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UNP No. 76
Título : Luz verde para las cuencas del país
Autor : Yino Castellanos
Sección: Medio Ambiente
Fecha : Junio 12 de 2005
Luz verde para las cuencas del país

Aspecto del imponente cañón del río Garagoa, que en el área de estudio recorre 103 kilómetros.


Con la formulación del Plan de Ordenamiento y Manejo Ambiental de la Cuenca del río Garagoa, los recursos hidrográficos y agrícolas de esta zona del país podrán ser administrados con eficiencia por la propia comunidad.

Yino Castellanos
Unimedios

Ante los ojos de don José estaba la fotografía satelital que le mostraba a él y a otros 25 campesinos, la situación de los suelos que hacen parte de una de las zonas de la extensa cuenca del río Garagoa, ubicada en los límites de los departamentos de Boyacá y Cundinamarca.

Cultivador de papa como su padre, el labriego tomó uno de los 27 talleres programados en el Plan de Ordenamiento y Manejo Ambiental de la Cuenca del río Garagoa, en su componente de participación comunitaria, y pronto comprendió que, del esmerado cuidado de su terruño, insertado en 2.508 kilómetros cuadrados del quebrado paisaje, dependían, no sólo la alimentación de su familia y el adecuado mantenimiento de un conjunto de ecosistemas que soportan la actividad agrícola de la región, sino la afluencia de agua al embalse de La Esmeralda, que garantiza la fuerza hidroeléctrica del área.

Como don José, otros 581 habitantes de la cuenca, distribuidos en los 33 municipios que tienen asiento en ésta (28 en Boyacá y 5 en Cundinamarca), hicieron parte del proceso de participación, previsto en la formulación del plan, que en palabras del investigador Carlos Eduardo Ángel, del Instituto de Estudios Ambientales (Idea), de la Universidad Nacional, "se constituye en el más adelantado para las cuencas hidrográficas del país, dando cumplimiento a lo estipulado en el Decreto 1729 de 2002, que ordena a las autoridades ambientales planear el desarrollo de las mismas".

En consecuencia, el Instituto de Estudios Ambientales y Meteorológicos (Ideam) se asesoró de un equipo de al menos 30 personas entre investigadores, técnicos y estudiantes de la UN, que coordinados por el Idea, formularon el plan en año y medio de trabajo. Las fases de aprestamiento, diagnóstico, prospectiva, seguimiento y evaluación, sirvieron de columna vertebral para la formulación del mismo, y de esta manera cumplir con la filosofía del ordenamiento de cuencas, que se concibe actualmente como un proceso de planificación, sistemático, previsivo, continuo e integral.

Es decir, como refiere la investigadora Elizabeth Valenzuela, partícipe del proyecto, "el ordenamiento ambiental del territorio debe tener en cuenta la organización de los grupos sociales y de las instituciones que intervienen, en un enfoque amplio". Con este objetivo se preparó el terreno institucional y a las comunidades de la región.

Luego vino el diagnóstico de la situación actual de la cuenca, en términos biofísicos, socioeconómicos e institucionales, lo que supuso el trabajo interdisciplinar de biólogos, geógrafos, geólogos, economistas e incluso un matemático, entre otros profesionales. Ellos, bajo la dirección del profesor Germán Márquez, asociado al Idea, adelantaron su labor siguiendo el criterio de zonificación ambiental, es decir, parcelando el territorio según análisis cartográficos y temáticos basados en el concepto de infraestructura ideal posible, aunque sin perder de vista el área en su conjunto.

Los resultados generales, como señala el profesor Márquez, "revelan que los riesgos y amenazas en la cuenca se relacionan con movimientos sismicos, en masa, inundaciones e incendios. La áreas críticas se presentan en la microcuenca de la quebrada La Cuya, cerca del municipio boyacense de La Capilla, las veredas El Guamo de Sutatenza y Mutatea de Tenza, también en Boyacá". Esto debido, entre otros factores geológicos, a la composición arenisca de una área que presenta fuertes pendientes, altos niveles de precipitación y la proximidad a las fallas activas del piedemonte llanero.

"Además -continua Márquez-, otros deslizamientos de considerable magnitud se presentan en la quebrada La Negra (en la margen derecha del embalse La Esmeralda que se nutre de las aguas del Garagoa), y la vereda El Volcán del municipio de Tenza".

Como resultado de los talleres se obtuvo el diagnóstico de la cuenca visto desde las instituciones y la comunidad.

El componente social

La zonificación antes mencionada, permitió identificar la red de áreas naturales que soportan la vida de la región y clasificarla en cuatro zonas: conservación, restauración, recuperación y uso sostenible. También se tuvo en cuenta el grupo social que usa el territorio, y la forma de hacerlo, con el objeto de relacionar su actividad con el inventario detallado de recursos, su disponibilidad y cuidado.

En esta medida, como afirma Elizabeth Valenzuela, "la cuenca presenta una alta complejidad climática, topográfica y ecosistémica. El diseño de un plan de manejo debe apuntar a la integración de todos los factores que en ella confluyen. Por esta razón, es necesario tener en cuenta que cerca del 80% de la cobertura de vegetación original ha sido reemplazada por matorrales y potreros, y en menor medida por cultivos".

Cabe agregar, por ejemplo, que la región tiene un 20% de bosques de subpáramo, que debe conservarse, mediante estrategias concertadas con la comunidad. "Por esto, una vez realizado el diagnóstico y la concreción de estrategias para el uso adecuado del territorio, se procede a formular escenarios posibles en la fase de prospectiva", afirma Juana Camacho, economista de la UN.

Ella participó activamente en el análisis de las variables socioeconómicas de la región estudiada, y encontró que en los últimos tres años la actividad agrícola ha decrecido cerca del 40%, posiblemente debido al agotamiento de los suelos, disminución del recurso hídrico, incremento de los costos de producción y migración poblacional rural.

"Son 175.000 habitantes, que no usan efectivamente más del 20% del territorio total de la cuenca, en parte por la crisis del sector agropecuario, y en parte porque no es necesario ni posible", agrega la economista.

Entre otras, la promoción de acciones efectivas de agricultura limpia, la delimitación de zonas de conservación para aislarlas del ganado y de los cultivos de papa, la siembra monitoreada de especies nativas y útiles como sauces y feijoas, e incluso la recomendación de reubicar la población de zonas del municipio de La Capilla, se incluyen en el plan de estrategias para contrarrestar cada problemática. "La participación de la comunidad es fundamental para alcanzar la sostenibilidad de la región estudiada", reitera el profesor Carlos Ángel, quien espera, una vez consolidado el Plan, que las corporaciones ambientales adelanten su ejecución.