UNP No. 76
Título : El arte de la dictadura
Autor : Paula Andrea Grisales
Sección: Cultura
Fecha : Junio 12 de 2005 |
El arte de la dictadura
 |
El arte revela los enigmas de la sociedad, dice Marcelo Ridenti.
Foto: Archivo Particular.
|
La historia del Brasil es un caso singular entre los países latinoamericanos. Su dictadura tuvo un proyecto de nación que apoyó la cultura y la educación a pesar de la represión, la censura y las restricciones de las libertades democráticas. Marcelo Ridenti, sociólogo de la cultura, da una mirada al pasado de su país desde las expresiones artísticas.
Paula Andrea Grisales
Unimedios
Parece ser que Marcelo Ridenti, investigador de la Universidad de Campinas (Sao Paulo), no solo habló de cómo el arte fue decisivo en la crítica durante la dictadura brasilera (19641985); cuentan que hasta cantó canciones de Chico Buarque y de Caetano Veloso para dar ejemplos del diálogo entre cultura y política, que ayuda a entender mejor la historia reciente de su país. Por eso, las conferencias que Ridenti dictó del 16 al 18 de mayo para inaugurar la Maestría en Estudios Culturales en la Universidad Nacional fueron para alquilar balcón, aunque por la escasa asistencia no fue necesario. Para llevarle a un público más amplio las opiniones de este sociólogo de la cultura, UN habló con él.
UN Periódico: Muchos creen que la música popular brasileña, como la de Caetano Veloso y Chico Buarque es romántica o festiva, pero la verdad es que tiene un fuerte componente social y político. ¿Cómo en Brasil se logró generar un arte político sin caer en lo panfletario?
Marcelo Ridenti: Sus canciones tienen un componente romántico en el sentido del lirismo, de cantar el amor entre dos personas, pero también tienen un componente romántico en el sentido social y político. Las grandes cuestiones del Brasil se dejan ver directa o indirectamente en las obras de Chico, Caetano y otros artistas, especialmente de los años sesenta y setenta.
Algunos entienden el sentido político del romanticismo apenas como retorno utópico a un paraíso perdido en el pasado; o peor aún, como un idealismo distante de la realidad. Sin embargo, no es en ese sentido que yo utilizo la idea de romanticismo revolucionario para pensar la cultura de la política en el Brasil de los años sesenta. En aquel momento -en el que vivíamos un proceso acelerado de urbanización y modernización-, ciertas izquierdas, sus artistas e intelectuales valorizaban la acción para cambiar la historia en un proceso de construcción del "nuevo hombre".
Lo que se buscaba en el pasado, donde estaba ese modelo de hombre, era una cultura popular auténtica para construir una nueva nación, al mismo tiempo moderna y comprometida. Esa estructura del sentimiento generó obras muy politizadas, pero efímeras, ya que no cuidaban de las cuestiones formales. A pesar de ello, hubo una producción significativa que buscaba revolucionar, además de la sociedad, el arte.
UNP: ¿Cómo era ese "nuevo hombre" y cuál fue su presencia en las expresiones artísticas?
MR: Tenía sus orígenes en la idealización de un auténtico hombre del pueblo, con raíces rurales, del corazón del Brasil, supuestamente no contaminado por la modernidad urbana capitalista, lo que permitiría una alternativa de modernización que no implicara la deshumanización, el consumismo, el imperio del fetichismo de la mercancía y del dinero.
Por ejemplo, el indígena exaltado en el romance Quarup, de Antonio Callado (1967); la comunidad negra celebrada en la película Ganga Zumba, de Carlos Diegues (1963); y en la obra Arena conta Zumbi, de Boal y Guarnieri (1965); los campesinos en la película Deus e o Diabo na Terra do Sol de Glauber Rocha (1963), etc.
Era una época en la que Brasil, así como todo el mundo, vivía el clima tercermundista, de la liberación nacional frente al colonialismo y al imperialismo, de la solidaridad internacional con los pueblos subdesarrollados que se liberaban en Cuba, Vietnam, Argelia y otros países.
UNP: ¿En el resto de los países latinoamericanos sería posible y necesario propiciar el diálogo entre arte y política para comprender mejor la historia?
MR: Sí. Parece que es posible reflexionar sobre la vida social y política de todos los países -especialmente en los de Latinoamérica- a través de la cultura y el arte.
Me voy a quedar solamente con el ejemplo de un país hermano, Argentina de los años sesenta y setenta. Los problemas de su historia están reflejados en el cine de Solanas y Birre, en la literatura de Cortázar e incluso, en los cómics de Quino. Esa tradición de reflexionar sobre nuestra América por medio de obras de arte sigue hasta hoy, aunque de otro modo, como es el caso de la producción cinematográfica en varios países, entre ellos, Colombia.
Desvendar la forma por la cual el arte intenta expresar los enigmas de nuestras sociedades es una tarea que exige no solamente conocimientos específicos de cada campo (teatro, cine, literatura), también de historia, sociología, economía, en fin; los estudios culturales conllevan intrínsecamente una exigencia de interdisciplinariedad.
UNP: El reconocimiento de estas manifestaciones culturales, ¿cómo pueden ayudar a las sociedades latinoamericanas a mejorar la imagen de sí mismas y a consolidar una autoestima nacional?
MR: No creo que las manifestaciones culturales puedan por sí mismas mejorar el autoestima nacional sin que nada cambie social, política o económicamente. En ese caso, serían mera ideología para legitimar el orden establecido y no merecerían el nombre de arte o cultura, pero sí el de propaganda. Hoy se asiste en la televisión brasilera a una campaña publicitaria del gobierno para aumentar la autoestima del pueblo, que debería tener "orgullo de ser brasilero". El problema es que, a pesar de las buenas intenciones del gobierno Lula, parece que no se está implementando un proceso más profundo de transformación; así que el tal "orgullo de brasilidad" se restringe a una pieza de propaganda.
UNP: ¿Cómo lograr que las propuestas que buscan un orden alternativo se materialicen?
MR: No es fácil contestar a esta pregunta. Depende mucho de la propia dinámica económica, social y política global. Frederic Jameson tiene un instigante análisis sobre los problemas en la producción de un arte político en nuestros días, en donde el capitalismo prácticamente inviabilizaría actividades grupales que pudieran basarse socialmente en un arte revolucionario, en una época de ocupación casi completa del espacio cultural por la lógica mercantil. Habría una "atomización reificada", impuesta por el capitalismo actual. Jameson admite, como fundamento social para un nuevo arte político y una producción cultural auténtica a ser creada, la constitución de un "grupo nuevo y orgánico" por medio del cual el colectivo abriría camino en la atomización reificada de la vida social.
UNP: ¿Logran los intelectuales y los académicos ser un motor para replicar y llevar a los hechos las propuestas que se hacen en el Foro Social Mundial?
MR: Es cierto que los intelectuales tienen un papel importante de reflexión, de crítica, de intentar aclarar alternativas posibles. Pero ellos por sí no tienen cómo reemplazar los movimientos de la sociedad. Sería un equívoco reproducir prácticas de los partidos de vanguardia en los modelos de la década del 60, compuestos por intelectuales que imaginaban actuar en nombre del pueblo.
Traducción de Lina Oliveira, Centro de Lenguas Extranjeras de la Universidad Nacional de Colombia.
|