Nedstat Basic - Free web site statistics .

UNP No. 74
Título : Las artes de un paisaje infantil
Autor : Sandra Inés Gómez Galindo
Sección: Arte
Fecha : Mayo 1 de 2005
Las artes de un paisaje infantil

Casi como magia fue para los pequeños descubrir el resultado de imprimir en el papel sus trabajos de grabado.


Sandra Inés Gómez Galindo
Unimedios

En medio del paisaje árido que rodea a los niños de la localidad de Suba en Bogotá, una maestra de la Universidad Nacional construye con ellos otra manera de relación con su entorno, la naturaleza y el medio ambiente, por medio del arte.

Sepultados bajo el asfalto quedaron los verdes sabaneros con sus humedales. Se los tragó la urbe con su crecimiento caótico y desbordado, un paisaje que se tardó miles de años en consolidarse y que en menos de dos décadas quedó devastado. Este es el panorama que hoy rodea a muchos de los niños que habitan en Suba y el escenario escogido por la artista plástica María Teresa Pardo de la Universidad Nacional, para desarrollar su proyecto "Aprendiendo a ver".

La preocupación por los problemas ecológicos ha sido una constante en la obra plástica de la maestra María Teresa, pero sus reflexiones la han llevado ha reconocer que el primer recurso vital que hay que recuperar es el paisaje humano.

Así, aprovechando una experiencia anterior con niños de Armero, la profesora, con el apoyo de la Facultad de Artes, se puso a la caza de un espacio para desarrollar sus "Talleres creativos" en la localidad de Suba.

Después de muchas jornadas infructuosas, de visitas a parroquias y juntas comunales sin obtener respuesta, el Colegio Campestre Nueva Colombia abrió sus puertas para que al menos 50 niños entre los ocho y doce años participaran de su proyecto.

Dibujar sus experiencias agradables es una forma de reforzar la construcción positiva de su memoria infantil.

Naturaleza plástica

Un oso naranja al micrófono, un gallo tutifruti en la guitarra y en la batería el oso rosa. Esta orquesta de animales de colores extraños fue la responsable de interpretar, en la imaginación de Jorge Luis, los acordes que llegaban a sus oídos. Diana en cambio, mientras seguía el ritmo con sus pequeñas manos, se convirtió en un delfín que daba volteretas en las profundidades del mar.

Con ejercicios sencillos como éste, en el que los niños relacionaban la música con la naturaleza en los talleres, se trabajó la percepción a través de los sentidos.

".se dejan caer en la cara sesenta lágrimas desde sus verdes ojos fríos.".

Estos versos del Bosque chileno de Neruda, en la imaginación de Edwin Leonardo a sus nueve años, se transformaron en una cara donde las nubes se convierten en cejas, los montes en grandes ojos verdes que lloran sesenta gotas de lluvia. Y así cada niño representó en el papel lo que las palabras de Neruda le sugerían. Otra forma de crear la naturaleza desde la palabra.

En otros lugares, un curie corre veloz ahuyentado por los pequeños visitantes, mientras otros ojos siguen la tigua bogotana con sus elegantes patas largas caminando entre los juncos para zambullirse luego en el agua, también árboles nativos: aliso, espino, garbanzo, cedro, arrayán, sauco, y la historia de nuestros antepasados. Por suerte estas imágenes aún son reales y los pequeños las descubrieron en las visitas al Humedal La Conejera, el Jardín Botánico y el Museo del Oro.

El doble disfrute vino cuando, motivados por la emoción de estas experiencias, se puso a prueba en los pequeños su capacidad expresiva y perceptiva pues debían traducirla en un grabado en yeso. Aquí los niños participaron de todo el proceso que requirió de varias sesiones, aprendieron a vaciar el yeso en moldes de arcilla, a tallarlos luego con un dibujo de su propia inspiración y llenarlos de color. "Esta experiencia fue fascinante, los niños respondieron con particular entusiasmo, hicieron muchas copias en varios colores", recuerda la profesora Pardo.

Las jornadas estuvieron llenas de sorpresas, como la tarde en que los niños jugaron con su cuerpo sobre un pliego de cartulina, después de escoger una posición cada uno era silueteado por un compañero mientras posaba. En esta oportunidad la idea era desarrollar su percepción corporal y su relación con el espacio por medio de un lenguaje plástico.

Una de las actividades que más entusiasmo despertó en los niños fue la de grabar en yeso.

Jardín interior

. "Descubrí que me gusta la naturaleza y que la ciudad se ve más bonita con plantas".

. "Mi planta estaba sedienta, seca, moribunda, le di agua, le corté las hojas secas, la saqué de la maceta y la puse en la tierra, ahora da más hojas".

. "No hay que cortar los árboles porque ellos nos dan oxígeno".

. "En mi casa no hay jardín pero tenemos una matica al lado de la ventana, yo la cuido y la alimento con agua".

Estas pequeñas expresiones confirman la idea de que en universidades y colegios públicos y privados, la educación ambiental debe dejar de ser un texto más y pasar a una experiencia viva y comprometida, lo cual debe traducirse en acciones directas en pro del medio ambiente y la naturaleza. Como afirma el profesor Guillermo Fonseca, coordinador académico del plantel, "todo lo que aporte a los niños, a su desarrollo y bienestar es bienvenido".

Durante casi un año, los niños aprendieron técnicas diversas como dibujo, collage, grabado en yeso; representaron su casa, su familia, su barrio, su calle, su cuerpo; pero sobre todo a través de los sentidos, de la palabra, de la contemplación, de la imaginación, de su capacidad de asombro; fueron "Aprendiendo a ver" el mundo del que hacen parte, incluso desde las limitaciones de su entorno.

Con el deseo de que esta experiencia se fije en sus pequeñas cabezas y los convierta en multiplicadores de una actitud consciente de la relación vital del hombre con su medio, este trabajo cerrará con una exposición de las obras de los niños el próximo mes, y espera arrancar una segunda fase con los padres de familia.

Porque como concluye la profesora, el arte no es sólo para los entendidos, los artistas o para los que tienen talento; "me gusta pensar que la creatividad y la sensibilidad son características inherentes al ser humano, que pueden ser descubiertas y desarrolladas en algún momento; pero crear estos espacios desde la infancia es una responsabilidad mayor".