UNP No. 75
Título : En los archivos de la memoria
Autor : Paula Andrea Grisales
Sección: Cultura
Fecha : Mayo 22 de 2005 |
En los archivos de la memoria
Validar la palabra de minorías, víctimas y, en general, de aquellos cuya presencia ha sido solo nominal en la memoria oficial, es lo que pretende la historia oral. En ella, las voces anónimas son la base para construir mejor la verdad histórica.
Paula Andrea Grisales, Unimedios
Para hacer precisa la narración de los hechos pasados, la historia se sustentó en la escritura, pero al paso de los siglos han sido muchas las omisiones que este rigor ha promovido. La historia oral le da la palabra a los excluidos y sus voces se convierten en un documento rico e iluminador que devela otras dimensiones de acontecimientos recientes como guerras y dictaduras. UN Periódico conversó con el historiador español José Antonio Vidal, uno de los invitados al Encuentro Internacional de Historia Oral realizado en la Universidad Nacional a principios de mayo. Vidal hace parte del grupo Seminario de Fuentes Orales, de la Universidad Complutense de Madrid, que ha entrevistado a los protagonistas menos visibles de la Guerra Civil y el Franquismo.
UN Periódico: Hay quienes acusan a la memoria de ser una fuente pobre y frágil. ¿Cómo trabajar científicamente con esos reflejos más o menos exactos del pasado?
José Antonio Vidal: En efecto, la memoria es pobre, frágil, mentirosa y olvidadiza, pero evidentemente también los documentos lo son: olvidadizos, interesados. Entonces hay que complementar. No estoy de acuerdo con que la historia oral sea la verdadera historia, pero tampoco que la historia documental lo sea, ni la hecha con prensa; pero si usted hace uso de todas ellas puede acercarse más a la realidad.
UNP: ¿Qué hace tan valiosa esa fuente de información que es la memoria?
JAV: Que es muy rica, sobre todo cuando esos testimonios no pertenecen a una persona señalada o responsable políticamente. Cuando es alguien anónimo hay menos peligro de que tergiverse la historia, porque al no estar implicado ni tener acusaciones puede hablar libremente desde su punto de vista de víctima o verdugo. Hay menos traición, menos intereses en el discurso.
UNP: ¿Cuál es el trabajo que hace el Seminario de Fuentes Orales?
JAV: El Seminario se creó en 1984 con el fin de elaborar trabajos sobre fuentes orales de tiempo presente en España, crear un archivo de la palabra con las entrevistas recogidas en las investigaciones y organizar jornadas y seminarios metodológicos que reunieran el mayor número de investigadores sociales interesados en el tema.
UNP: Ustedes trabajan con la investigación histórica como un instrumento para recuperar la memoria colectiva, ¿cómo lo hacen?
JAV: Tenemos un gran número de informantes de diferentes épocas, en especial de la franquista, sobre temas diversos. Nos ha interesado en especial la mujer: en la educación, en la política y en el sector sindical. La historia oficial habla de los hombres, sean de un bando o de otro, y ellas aparecen siempre como un complemento o como un adorno en el bando fascista, comunista o republicano; su papel está sólo en el recuerdo y por escribir.
UNP: ¿Entonces el trabajo con fuentes orales contribuyó a elaborar una historia más completa y veraz sobre etapas como la Guerra Civil y el Franquismo?
JAV: Sí. El ganador tiene documentos, cine, programas de radio, novelas, mientras el perdedor fue silenciado, entonces hay que rescatar esos testimonios, esto no quiere decir que ellos son quienes tienen razón. Nuestra historia se complementa con estos discursos. Como ya dije, un ejemplo es la mirada femenina de la guerra y la posguerra que cambia completamente la visión de la vida cotidiana y del conflicto.
UNP: ¿Cómo lograr que el pueblo sea sujeto y protagonista de la historia?
JAV: El individuo no sólo está dando una información, también es historiador. Cuando usted le pregunta sobre un hecho del que fue partícipe, él reconstruye su pasado y da su versión, que no tiene por qué ser la verdadera, pero está siendo historiador. El investigador lo que hace es provocarle.
UNP: ¿Cómo puede la historia oral conquistar el reconocimiento académico?
JAV: Difícil, porque el corporativismo de los historiadores positivistas es muy fuerte en las academias y en las universidades, se niegan a aceptar esta herramienta. Pero ya somos muchos los investigadores sociales -historiadores, antropólogos, educadores, sociólogos-, los que intentamos reivindicarla mediante jornadas, publicaciones y congresos como el que se hizo en la Universidad Nacional. En países donde hay grandes olvidos, donde ha habido conflictos civiles, guerras, cada vez tiene mayor reconocimiento.
UNP: ¿En qué lugares la historia oral tiene un trabajo prioritario?
JAV: En los países del tercer mundo de Asia, África y Latinoamérica, donde hay cantidad de pueblos indígenas sin historia, no porque no la hayan tenido sino porque se ha acallado. El caso más claro es América. En La Conquista fueron los misioneros españoles quienes escribieron la historia y de manera muy parcial. En el caso colombiano, son prioritarias las poblaciones que escaparon de tragedias horribles y han tenido que salir de su hábitat normal para venir a lugares como Bogotá ¿Dónde está su historia? Está en su memoria y esa memoria hay que rescatarla, de lo contrario nadie va a conocerla. Solo queda la palabra.
UNP: ¿Cómo es la relación con las fuentes orales?
JAV: Cuando usted va a un archivo está en contacto con algo frío, muerto; tiene que tomar lo que hay, nada más. Hablar con una persona es muy diferente. Se trabaja con historias de vida. El investigador establece unos puntos que le interesa abordar, pero tiene que respetar aquellos a los que el entrevistado da mayor importancia. Debe dejar hablar, pero dirigir también: saber parar o desviar cuando su fuente está dando información demasiado íntima. También hay otro aspecto: es más complejo no implicarse porque se está enfrente de una persona que le está contando su vida. Ahí el investigador debe tratar de ser como el psiquiatra: completamente imparcial, cosa que es muy difícil.
UNP: Colombia es un país en el que no hay consolidada una nación, quizá porque la pluralidad de sus memorias colectivas no han sido tenidas en cuenta. ¿El trabajo con las fuentes orales puede lograr la configuración de una identidad nacional?
JAV: Previo a esa identidad nacional, que es la meta, hay que reconstruir las identidades regionales. Hay que respetar esas grandes columnas que sostienen la palabra Colombia: La Guajira, Chocó, Los Andes, etc. Si se reconstruye desde las élites, como siempre, se caerá el edificio. Hay que apuntalarlo incluso con las pequeñas comunidades amazónicas y de la Orinoquia. La historia oral en este país tiene todo por hacer, regional y étnicamente. Esas historias van a desaparecer, muy pocos jóvenes, incluso de esas comunidades, las saben. Colombia tiene que reconstruirse, primero haciendo visible las otras culturas, no dejándolas en la selva. Sacarlas a la luz y decir: "Esto es Colombia", esas pequeñas y medianas culturas que el propio colombiano ignora, a no ser de las manifestaciones folclóricas más o menos puntuales. Ese interés tiene que partir del sector académico y luego irradiarse a la sociedad.
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