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"La hoja de ruta" podría entrar en crisis definitivamente tras el resultado de las pasadas elecciones del 25 de enero.

Ismael Haniyeh (centro), líder moderado de Hamas, fue propuesto por el movimiento islamista como candidato a ocupar el cargo de Primer Ministro palestino.

Las frágiles relaciones entre Israel y la ANP podrían deteriorarse aun más con el triunfo de un grupo considerado “terrorista” por el Gobierno estadounidense.

Hamas: ¿interlocutor viable?

¿Qué influencia tendrá la victoria de Hamas en Palestina de cara a las elecciones israelíes del próximo 28 de marzo? Cualquiera que sea la respuesta, no hay duda que este hecho ya está replanteando las lógicas democráticas y la prioridad de los intereses de Occidente en el Medio Oriente.

Zidane Zeraoui *

La victoria de Hamas en las elecciones legislativas palestinas el 25 de enero pasado plantean la problemática del futuro de las negociaciones entre Israel y sus vecinos, en la medida en que el movimiento se convierte en el gobierno palestino y en el portavoz de las legítimas reivindicaciones de la población.

Sin embargo, la negación del primer ministro israelí en ejercicio, Ehud Olmert, de negociar con un “grupo terrorista” puede llevar a un impasse político a la región y a agudizar aún más las relaciones de por sí bastante deterioradas entre los dos vecinos. El punto central de la controversia es saber si Hamas puede o no ser un interlocutor viable para Israel.

El no reconocimiento de Israel que plantea el movimiento palestino no puede representar el único argumento para excluirlo de la hoja de ruta en la medida en que el mismo partido en el poder en Israel, por lo menos hasta antes de la escisión del Likud, plantea en sus estatutos el no reconocimiento de un Estado palestino. Esta doble lógica con un fuerte ingrediente religioso es parte de la vida política regional.

Proclamamos la creación de un Estado judío en Palestina. Un Estado judío que tendrá como nombre Israel. No se trata de un Estado democrático, sino de un Estado judío, escribió Ariel Sharon en el periódico israelí Yediot Aharonot en 1993. El ex Primer Ministro de Israel tenía la clara visión que el Estado naciente en 1948, tenía que restringir los derechos de las demás minorías para lograr la aspiración sionista de un Estado judío.

La victoria del Partido de la Resistencia Islámica (Hamas) en las elecciones palestinas (76 diputados contra 43 de Al Fatah de un total de 132) cambió las condiciones políticas del Medio Oriente: el mundo occidental ve con temor que la democracia que tanto exigía le dio la victoria a un movimiento indeseado; Israel, tras años de desautorización y destrucción sistemática de la moderada Autoridad Nacional Palestina (ANP), debe asumir que su mayor enemigo ha tomado el poder; Al Fatah, el movimiento dominante creado por Yasser Arafat, fue derrotado por su corrupción e indecisión y debe reformarse so pena de desaparecer del escenario palestino; Hamas esperaba un buen resultado pero no una victoria tan contundente. En el mundo árabe la incredulidad dominó los sentimientos de los líderes: mientras que Siria e Irán festejaban la victoria de Hamas, en El Cairo o en Amman, es más bien la preocupación la que prevaleció.

La reconfiguración política

A pesar de los temores suscitados en el mundo occidental, aunque el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas, designe al Hamas para formar el nuevo gobierno en Cisjordania y Gaza, el proceso de paz y la “hoja de ruta” aprobada en 2003 por el cuarteto (Estados Unidos, Unión Europea, ONU y Rusia) seguirían sin modificaciones sustanciales. En efecto, el sistema palestino otorga amplios poderes al presidente y, formalmente, quien debe negociar con Israel un tratado de paz es la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y no la ANP, que es un gobierno gestor de los territorios ocupados. El Primer Ministro y el Gobierno, que elige el Parlamento, tienen poderes limitados, ya que en su momento Arafat se reservó el control de las fuerzas de seguridad y el poder judicial y ciertas prerrogativas del poder ejecutivo y legislativo, que hoy detenta Mahmud Abbas.

La decisiva victoria del Hamas no lo conllevó a endurecer su posición. Al contrario, el partido adoptó una prudente actitud para celebrar su éxito electoral. Una vez los resultados conocidos, el líder del Hamas, Mahmud al Zahar, pidió una entrevista con Mahmud Abbas, el presidente de la ANP y declaró que si Israel interrumpe sus operaciones militares en particular en Gaza, una nueva tregua es posible. Contra toda expectativa el gobierno propuesto por el Hamas incluye por primera vez en la historia política palestina a mujeres, a pesar de su imagen como movimiento fundamentalista y por ende antifemenino. La inclusión de mujeres le da al Hamas una autoridad moral que la ANP no tenía anteriormente.

Por otra parte, frente a la crisis suscitada por la publicación de las caricaturas de Mahoma primero en Dinamarca y posteriormente en varios periódicos europeos, Hamas ha tomado una actitud que contrasta con lo ocurrido en otros países. Mientras que en Líbano, Siria, Irak o Irán las manifestaciones se han orientado a tomar como blanco instituciones europeas, en Gaza, Hamas movilizó a sus fuerzas para proteger a las iglesias cristianas y a las representaciones europeas.

Frente a esta actitud de relativa apertura, tanto Israel como el Mundo Occidental condenaban de antemano la futura posición de Hamas. Tel Aviv ya anunció que no negociará con un gobierno terrorista y podría seguir con su política unilateral como ya lo había realizado Ariel Sharon en los últimos meses. La condena de antemano del Hamas y la negativa que varios gobiernos plantean para reconocer un posible gobierno palestino encabezado por el partido ganador de las elecciones palestinas, contradice la lógica de los procesos mesoorientales.

En efecto, el propio Likud, el partido de Ariel Sharon (hasta finales de 2005) y de Benjamín Netanyahu, votó el 12 de mayo de 2002 en su comité central, una resolución por la que se opone formalmente a la creación de un Estado palestino, lo que, en términos de la “hoja de ruta”, imposibilitaría a un Gobierno del Likud a negociar con cualquier gobierno palestino. Esta posición es la contraparte del Hamas de no reconocer a Israel. Y sin embargo, Ariel Sharon terminó por aceptar la posibilidad de la existencia de dos Estados.

La victoria del Hamas es la conclusión de un proceso lógico. Desde su nacimiento el movimiento ha izado la bandera de la resistencia contra la ocupación israelí, plateando que es la obligación de todo musulmán, hombre o mujer . Su rechazo de los acuerdos de Oslo y su oposición a la OLP, lo han convertido en la única opción viable frente a la corrupción y a la política tibia de Al Fatah. Por otra parte, en Israel, desde hace varios años, el electorado optó por la mano dura primeramente con Benjamín Netanyahu y luego con Ariel Sharon. Así, los palestinos respondieron con la misma dureza que los israelíes: los radicales de Hamas pueden lograr la paz más que los moderados de la OLP.

Contrariamente a la visión occidental sobre el movimiento, para los palestinos Hamas es sinónimo de orgullo y resistencia y sobre todo de honradez y rectitud. La actividad social del movimiento rebasa de lejos la presencia de la Autoridad Nacional Palestina que no supo responder a las necesidades de una población oprimida y sin esperanzas. Hamas es percibido por los palestinos y en particular por los refugiados, como una organización eficaz, honrada y en la que se puede confiar. Al igual que el Hizbolá en el Líbano, Hamas empieza siendo un movimiento violento radical, pero que logra imponerse políticamente.

Problemas y oportunidades

Lo que sucedió en Palestina no es un caso aislado. En todos los países musulmanes en donde se han llevado a cabo elecciones limpias, son los movimientos islamistas los que han triunfado. El desgaste político, la corrupción, el nepotismo, el crecimiento de la pobreza y la desesperanza frente a un sistema político que se ha derrumbado, han permitido a los grupos fundamentalistas erigirse como la opción más lógica y saludable, presentando a los “verdaderos musulmanes” como personas intachables y honestas. La ecuación islamista-honestidad jugada en muchos países ha permitido la irrupción política de los radicales religiosos en los escenarios electorales. En Argelia con el Frente de Salvación Islámica en 1991, en Turquía con Reyep Erdogan en 2003, en Egipto con la Hermandad Musulmana en septiembre de 2005, los fundamentalistas desplazaron las fuerzas políticas tradicionales.

La Victoria del Hamas tendrá varias consecuencias. En primer lugar una influencia en las elecciones israelíes del 28 de marzo próximo. Benjamín Netanyahu ha aprovechado estos resultados para nuevamente criticar la política de Sharon de un retiro unilateral y podría convencer al electorado israelí de votar más a la derecha, permitiendo que la rama radical del Likud llegue al poder.

Por otra parte, Estados Unidos, que tiene al partido en la lista de los grupos terroristas no puede legalmente seguir aportando su contribución. De la misma manera Israel que recolecta los impuestos en varias partes de los territorios ocupados para luego regresarlos (con meses de atraso) plantea la posibilidad de no entregar el dinero a un gobierno islamista. Inclusive la Unión Europea podría reducir o anular su apoyo financiero a los palestinos. Sin embargo, para el Hamas no habrá ningún problema financiero: por una parte, la OLP nunca entregaba el dinero que recibía, y por otra, el mundo islámico (entre otros Irán) podría fácilmente reemplazar al mundo occidental.

La tercera cuestión problemática es la relación entre la OLP y el Hamas, y dentro de la propia OLP. La limpieza gubernamental prometida por el partido islamista podría iniciar una violencia callejera entre los militantes de Al Fatah que buscan no perder sus privilegios. Pero dentro de la propia OLP, la ira de los milicianos se ha dirigido contra la vieja guardia de su formación, a la que acusan de ser responsable de la derrota por su ineficacia y corrupción.

Un panorama complejo para el Medio Oriente, pero como dijo el ex presidente norteamericano, James Carter: “No empujen a los palestinos hacia la irracionalidad. No los empujen a asumir que las armas son el único medio para lograr sus legítimas aspiraciones. Démosle cierto apoyo y el beneficio de la duda”.

(*)Coordinador Maestría en Estudios Internacionales del Tecnológico de Monterrey y autor de Islam y política y Arab Inmigration in Mexico.