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UNP No. 74
Título : "Creo en la estética de la generosidad"
Autor : Julio César Goyes y Danilo Moreno Hernández
Sección: Entrevista
Fecha : Mayo 1 de 2005

"No he pretendido ni sorprender, ni deslumbrar al lector, porque siempre me ha parecido más importante lo que yo quería decir que la forma de decirlo".

"Creo en la estética de la generosidad"

De la novedad de la estética, la permanencia de la ética, la tragedia y la violencia habló el filósofo español Fernando Savater con UN Periódico quien resignifica estas permanentes reflexiones en lenguaje de aventura para su última obra El gran laberinto, que presentó el miércoles en la XVIII Feria Internacional del Libro.

Julio César Goyes*
Danilo Moreno Hernández*

UN Periódico: En el último capítulo de su libro La infancia recuperada, se habla de los secretos: los laberintos y los espejos de Borges. ¿Cuáles son los secretos de Fernando Savater?

Fernando Savater: Bueno, no soy un escritor que pueda ser pronunciado al lado de Borges, de modo que no tengo ni ministerios ni secretos. Yo intento siempre escribir con un estilo sencillo, eficaz, que entorpezca lo menos posible la comprensión de lo que quería decir. No he pretendido sorprender, ni deslumbrar, ni impactar al lector, porque siempre me ha parecido más importante lo que yo quería decir que la forma de decirlo. Mis temas son la vida, la muerte, la imaginación, lo que pensamos de nosotros y lo que nos ocurre.

UNP: La prensa internacional lo ha figurado como un héroe de la vida posmoderna. ¿Cuál es la tarea del héroe en un mundo donde la visión trágica ya no es protagónica?

FS: Yo soy un ciudadano que por haber tenido la mala suerte de haber caído en un lugar donde hay violencia y querer, sin embargo, seguir defendiendo los principios de la ciudadanía, he incurrido en ciertas dificultades. Aquí en Colombia habrá millones de personas que viven una vida mucho más compleja que la mía. No, yo no me considero, en absoluto, héroe. La concepción trágica del mundo -no sé si los expertos en calamidades dirán que ahora está de moda-, es tan pertinente como el hombre mismo. Los seres humanos siguen viendo su vida como tragedia y no hay sino que preguntarles a los habitantes del Índico que han tenido el último tsunami si viven la vida como comedia. No. Eso son tonterías de los teóricos de la cultura que no hacen más que decir barbaridades: ahora toca la posmodernidad, mañana toca la tragedia, pero no hay que creer en esas cosas porque solo sirven para llenar artículos de periódicos; no tienen relación con la realidad. Para mí un héroe es alguien que va más allá de su deber, quien se esfuerza más allá de lo que la reciprocidad con los otros puede exigir. Un héroe será probablemente una madre soltera que tiene que sacar a cuatro hijos adelante con un salario mínimo.

UNP: Hoy nos afanamos por hablar de valores, por ejemplo, frente al tema de la paz: los niños dibujan personajes o superhéroes y en todos aparecen diciendo "queremos la paz", la frase pierde su contexto y se convierte en un gesto vacío. ¿Cómo enseñar valores sin que se conviertan en discurso?

FS: Hacer un discurso académico no enseña los valores, en el sentido de dar instrucciones como si fuera un profesor de gimnasia, diciéndole a los alumnos arrodíllense, levántense, abran los brazos en cruz y cosas por el estilo. De lo que se trata es de incitar la recepción sobre los valores. Los valores están ahí, nadie se los inventa: el valor de la vida, de la solidaridad, del diálogo, de la armonía, funcionan en la sociedad. Lo que se puede hacer sobre ellos es reflexionar, intentar fundarlos, legitimarlos, ¿a qué vienen?, ¿cómo nacen?, ¿a qué necesidades humanas responden?, etc., y eso es lo que se transmite. En ese sentido yo creo que es un discurso reflexivo, no la prédica de un cura en un púlpito.

UNP: Los medios de comunicación han ayudado a "estetizar" la cultura. Si estética y ética son lo mismo querría decir que los medios son éticos, lo cual no es cierto.

FS: No, una cosa es que haya vinculaciones entre estética y ética y otra que sean lo mismo, por una cosa muy sencilla: la estética vive de la novedad y la ética vive de lo que no pasa de moda. Es decir, la estética se basa en buscar nuevas formas, alternativas de reproducción, de expresión, etc. Rembrant pintaba muy bien, pero si hoy se pusieran a pintar igual que él todos diríamos que eso no tiene mérito, porque eso lo hizo Rembrant en su momento. Entonces, la novedad es necesaria a la estética, por eso es más entretenida, porque cambia permanentemente la lectura. En cambio, la ética tiene un fondo muy "aburrido" porque siempre piensa lo mismo: que los seres humanos tienen que tratarse como fines y no como instrumentos, y además que deben reconocer la humanidad del otro; luego no hay ninguna novedad. ¿Cuál cree usted que es la ética del siglo XXI?, la misma que la del XX, la misma que la del XIX, o sea no hay nada nuevo en torno a la ética. Por eso los periódicos o los medios de comunicación se aburren con la ética porque ellos quieren novedades. Pero cuando llegamos al punto de la virtud de los valores, siguen estando los mismos rangos.

UNP: El poeta colombiano Jorge Gaitán Durán sostenía que el escritor debería preocuparse por construir un edificio ético detrás de uno estético. ¿Qué concepto le merece esta afirmación?

FS: La idea de que la ética y la estética tienen vínculos es bastante anterior al siglo pasado, está en Platón que hablaba del bien y de la belleza como dos ideas que están conectadas, entonces yo creo que hay lo que Nietzsche llama una estética de la generosidad.

UNP: En una sociedad cada vez más permeada por lo mediático, ¿cuáles son los retos de la educación para el siglo XXI?

FS: Se habla de nuestra época como si fuera más difícil enseñar que en el siglo XII por ejemplo, cuando es mucho más fácil porque nuestra época es mucho más ilustrada, tenemos más medios de enseñanza y sin embargo se plantea: ¿Cómo podemos enseñar hoy?, como si hoy fuera una cosa muy difícil y en cambio en el siglo XVI hubiera sido facilísimo. Eso revela la visión pintoresca que tenemos del pasado y de nuestra vida. Hoy tenemos que enseñar para vivir en mundo real; o sea, la tarea de la educación es pensar la vida y dar elementos para pensarla y para llegar a ser más humanos. La educación no es más que despertar a la humanidad para la cual no estamos naturalmente programados; entonces los animales están programados para ser lo que son: la pantera va a ser pantera, los elefantes, elefantes y no necesitan estudiar. Pero los seres humanos no estamos programados para ser humanos, podemos serlo pero necesitamos que el útero social nos cree como tales.

Para escapar de los referentes vacíos, Savater recalca que los valores no se enseñan como la gimnasia, se reflexionan y legitiman.

UNP: Hablemos de la "Visión ética de la revolución", el último capítulo del libro La tarea del héroe. ¿Todavía podemos pensar así en estos movimientos de borde que se han levantado?

FS: Depende de lo que se entienda por revolución. Revoluciones, yo creo que a lo largo de la historia ha habido importantísimas, sin necesidad de que fuesen sanguinarias, ni violentas, por lo menos no en su totalidad. La incorporación, por ejemplo, de la mujer a la igualdad jurídica, laboral, social, es la revolución más grande que ha habido en toda la historia que vivimos a finales del siglo XIX y comienzos del XX. Me parece un movimiento revolucionario la seguridad social, es decir el que algunos países consideren obligación con todos sus miembros protegerles y de ayudarles más allá de lo que individualmente cada uno de ellos ha hecho por sí mismo. El problema es que tenemos una visión truculenta de las revoluciones como guerras civiles. En cambio, la revolución como trastocamiento de los valores, como transformación de la sociedad en el sentido pacífico del término, es vigente y necesaria. La revolución que vaya más allá de las nacionalidades y de las tribus hoy existentes, a una visión internacionalista, conjunta, planetaria del mundo que gestione los asuntos de la humanidad de manera coordinada, también es una revolución necesaria.

UNP: Nos llama la atención lo nómada de su pensamiento, es usted un pensador, digamos, de frontera entre la literatura y la filosofía, la antropología y la comunicación. ¿Cuál es su campo estratégico para pensar?

FS: Sí, yo efectivamente no he pretendido parecerme a un filósofo oficial, yo lo que he intentado es manejar los recursos de la comunicación. Estos recursos de la retórica de la comunicación me son más útiles para transmitir las cosas que yo creo necesarias, o para expresar aquello que yo creo que es importante. Entonces, puedo utilizar recursos literarios, otras veces más próximos a la filosofía tradicional, otras veces a la sociología, a visiones de crítica literaria; pronto sale una novela que he escrito y que está pensada para adolescentes, para gente de 12 a 14 años; una novela de aventuras, fantástica, en la que también se intenta transmitir una serie de contenidos en conversaciones éticas, políticas sobre el mundo que vivimos.

UNP: Usted ha estado muy cerca de Colombia. ¿Considera que el conflicto de ETA, como el de Colombia no tiene salida?

FS: Todas las cosas se acaban, todo tiene salida, lo que pasa es que uno quisiera que las tuvieran dentro de un plazo máximo y poder ver el final de los conflictos. Entonces, por supuesto yo veo que en el país Vasco el terrorismo de ETA está en una fase terminal, preagónica, lo cual no quiere decir que esa agonía dure tres años, por ejemplo, puede hacer todavía bastante daño. A nivel individual puede ser muy peligrosa todavía. En Colombia, yo quiero pensar que el conflicto también terminará pronto, aunque es muy distinto, bastante más grave que el nuestro. Quiero pensar que también se está dando un tipo de reacción social cada vez más compleja y más decidida que hará que termine. Del plazo no tengo ni idea.

UNP: Siguiendo con Colombia, sabrá que por estos días estamos en un proceso de desmovilización de algunos grupos paramilitares. A juzgar por muchos columnistas y críticos del proceso, se han concedido demasiadas cosas, como creer que las personas al margen de la ley con entregar las armas ya quedan a paz y salvo con la sociedad. ¿Considera usted que con rasgos tan evidentes de impunidad, según los críticos del proceso, se puede construir la paz?

FS: Lo veo complicado, o sea, no me atrevo a decir una cosa muy tajante porque son cosas muy delicadas, y porque hay personas que podemos juzgar con cierta frialdad porque no hemos tenido ninguna muerte personal. Pienso, si mañana ETA dice: "Nosotros dejamos las armas con una amnistía total", a lo mejor, por mi comodidad me vendría bien, me da lo mismo que los de ETA estén sueltos. Pero claro, hay miles de personas que esperan que la justicia repare la ofensa; es muy duro tener que encontrarse tranquilamente con los de ETA por la calle. La impunidad no es una buena base, no es un esfuerzo de reconciliación, ni una generosidad en el trato. La impunidad no puede estar en primer lugar. Lo que hace falta es un cese total de la violencia, pero luego también la aceptación de que los violentos son los que han hecho mal, es decir, son los que han cometido el agravio y, por tanto, tienen que atenerse a la generosidad de los agraviados. No es que el Estado y los terroristas (paramilitares u otros grupos) fueran lo mismo, eso no puede hacerse. Todo tipo de terrorismo es lo mismo y tienen que asumir su derrota en el sentido social, en el sentido humano. Luego, las personas implicadas en esos movimientos pueden esperar generosidad de la sociedad, lo que no pueden es creer que están en un plano de igualdad con el Estado e imponer sus condiciones.

* Profesores del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura (Ieco) de la Universidad Nacional de Colombia.