UNP No. 77
Título : Las geociencias al servicio de la memoria
Autor : Yino Castellanos
Sección: Investigación
Fecha : Julio 3 de 2005 |
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Más del 70% de la población del municipio de Armero murió tras la avalancha. Vista aérea días antes de la tragedia.
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Las geociencias al servicio de la memoria
Veinte años después de la avalancha que sepultó al municipio tolimense de Armero, las entrañas de los diferentes sistemas volcánicos del país aún se presentan como una pregunta abierta para los profesionales de las ciencias de la tierra, que se reunirán en Bogotá en el X Congreso Colombiano de Geología el próximo 26 de julio.
Yino Castellanos
Unimedios
Estamos hechos de olvido.
Jorge Luis Borges
Como una oscura premonición, las fumarolas se elevaron hasta casi tocar el cielo. Algunos funcionarios del entonces municipio de Armero se preguntaban si sería un espectáculo de juegos pirotécnicos. Un segundo después, el mundo se extinguió, para probablemente no volver a nacer. Sin embargo, resurgió, literalmente de las cenizas, para dejar una dolorosa pregunta en el aire: ¿cómo fue posible que pasara semejante tragedia?
El 13 de noviembre de 1985, la erupción del Volcán Nevado del Ruiz provocó la muerte de al menos veinte mil personas, constituyéndose en la cuarta tragedia natural causada por un volcán en la historia mundial. Entonces, los artículos de prensa, informes técnicos, declaraciones de pesar y recriminaciones, causaron una segunda avalancha de información que, paradójicamente, y dada la dimensión de la catástrofe humanitaria, cubrió con un manto de ignorancia la que debió ser una explicación clara y precisa de lo que había sucedido en términos geológicos.
"Hoy estamos mejor preparados para afrontar una posible erupción volcánica, en parte gracias al avance en los estudios vulcanológicos, y también por la creación de una red institucional, dispuesta para reducir la vulnerabilidad de los grupos humanos ante esta o alguna otra amenaza geológica", señala Henry Villegas, geólogo de la Universidad Nacional, y encargado de coordinar el foro "Armero y Chinchiná veinte años después", que tendrá lugar en el X Congreso Colombiano de Geología.
Sin embargo, Villegas, quien actualmente trabaja con la subdirección de geología básica del Instituto Colombiano de Geología y Minería (Ingeominas), reconoce que la situación de los estudios geológicos en el país no es la óptima. "Esta es una de las razones para llevar a cabo el congreso, y compartir experiencias y avances en el desarrollo de esta ciencia", concluye.
En esta medida, es necesario recordar que, debido a la catástrofe, Ingeominas asumió la tarea de monitorear los sistemas volcánicos más importantes del país, con la implementación de tres observatorios vulcanológicos (Manizales, Popayán y Pasto) dispuestos estratégicamente en las zonas que presentan mayor actividad en el territorio colombiano.
Éstas se concentran en los departamentos de Cauca, Nariño, Huila y Tolima, con no menos de 19 bocas que se extienden desde el suroccidente del país, hasta el centro, con el Volcán Nevado del Ruiz que hace parte del Parque Nacional Natural Los Nevados. Este gigante, que alcanza los 5.370 metros sobre el nivel del mar, conforma con Cerro Bravo, Cisne, Santa Isabel, Páramo de Santa Rosa, Tolima, Quindío y Machín, el complejo volcánico RuizTolima, que se extiende 60 kilómetros sobre la cima de la Cordillera Central. Después de la tragedia, su actividad es monitoreada desde el observatorio vulcanológico de Manizales. Otro aparato volcánico activo, vigilado desde la ciudad de Popayán es el de los Coconucos, mientras el grupo del Galeras, Cumbal, Doña Juana y Azufral es supervisado por los profesionales del observatorio de Pasto.
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Vista del lugar donde había crecido el municipio de Armero, días después de la tragedia. Las fotografías pancromáticas fueron tomadas por el equipo de Ingeominas.
Cortesía: X Congreso Colombiano de Geología. |
Con los ojos bien abiertos
El geólogo de la Universidad Nacional, Jaime Romero, participó en las labores de vigilancia del Ruiz, meses después de la avalancha. Para el primer semestre de 1986 ya estaba montada la Red Sísmica Nacional, y se evaluaban los datos emitidos por el volcán las 24 horas del día, siguiendo tres criterios básicos de análisis: geofísico, geoquímico y geodésico.
"Se conformaron grupos de trabajo para atender estos aspectos, ante la dimensión de la tragedia. Cada observatorio podía contar hasta con veinte profesionales. Hoy, sin embargo, su número se ha reducido a menos de la mitad", comenta Romero. Cabe agregar que en cuanto a la actividad científica, los estudios geofísicos permiten registrar la cantidad de energía liberada en cada movimiento en la zona del volcán, gracias a sismógrafos que hacen las veces de "oídos" de las entrañas de la tierra.
De igual manera, la gravimetría permite conocer la densidad de los materiales que hacen parte del volcán. "Cuando asciende magma o cualquier otro material a la superficie, un gravímetro altamente sensible contribuye a determinar su densidad y qué tan nuevo es", complementa Romero. Así mismo, la geoquímica de los gases contribuye a caracterizar el comportamiento global del volcán y los flujos que se dan en su interior, ya sea de agua o de líquido magmático, gracias al análisis meticuloso de las sustancias que expele.
No menos importante es el trabajo geodésico. La figura geométrica de un volcán indica la manera como se acumulan los materiales en su interior, cuando éste se deforma, es señal de la aparición de nuevos elementos en su seno; entonces, es posible establecer una serie de puntos en el sistema volcánico y zonas vecinas para fundar una red de vigilancia que dé cuenta de la actividad que originó la alteración en la forma del volcán.
El desarrollo de estas actividades revela el interés que suscitó en la comunidad científica colombiana el desastre. Como recuerda Henry Villegas, "apenas unas semanas antes se había levantado el primer mapa de amenaza y riesgo geológico para el municipio de Armero, en una región que había padecido en tres oportunidades (1595, 1845 y 1950), deposiciones de lahar (flujos de escombros de origen volcánico), incluso mayores a la de 1985". Hoy los cultivos de arroz y de sorgo han reemplazado los asentamientos humanos.
"La introducción de técnicas sofisticadas como la toma de fotografías por satélite, aunque necesaria, no es suficiente para tomar conciencia de los aportes que la ciencia geológica puede hacer en la prevención de catástrofes naturales, que sin duda seguirán ocurriendo", afirma el geólogo. Iniciativas gubernamentales como la creación del Sistema Nacional de Atención y Prevención de Desastres, y la permanente capacitación del componente humano que hoy posee más herramientas para articular su trabajo técnico con la comunidad, gracias a los comités locales y regionales de emergencia, son algunas lecciones que ha dejado la peor catástrofe natural que ha sufrido el país.
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