado como profesor de la Universidad Nacional de Colombia y adelantó estudios de posgrado en la Facultad de Geociencias del Instituto de Geología y Paleontología de la Universidad de Stuttgart (Alemania). Durante sus estadías ha realizado diferentes investigaciones y dictado conferencias sobre la geología colombiana.

 

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jmgeologo@gmail.com