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UNP No. 74
Título : Imágenes mudas hablan de nación
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo
Sección: Cine
Fecha : Mayo 1 de 2005

Garras de oro ofrece la ilusión de un sentido patriótico entendido exclusivamente desde los emblemas.
Fotos: Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Imágenes mudas hablan de nación

Impregnadas por el encanto del cine silente de 1920, la cotidianidad, las actitudes, los modos de vida, los temores, las omisiones y las creencias descubren la identidad de los colombianos en los inicios del siglo XX.

Paula Andrea Grisales Naranjo
Unimedios

Ataviados con chaleco, sobretodo, sombrero, bufanda y hasta guantes, los más prestantes capitalinos de principios de 1900 asistieron a teatros como el Olympia para exponer sus retinas a un acto que, a doce años de haberse inaugurado en el país (en 1897) seguía siendo sorprendente: las imágenes en movimiento. Los asistentes no se imaginaban que con el paso de los años las producciones derivadas de este invento serían un documento invaluable para escudriñar la sociedad colombiana del momento.

En las cintas de 1920, considerada la década más prolífica en la historia de nuestro cine, quedan aún muchos secretos, pues han sido mínimamente estudiadas. A este terreno misterioso se acercó Nazly López desde la ciencia política, para sumergirse en el encanto de esas imágenes a blanco y negro carentes de sonido, pero elocuentes en información. Con ellas se propuso averiguar cuál era la idea de nación manifestada por los colombianos que, apenas 100 años atrás, habían logrado la independencia y que iniciaban el siglo XX con profundos cambios introducidos por la modernización.

La memoria visual de 1920 a 1930 consta de 14 películas, la mitad desaparecida y de las restantes sobreviven fragmentos. Bajo el cielo antioqueño, Alma provinciana y Garras de oro, las más completas, fueron analizadas desde las ciencias sociales.

Para aprehender la idea de nación, Nazly parte de que ésta tiene un carácter emotivo y voluntario. "La conformamos todos aquellos que damos nuestra aprobación a la organización social e, insertos en ella, profesamos afecto y orgullo por aquello que hermana nuestra comunidad, mitos, creencias, pasado en común y esperanzas colectivas que nos distinguen de otros conglomerados", explica. Este autorreconocimiento colectivo subyace en la actitud frente a la cultura, la religión, la territorialidad y hasta los símbolos patrios.

 

Primorosos excluyentes

Dentro de las personalidades más distinguidas de Antioquia estuvo el reparto de Bajo el cielo antioqueño (1925), una semblanza de la alta sociedad paisa que, desde el título, expresa una delimitación excluyente; es decir, "deja por fuera toda participación afectiva que no aluda a la puesta en escena de 'lo antioqueño'".

El filme expone los valores sociales paisas -trabajadores, templados, honestos y con buenas costumbres-, como si se tratara de una raza aparte; la puesta en escena de lo local supone una idea de nación que se construye desde lo regional en oposición a "lo otro", comenta Nazly. "Se evidencia la existencia de fragmentaciones producto del desarrollo regional multipolar que favoreció, a despecho de la unidad territorial, la geografía montañosa".

Las ideas políticas francesas del siglo XIX influenciaron el pensamiento de las élites colombianas, quienes estaban interesadas en conformar algo similar en el país, pero distinto a los ideales de igualdad y libertad del país europeo donde se revalora el pueblo, aquí se desdeña lo popular y la nación se rige por marcadas diferencias de clase. En Bajo el cielo antioqueño la "crema y nata" juega golf, tenis y organiza fiestas de disfraces; mientras los campesinos bailan bambuco.

La película exalta valores como la obediencia, la caridad y el fervor religioso donde lo legal, la figura del padre y la religión católica son símbolos de autoridad ineludibles y cuando se evaden atraen para el osado castigo y desgracias.

Caso diferente es Alma provinciana (1926) dirigida, producida y escrita por el santandereano Félix Joaquín Rodríguez, de quien se dice era abogado, poeta, pintor y orfebre. En ella, la autoridad proveniente de la figura paterna y del Estado no es inexpugnable, y la iglesia no tiene un lugar relevante. El poder está asociado más a lo económico y unido a los prejuicios de clase, donde el rico se casa con el rico y no con el pobre. Lo interesante es que en contraste con la cinta antioqueña, en la mitad de la trama, el conflicto apunta a que el poder y la autoridad -planteados como fuente de exclusión e injusticia- son cuestionados y presentados como alterables.

Al atravesar páramos, campos y ciudades, la provincia mostrada por la película mantiene el anonimato, por lo que el espectador pudo sentirse identificado sin ser santandereano.

"¡Oh, don Juan Antonio que los burros de don Custodio se tan tragando el maizal!", este grito del campesino dirigido al mayordomo del gamonal, es muestra del uso coloquial del lenguaje con que Alma provinciana subvierte la idea de que el uso "correcto" de la lengua (propio de la élite letrada a la que perteneció Rodríguez) es representativo de la nacionalidad colombiana. La politóloga concluye que al admitir la existencia de distintas apropiaciones del habla se reconocen otras formas de construir identidad.

 

En garras del emblema

Por último, Garras de oro (1926), la más incompleta y de la que se desconoce su origen y realización, parece una cinta extranjera editada y adaptada a una historia relacionada con la negociación de Panamá. A diferencia de las anteriores, primordialmente de trama románticodramática, es de tinte político. La idea de nación no se construye desde las costumbres y la cultura, sino desde referentes institucionalizados.

En plenas elecciones en "Yanquilandia", el periódico The World contrata un espía "yanquilandés" para que destape las actuaciones reprobables de Roosevelt en el episodio del Istmo (1903) y así evitar que llegue a la presidencia. Los del norte se espían unos a otros y los colombianos participan episódica y anónimamente.

La obra habla de orgullo nacional a través de emblemas como la bandera y el himno, y discursos sobre justicia, soberanía y amor patrio. Sin embargo, "la recurrencia a tales conceptos no sobrepasa el plano nominativo, pues las acciones concretas emprendidas en defensa de la soberanía son inexistentes tanto como el 'pueblo', cuya presencia es solo retórica", aclara Nazly López. Paradójicamente, Garras de oro es la película que menos se acerca a lo que se entiende por nación, pues la presencia de la heráldica por sí misma no conduce a la interpretación de la sociedad colombiana.

Este trabajo, que de paso revalora nuestro patrimonio audiovisual, concluye que la construcción de la idea de lo nacional por parte de las selectas minorías intelectuales y políticas ha sido un poco artificioso, en el que se desconocen hasta casi terminado el siglo XX las expresiones de las minorías étnicas y culturales.

Indagar por la nación cobra vigencia si se tiene en cuenta que la pregunta, ¿qué es ser colombiano?, se cierne como un complicado acertijo sobre un conglomerado que aún no encuentra unidad. Con menos de 200 años de historia republicana y un pasado precolonial totalmente desconocido, "la idea de nación sigue siendo un proyecto", dice Nazly, y concluye: "El momento histórico que vive el mundo en la era de la globalización hace urgente que nos encontremos con la colombianidad para hallar caminos de resistencia desde la identidad frente al embate del capital y la cultura chatarra".