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Según un análisis psicológico, decisiones como votar parecen ser más del resorrte de la emoción que de la razón. Foto: Guillermo Flórez

Elección y elecciones

¿Cómo decidir acertadamente sin tener la suficiente información? Matemáticamente sería casi imposible,
pero en la vida cotidiana, con frecuencia sucede. El último ejemplo, de escogencia con poca información lo constituyen las anteriores elecciones parlamentarias.

Arturo Clavijo A. Profesor
Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Humanas
de la Universidad Nacional de Colombia.

Las pasadas elecciones son útiles para ilustrar algunos de los factores que inciden en la manera como tomamos decisiones. Sería ideal que todas nuestras decisiones fueran racionales, pero infortunadamente no es así. Cuando una persona debe escoger entre dos cursos de acción, cuyas consecuencias son claramente discernibles, es casi seguro que optará por aquel que le proporcione el mayor beneficio. Si debe escoger entre dos opciones donde una es de cien mil pesos y la otra de cincuenta, muy seguramente escogerá la primera. Optar por la otra alternativa sería actuar irracionalmente. Las alternativas disponibles casi nunca son tan claras, porque habitamos en un mundo de incertidumbre que las hace más complejas y facilita que, con mayor frecuencia de lo deseable, se actúe irracionalmente.

Podríamos considerar racional una decisión en la que de entre varias alternativas se escoge la que ofrece el mayor beneficio con el menor costo. Cuando no hay certeza sobre las consecuencias de un curso de acción posible es necesario estimar las probabilidades de obtener los resultados esperados para proceder racionalmente. Pero esta evaluación complica el proceso de toma de decisiones.

Si a una persona le preguntaran qué prefiere: perder cero pesos o perder $4.999, muy seguramente escogerá la primera opción. Sin embargo, en la realidad mucha gente escoge perder los $4.999. Por ejemplo, cada vez que una persona se enfrenta a la disyuntiva de comprar o no un billete de lotería con doce números que ofrece un premio de $11.500’000.000, está escogiendo entre una alternativa con un valor real de $-4.999 aproximadamente, si lo compra, o de cero pesos, si no lo compra1, y muchas personas compran la lotería. Es evidente que no nacemos para hacer cálculos complicados, eso hay que aprenderlo, y ni aun quienes tienen formación en matemáticas se detienen a hacerlos cuando toman las decisiones cotidianas.

 

Mayor información, menor error

Pese a nuestras limitaciones para estimar las posibles consecuencias de nuestra conducta, hemos evolucionado con algunas estrategias que nos permiten “sobrevivir” en un mundo incierto. Según algunas teorías, tenemos ingenio para estimar los resultados futuros que desconocemos con la ayuda de unas reglas que se han denominado heurísticos. La palabra heurístico, según el Diccionario de la Real Academia Española (Drae) es “el arte de inventar” o “la búsqueda o investigación de fuentes históricas”. Pero en el sentido técnico, debe recurrirse a la acepción que tiene en inglés y que, según el Webster’s New World College Dictionary, quiere decir “ayudar a descubrir o aprender; específicamente, designando un método de educación o de programación de computadores en el cual el estudiante o la máquina proceden sobre líneas empíricas, que aprenden con la experiencia, para dar solución a problemas”. Una característica de los heurísticos es que ante un problema ofrecen una solución que, si bien no es la mejor, por regla general es suficiente para resolverlo.

El psicólogo Daniel Kahneman, ganador del Nobel en Economía en 2002, junto a Amos Tversky, ya fallecido, describieron tres heurísticos que, aun cuando son útiles para tomar decisiones en situaciones de incertidumbre, ocasionalmente inducen a error. El heurístico de accesibilidad, uno de los más estudiados, se emplea cuando en ausencia de la información pertinente, se recurre a la información más fácil de recuperar en la memoria. Si una persona tiene sed y va a comprar una gaseosa, lo más probable es que compre alguna de las marcas que recuerde primero y no que compare todas las alternativas disponibles para ver cuál es la mejor.

Los otros dos heurísticos son los de representatividad y anclaje, de los cuales sólo mencionaré el primero por razones de espacio. Se utiliza el heurístico de representatividad cuando, en ausencia de la información estadística apropiada, se recurre solo a una o unas pocas de las características de un evento para estimar su probabilidad. Si por ejemplo un médico descubre que un paciente tiene las defensas bajas y debe hacer un diagnóstico rápido, podría concluir erróneamente que es un caso de sida. En todos los casos de sida hay defensas bajas, pero no siempre que hay defensas bajas hay sida. Mientras más información exista sobre las consecuencias de un curso de acción es menor el uso de heurísticos.

 

Las decisiones de los electores

En las campañas políticas que anteceden a las jornadas electorales priman estrategias publicitarias, tales como el uso de vallas, la propaganda por los diferentes medios de comunicación y gente distribuyendo tarjetas con las fotos y nombres de los candidatos, pero no proveen mayor información sobre las propuestas concretas de los candidatos. Obviamente, sobre algunos hay más información que sobre otros, sin embargo, en el caso particular de los últimos comicios era más difícil para los electores porque además de la cantidad de partidos y candidatos, el proceso de votación en sí mismo era innecesariamente complicado.

Cuando una persona va a votar sin contar con la información que requiere es más probable que se guíe por heurísticos. De modo que muchas personas podrían votar por aquellos candidatos de los que ha oído más, sin que necesariamente sean los mejores, en cuyo caso recurrirían al heurístico de accesibilidad.

En otros casos, podrían votar por aquellos partidos o personas que creen que representan ciertos valores sin que sea necesariamente así. Casi todos los candidatos, por ejemplo, han hablado de la importancia de los factores sociales, pero no lo han hecho especificando qué van a hacer en concreto para mejorar las condiciones de muchos colombianos, sino que emplean un discurso con el cual se hacen “representativos” de comunidades minoritarias o de los menos favorecidos.

Y más importante todavía, aun cuando sí había información sobre los candidatos y partidos, es poco probable que haya sido consultada por un número alto de posibles votantes, entre otras cosas porque la investigación necesaria para conocer las características de cualquier alternativa cuando se va a tomar una decisión, implica costos en tiempo que en este caso aumentaban con el número de opciones posibles. El voto por un candidato o partido, al igual que cualquier otra decisión, puede acercarse más a los criterios de racionalidad cuando los posibles electores tienen más información y de mejor calidad.

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1 Para calcular el valor real de comprar el billete de lotería, hay que restarle a la posible ganancia el precio del billete. En este caso (11500000000x(1-12))-5.000. Sí, el premio puede parecer muy atractivo, pero hay que tener en cuenta que la probabilidad de ganar es ínfima, es de 1-12 que se obtiene de multiplicar la probabilidad de obtener el primer número, 1/10, por la del segundo número, de nuevo 1/10 y así doce veces