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UNP No. 75
Título : ¿Por qué es bienvenida la amistad entre Turquía y Europa?
Autor : Murat Belge
Sección: Internacional
Fecha : Mayo 22 de 2005

 

¿Por qué es bienvenida la amistad entre Turquía y Europa?

La posible admisión de Turquía a la Unión Europea a menudo se plantea en términos de lo que le conviene a Europa. Pero, ¿qué saben los europeos sobre Turquía y qué de Europa es conveniente para Turquía? En este repaso de más de 50 años de transformación, uno de los principales periodistas de Turquía describe la forma como militares, reformistas, el mundo de los negocios, izquierdistas, islamitas y otros han luchado por definir el futuro de Turquía; y pregunta: "¿Cómo fue que los socialconservadores se encuentran en primera fila pro integración al proyecto progresista europeo? Para que Turquía tenga éxito -dice-, las ONG internacionales deben ayudar a sus homólogas de la sociedad civil turca". UN Periódico publica la primera parte de este análisis.

Murat Belge*

"Todo para el pueblo, nada por el pueblo" -originalmente la máxima de un rey español- podría fácilmente haber sido la de los modernizadores turcos en la primera mitad del siglo XX. El Estado republicano había heredado los mecanismos represivos del imperio otomano del siglo XIX, así como sus masas campesinas analfabetas en su mayor parte. Éstas tenían que ser transformadas en los ciudadanos de una sociedad moderna por cuadros que, con una educación modernista y occidental, estaban preparados para la tarea de construir la nación.

La introducción del sistema parlamentario multipartidista, en 1946, intentó conformarse al clima democrático que prevaleció tras la Segunda Guerra Mundial (durante la que Turquía, oficialmente neutral, se inclinó hacia Alemania), la victoria contra el nazismo y la emergencia de las Naciones Unidas. Fue un paso importante, aunque problemático para Turquía.

Las primeras elecciones que se pueden considerar "libres" tuvieron lugar en 1950 y resultaron en la victoria del Partido Demócrata, establecido en 1946 por los miembros del Partido Republicano del Pueblo, quienes se habían vuelto cada vez más críticos de políticas económicas y sociales del régimen unipartidista turco. Este fue un "cambio de guardia" (o "vanguardia") dentro de la familia. Aún así, fue un paso demasiado atrevido para el ejército que dio el primer golpe militar en 1960. A éste le seguirían la intervención de 1971 y la toma completa del poder en 1980, que estableció la estructura legal y las instituciones que en gran medida todavía dan forma a la sociedad turca.

Tanto en las actividades comerciales como en la vida cotidiana, los turcos empezaron a ser más abiertos a las costumbres occidentales.
Foto: David Roll

Atrapada entre la severidad patriarcal de los republicanos y el uso autoritario del plebiscito por los demócratas, esta estructura dejó poco campo para el desarrollo de valores y principios democráticos. Pero tuvo ciertas aperturas, y también permitió una modesta expansión de la sociedad civil bajo el ala protectora de una política clientelista de partidos.

El sistema de equilibrio de poderes, tal como se refleja en la constitución de 1961 y lo implementó el gobierno militar del momento, fue diseñado para proteger a la población urbana educada del "mal gobierno" de un partido populista que contaba con los votos de las masas rurales poco instruidas que podía "engañar" fácilmente. Esta medida también redujo el tradicional poder del ejecutivo, haciendo posible la emergencia de la "izquierda" en la vida política turca. El Partido Socialista Turco de los Trabajadores logró elegir quince miembros del parlamento en las elecciones de 1965.

Los primeros socialistas probablemente fueron los primeros retoños del modesto florecimiento de la sociedad civil turca, que se expandió imperceptiblemente más allá del radio de acción de un estado paternalista, omnisciente y omnipotente. La paradoja fue que la estructura de la política en Turquía los transformó a ellos, antes de que ellos pudieran transformar el país.

A pesar de todas sus deficiencias, la izquierda socialista proporcionó el único canal político que conectaba a Turquía con el mundo. Todos los demás partidos políticos eran "nativos" y "nacionales" y se proponían permanecer inmunes a la "influencia extranjera". Los liberales tenían especialmente poco que ver con el liberalismo político de Occidente; los socialdemócratas tenían cuidado de conservar el kemalismo libre de la contaminación de las versiones foráneas del socialismo o el marxismo. El islamismo del Partido de Salvación Nacional o el movimiento "Lobo gris" en torno al Partido Acción Nacional, naturalmente, tenían poco respeto por cualquier cosa "ajena" a Turquía.

Dos pasos atrás

El golpe del 12 de septiembre de 1980 acabó incluso con este mínimo de diversidad. Ostensiblemente, contra la "amenaza comunista", reforzó el carácter "a prueba de democracia" del sistema estatal. Pero esta miopía no molestó mayor cosa a los golpistas en el poder, porque su propósito era volver al espíritu de la década del 30 y en consecuencia a la mentalidad del "partido único" de los primeros días de la República. Hicieron esto dentro del marco de un sistema multipartidista. Por tanto, los partidos solo se iban a distinguir uno de otro nominalmente. El ejército tendría un lugar central dentro de todo el sistema.

 

El golpe dejó su marca en la sociedad turca. El "establecimiento" político -los partidos que fueron instituidos en conformidad con la legislación de la época- ha demostrado hasta ahora una notable quietud y adaptabilidad en la obediencia a su lógica. Aunque todos se quejaron sobre las restricciones, no desafiaron seriamente el sistema. Por extraño que parezca -porque en muchas formas él fue un producto directo de la intervención militar-, el periodo de Turgut Özal como primer ministro fue el más "subversivo" a ojos de los generales del 12 de septiembre. Özal demostró ser menos leal a los valores y procedimientos del "periodo unipartidista" que aquellos partidos y políticos barridos más bruscamente por el golpe, todos los cuales volvieron a ocupar posiciones de poder.

El régimen trató de aniquilar a la izquierda socialista y fue en gran medida exitoso. Pero la desaparición de esta "oposición ortodoxa" tuvo lugar a la par con una renovada vitalidad en el terreno civil que ha continuado hasta hoy.

Esto significa, en parte, que muchas de las personas activas en los movimientos izquierdistas aparecen ahora con el disfraz de activistas cívicos, que trabajan en grupos de derechos humanos, mujeres o medio ambiente. Esto a veces tiene sus desventajas. La Realpolitik de las viejas estructuras podía -y con frecuencia lo logró- frustrar organizaciones cívicas en vías de expansión. La actividad en derechos humanos, en particular, era una zona de peligro, porque podía fácilmente ser vista como una esfera sustituto de la militancia, en una sociedad donde estaba cerrada la mayor parte de los canales tradicionales de esta clase de política socialista.

Aun así, varios cambios tuvieron lugar durante la década del 80 que le permitieron a la sociedad civil turca, por lo general considerada muy débil, adquirir la suficiente vida para hacerse notar.

 

Un nuevo amanecer

El cambio estructural más importante tiene que ver con la comunidad empresarial. Desde los años cincuenta hasta los noventa, surgieron industrias en muchas partes de Anatolia, y el comercio prosperó. Junto a este cambio físico, también se debe tomar en cuenta un cambio generacional. En una sociedad como Turquía, donde el capitalismo tuvo que ser construido desde cero, el Estado cumplió un papel muy importante en la economía, fuera del manejo de sus propias empresas. Esto dejó a la clase burguesa en completa dependencia del Estado y, en consecuencia, totalmente sometida con respecto a las autoridades políticas.

Pero para la década del 80, una generación de propietarios así como una clase empresarial en rápida expansión estaban asumiendo posiciones cada vez más responsables en el comercio. Eran más abiertos a las costumbres occidentales que las demás capas sociales, no solo en sus actividades de negocios sino en su vida diaria. A finales de la década, podían ver claramente que el comunismo había dejado de ser una amenaza internacional, haciendo así superfluas las medidas defensivas (y bastante opresoras) del Estado. Por otro lado, podían también percibir que la tradicional administración, orientada hacia la "seguridad", de las industrias del Estado estaba cada vez más anticuada en un mundo cambiante. En suma, la clase empresarial se sentía exitosa y madura, y exigía una mayor participación en el manejo del país.

Desarrollos similares se podían detectar en toda la sociedad civil. A partir de la década del 50, hubo un tremendo cambio social. La población urbana aumentó, formando a la larga la mayoría de una población que crecía rápidamente. La educación se extendió en los nuevos centros urbanos y hubo una creciente demanda de preparación para las profesiones y los servicios.

 

Sin embargo, esta sociedad en proceso de cambio no podía encontrar espacios en una estructura política que seguía siendo estática. Para entonces, los políticos ya eran una casta separada, con sus propios procedimientos y tradiciones formadas por las dinámicas de poder y las costumbres políticas precapitalistas. Sus arcaicas maneras y la clase de relaciones que había que soportar en la estructura de los partidos no eran en nada atractivas para los profesionales o las nuevas élites urbanas. La oposición de izquierda, entretanto, al seguir los modelos leninistas, maoístas o guevaristas para alcanzar la "revolución turca", tampoco ofrecían un camino viable para estas personas. Muy al contrario, lo corriente era que muchos de los estudiantes que se unían a uno de esos grupos, los abandonaban totalmente desilusionados unos pocos años después.

Estas personas encontraron el activismo más satisfactorio en organizaciones no gubernamentales que en cualquiera de las viejas estructuras. En consecuencia, hubo una proliferación de ONG, sobre todo durante los años noventa.

 

Un factor adicional fue la atmósfera internacional, política y cultural tras el final de la Guerra Fría. "Sociedad civil", "organización no gubernamental", "activismo cívico": estos y otros términos afines se valorizaron de pronto en todo el mundo. Se convirtieron en lemas de colectivos que en realidad nunca podían dar ni la mitad de lo que ofrecían. Pero esto también aumentó el dinamismo de los actores civiles en Turquía: ciertamente les dio cierto prestigio y protección.

Este vocabulario ha terminado por imponerse. El precio a pagar por semejante "logro" es una evaporación del contenido a medida que los términos entran a formar parte del arsenal de estupideces de los políticos profesionales, los burócratas y los medios del establecimiento, que los emplean o despliegan en toda clase de apropiadas e inapropiadas ocasiones.


Publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy. Traducción de Nicolás Suescún.

* Editor de Iletisim Publishing House y de Yeni Gúndem, una revista política semanal. Director del Departamento de Literatura de la Universidad Bilgi en Estambul. Fue uno de los fundadores de la Asamblea de Ciudadanos de Helsinki.