Vistazo Crítico al Salón Nacional
Desde 1999 comenzó a girar un debate alrededor del Salón Nacional de Artistas. Se hablaba desde varios ámbitos –académicos, instituciones culturales y el gremio de los artistas– de que el Salón era demasiado obsoleto. Su figura, considerada por la mayoría de los representantes institucionales
–José Roca, Jaime Cerón, etc.– como absolutamente moderna,
necesitaba un replanteamiento
adecuado a nuestra época. Publicaciones editadas por el propio Ministerio de Cultura, como “Postreflexiones sobre el Salón Nacional”, aglutinaban
varias opiniones –no propiamente reflexiones en el sentido estricto de la palabra–
que intentaban dar cuenta
de una serie de elementos y apuntaban a construir una nueva figura del Salón o quizá a transformarlo por completo. Al Salón hay que, sino eliminarlo, transformarlo, decían sus detractores.
Para ello se propuso una reforma de fondo donde la curaduría como modelo de “selección” terminaría sepultando
esa “demagogia participativa”
(José Roca) en la que se había convertido el Salón, donde todo cabe, y donde los artistas compiten en desigualdad
evidente, por el premio gordo. Así surgió en el debate la figura del curador.
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