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Foto: Archivo

Aproximaciones a una antropología del diseño

Sandra Gómez
Unimedios

Los diseños son un reflejo de lo humano y como tal no son solamente útiles, son también ideas, prótesis y metáforas, un modo de vivir y ver el mundo. El diseñador y antropólogo mexicano Fernando Martín Juez, invitado por el Programa Acunar de la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad Nacional, nos acerca a la importancia de este vínculo entre lo humano y el objeto.

Los diseños son formalmente objetos, generalmente cosas, prácticamente utensilios, herramientas, instrumentos; comercialmente se convierten en mercancías, productos, artículos; popularmente pueden ser trastos, cachivaches, cacharros; costosamente se antojan baratijas, chucherías, bagatelas. También pueden ser enseres, muebles, inmuebles, pertenencias; tener distintos nombres en su proceso de creación, como concepto, proyecto, prototipo, invento o antigüedad.

Pero ninguna de estas formas de nombrar los diseños habla de los usos concretos. No los describe definitivamente. Hechos a imagen y semejanza de lo humano, los objetos son al mismo tiempo muchas cosas o pueden tener usos distintos de aquellos para los que fueron pensadas, porque están atravesados por un vínculo singular, el de cada cultura y cada biografía personal.

Sin embargo, la globalización y su tendencia estandarizadora han hecho que la vida cotidiana de los seres humanos esté atiborrada con billones de objetos, productos terminados que no sabemos como aprovechar y nunca imaginanos necesitar. Objetos que se imponen por encima del carácter diverso y particular de lo humano.

El diseñador y antropólogo mexicano Fernando Martín Juez propone volver la mirada sobre su antropología, para recobrar su verdadero sentido. Es consciente de que los diseños seguirán haciendo parte de la vida, gracias a la fertilidad de las mentes de diseñadores industriales, gráficos, textiles, ingenieros, arquitectos, urbanistas y artesanos, aunque dentro de una globalidad compulsiva e irrespetuosa de la naturaleza.

La antropología del diseño entiende a los objetos “como un reflejo de lo humano, prótesis para usar, pero también para pensar, metáforas que nos enlazan con experiencias, nostalgias personales, culturales, sociales. Reflejo de oficios, tradiciones, costumbres y hábitos con los que hemos aprendido a usar el mundo. No hace falta más que detenerse en cualquier cosa de las que nos rodean y aventurar su historia”, asegura.

El objeto del objeto

En Tepoztlán los ciruelos dan fruto en septiembre y octubre. El resto del año, sobre todo en tiempo de vendavales, dan papalotes, al menos ese es el decir popular, pues ya se sabe que la mayoría de las veces las cometas de los niños van a parar entre las ramas de los árboles. Pero esto no preocupa a los pequeños, porque siempre habrá cometas en la papelería de don Ricardo, el artesano que nunca cierra. Aunque el fabricante las diseña más o menos iguales, en el cielo nunca se ven dos parecidas, porque parte del juego lo constituyen los detalles particulares que cada piloto le adapta.

En este mismo pueblo, entre octubre y diciembre, es común ver ovnis, cuando los extraños preguntan por esas luces misteriosas, todos los lugareños ponen cara de asombro, aún sabiendo que estos objetos voladores no identificados no son más que globos de papel de colores de los que también construye don Ricardo.

Los papalotes y los globos, estas estructuras de ma­dera cubierta con papel o tela y que vuelan por efecto del viento, son algo más que lo que su función describe y su utilidad sugiere. Al igual que una cocina, un automóvil, un cepillo de dientes o una ciudad son objetos que en su interacción con lo humano incluyen acciones y sentimientos, predilecciones, eventos y consecuencias, a veces muy alejadas de la utilidad primaria.

Los objetos son espejos que, más reflejo de las crisis de identidad del hombre moderno que los celulares, con muchas funciones, muchas nuevas versiones. Sin embargo, estos aparatos que tan bien describen la esquizofrenia del hombre actual, en otros contextos no son útiles para nada distinto a comunicarse. Los indígenas, por ejemplo, son muy hábiles para entrar y salir de la tra­dición.

Reproductores de músi­ca más pequeños que una mano cerrada con capacidad para escuchar 2000 discos compactos. Objetos cada vez más pequeños, desmaterializados, que resumen la vida, que arrastran tras de sí otra cantidad de objetos. En su historia está la historia de las culturas, de sus formas particulares de aprehender el mundo.

Detenerse sobre la humanidad de los diseños obli­ga a evaluar los procesos de producción y distribución; a pensar en los materiales de fabricación, a ser más cons­cientes de lo que ocurre en el ámbito local y en el planetario. Países como Japón, Alemania y Estados Unidos van por este camino. “Ahora se habla de capital natural. Empresas que ya no venden azulejos, ni tapetes, venden algún producto de mantenimiento y un servicio. El fabricante, que es el dueño de los pisos, se encarga de mantenerlos, cambiarlos o reciclarlos. La ley de basura en Alemania también ilustra esta nueva tendencia. Los responsables de los envases desechables ya no son los usuarios, sino los fabricantes. Así las cosas, con el tiempo seguramente ya no seremos dueños de ningún objeto y lo que ofrecerán los fabricantes serán servicios”, apunta el antropólogo.

¿Cómo crear un objeto útil y comprensible que se amolde a nuestras carac­terísticas antropométricas, idiosincrasia y consensos comunitarios?

Un paso adelante en Latinoamérica lo dan iniciativas como las de la Escuela de Diseño Industrial de la Universidad Nacional, con su Programa de Transferencia de Diseño en Comunidades Productivas Emergentes. Este trabajo busca el fortalecimiento del tejido social mediante la formulación e implementación de proyectos de desarrollo en los que la transferencia de conocimiento genera procesos de autogestión.

Además de celebrar esta extensión de la Universidad, el profesor Martín Juez asegura que en el futuro solo serán producidos masivamente los componentes mecánicos y electrónicos de los objetos. Y el utensilio final, según la comunidad, será construido en series reducidas, que incorporarán el azar en las variantes formales, así como la adaptación de la función y los usos para los usuarios específicos de esa comunidad. Es decir, las partes y accesorios serán industriales y el objeto final será artesanal. “Diseñar será el resultado de nuevas síntesis de las más modernas y antiguas tecnologías, de las más avanzadazas ideas y de las más entrañables sabidurías. Los objetos, su apariencia, la manipulación y el uso serán tan singulares como usuarios singulares haya dispuestos a requerir un diseño”, concluye.