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A sus primeros 100 días de mandato, ¿qué piensan los que apoyaron a Duque?

Me parece interesante dar cuenta en esta columna de las diversas visiones que recogí después de preguntarles a algunos simpatizantes de Iván Duque por sus primeros 100 días de Gobierno.

Lo primero que debo decir es que hay opiniones encontradas, sobre todo en temas específicos, como el de Alberto Carrasquilla, su ministro de Hacienda y Crédito Público. Para intelectuales importantes y para empresarios medianos que son firmes con el uribismo en sus redes, es un superministro y está recuperando la economía. Pero a los consultados que están muy bien informados por estar cerca de la política real, o porque han tenido cargos o pertenecen al mundo empresarial de altísimo calibre, les parece muy mal hecho que alguien que hace negocios esté a la vez en la política, a menos que renuncie para siempre a ellos, y particularmente no confían en su supuesta neutralidad.

En el punto de la reforma tributaria, y sobre todo del IVA a la canasta familiar, veo coincidencia entre personas muy jóvenes prouribistas y defensoras de Duque en todo lo demás, y en empresarios de los primeros 50 en la lista de Semana, que además son expertísimos en los hábitos de consumo: es un error, dicen tajantemente.

En cambio algunos empresarios fieles al uribismo, también en contacto con consumidores pero más modestos en sus emprendimientos, piensan que la gente debe aprender a pagar impuestos y punto final.

Hay que tener en cuenta que el propio Centro Democrático, y Uribe mismo, no apoyaron este tema, con lo cual a los seguidores más fieles de Duque les dio menos pena criticar al Gobierno en este sentido. Mejor dicho, en ese bloque que se supone monolítico del uribismo, a muchos no les gustó ni Carrasquilla ni lo que él trajo, y no les importa decirlo, pero no condenan por eso al Gobierno en su conjunto.

Sobre el tema de que no esté “cargado de tigre”, a algunos abogados cercanos a grandes empresas, y que además son uribistas de siempre, les parece que aunque el tono conciliador es bueno, a Duque le falta valentía para hacer cumplir las políticas públicas que el país necesita, y dicen incluso que dudan de su uribismo.

Curiosamente, personas que dicen conocerlo en persona afirman en mis redes sociales que ambas acusaciones no son reales, o sea que él sí es muy uribista y que es valiente. Los amigos intelectuales piensan que por eso Uribe eligió a Duque, por moderado, porque sabía que con los más enfáticos, como Rafael Nieto y algunos otros de verdad radicales, el Partido no sobreviviría. Dicen además que si bien la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez es menos conciliadora, al ser tecnócrata también se neutraliza el ambiente pugilístico de antes, y eso es bueno. En general hay más aplausos que críticas por “hablar pasito”, y alguien del interior del Centro Democrático me dijo que Uribe públicamente ha reconocido que él carece de ese ánimo sereno de Duque y que le parece bueno. En síntesis, en general a los partidarios de Duque consultados parece no molestarles demasiado ese tono tranquilo y su cara de póker, aunque también es cierto que algunos esperaban un poco más de show mediático estilo Trump, y se consuelan con que Francisco Santos y alguna senadora importante del Partido mantengan la vara en alto en este sentido (y les gusta que ellas sí hayan criticado al presidente por olvidarse de los militantes).

Mientras que unas exitosas abogadas, más bien neutras en política pero que asesoran a empresarios fuertes, dicen que estos se quejan de que la economía no se esté recuperando todavía, otras abogadas, esas sí uribistas de carné, dicen que hay que darle tiempo al tiempo y hasta mandan mensajes incendiarios como de tiempos de campaña refiriéndose a las protestas y otros temas. Los intelectuales que consulté dicen más serenamente que los gobiernos tecnócratas solo pueden mostrar resultados al tercer año y que se debe tener paciencia. Insisten en que como Trudeau en Canadá y Macron en Francia, Duque pertenece a esa nueva generación de presidentes jóvenes que se saltaron una generación y que quienes somos mayores que ellos no alcanzamos a entenderlos bien.

En general empresarios, intelectuales y seguidores insisten en que ven el Gobierno conformado por personas con buenas intenciones, aunque algunos ven un error no solo en el nombramiento de Carrasquilla, sino también del ministro de Defensa. Columnistas digitales de medios reconocidos son abiertamente críticos porque lo ven muy blando frente a lo que esperaban sus electores en orden público o en desmontar el Acuerdo de Paz, y tampoco lo ven en sintonía con la tropa. Algunos critican a la ministra del Interior porque no ha podido poner a votar a los congresistas como se esperaba, pero la mayoría reconoce que es el alfil perfecto para la tarea, la cual ven muy complicada de todos modos.

Todo parece indicar que la ropa sucia se está lavando en casa y que los inconformes más radicales todavía se muerden la lengua. Además, aunque al parecer muchos de los militantes más fieles sí se han sentido muy excluidos a la hora de repartir cargos y desconfían de los “paracaidistas” tecnócratas que reclutó Duque, no parece que vayan a desertar de momento. El tema que parecía un jaque a la reina fue el anuncio de Macías en redes de que se debe pensar una Asamblea Nacional Constituyente, pero a pesar de que eso sea una falta de respeto y de confianza desde adentro a las capacidades del presidente y al propio Partido, para fortuna de ellos nadie le hizo mucho eco en el propio uribismo.

Creo que cuando los pactos con otros partidos comiencen de verdad, porque no hay otra manera de gobernar, se verá si se ha conformado una clara derecha conciliadora tecnócrata que quiere ganarle de nuevo la Presidencia a los candidatos de centro. O puede suceder, como dicen sus principales opositores, que pronto va a mostrar el cobre y ya con menos disimulo defenderá sin eufemismos a los grandes grupos económicos y optará más por la represión que por el diálogo.

Al parecer la protesta social protagonizada por los estudiantes de las universidades públicas ha hecho que se cierren filas en el uribismo cuando ya se estaban distanciando unos de otros en algunos temas. Pero también ha puesto en claro que, como suele suceder con los gobiernos tecnócratas, el actual gabinete no sabe manejar los trucos populistas para calmar a las multitudes y posponer los problemas, como sí lo hizo Santos con toda eficacia.

La prensa de esta semana se ha ocupado como nunca de esas marchas, porque ya es un hecho político que antes solo se cubría realmente en redes, y se está convirtiendo en juicio de la oposición a Duque, en un momento prematuro comparado con lo que es usual. Por lo tanto, deberá responder con una auténtica estrategia de financiación de la educación pública superior a mediano plazo, pactada con todos los partidos, para tener una atmosfera de gobernabilidad mediana de aquí en adelante. En ese punto también deberá apartarse de algunos miembros de su colectividad que han sido tajantes al respecto, y esa será otra prueba de fuego para la unidad del uribismo posuribe y de la capacidad del presidente de gobernar con autonomía.

Perfil

David Roll Vélez

Profesor titular con tenencia de cargo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia y director del Grupo de Investigación UN-Partidos. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, abogado de la Universidad Pontificia Bolivariana, especialista en Derecho Constitucional del Centro de Estudios Constitucionales de Madrid y posdoctorado en Élites Parlamentarias de la Universidad de Salamanca.

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