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UNP No. 74
Título : Nuevos poderes mundiales
Autor : Carlos Alberto Patiño Villa
Sección: Análisis
Fecha : Mayo 1 de 2005
Nuevos poderes mundiales

El despliegue de poderío militar está hoy lejos de considerarse una herramienta que demandan el nuevo orden mundial.

Aunque a simple vista pareciera que el poder global está concentrado en pocos estados, el análisis de lo demográfico, lo socioeconómico, lo cultural y hasta lo militar, señala otros "nortes".

Carlos Alberto Patiño Villa*

Es común en la posguerra fría adjudicar el poder internacional a Estados Unidos, quien además ha creído en diversos momentos que es cierto. Pero cuando se hace un balance se pueden obtener conclusiones inesperadas, demostrando, por una parte, que el poder internacional es relativo a los niveles de acción y análisis con que se ejerce, pero sobre todo, que es cambiante, y los países poderosos solo lo son temporalmente.

Entre los aspectos de acción aparecen el poder militar, junto a su efectividad; la capacidad de crecimiento económico y de generar dinámica económica tanto en lo doméstico como en lo internacional; la estabilidad política y la fortaleza institucional, lo que implica que el Estado que ejerce el poder internacional cuenta con una voluntad política y una decisión moral de asumir, con todos los costos imaginables, tal poder, y por tanto no existe enfrentamiento entre sociedad y Estado. Pero también hacen parte del poder internacional otros factores que suelen pasar inadvertidos: la demografía, que es en últimas la fuerza que puede determinar qué país tiene futuro y qué país es pasado. La capacidad para modernizarse rápidamente superando con datos positivos el estancamiento, la pobreza y la condición marginal en los diferentes aspectos del desarrollo. La vitalidad cultural y la voluntad colectiva e institucional para crear nuevos entornos sociales, políticos y diplomáticos. Y, finalmente, una fuente de poder de sobrada demostración es la capacidad que un país tiene para celebrar alianzas y crear elementos de institucionalidad y estabilidad internacional, que han resultado ser más efectivos que el mismo poder militar.

En cada uno de estos aspectos, el panorama del poder mundial contemporáneo resulta fuertemente cambiante, al punto de llevarnos a observar que en realidad se encuentra difuminado en varios estados, y que la idea de un poder unilateral y definitivo es una ilusión mediática.

Desde la perspectiva clásica de los armamentos y el poder militar, es cierto que los Estados Unidos se llevan el primer puesto en cuanto a inversión y equipamiento. Pero no están solos en esta competencia, toda vez que el escenario militar estratégico se divide en dos:

a) La búsqueda de la invulnerabilidad mediante la producción de armamentos nucleares. En este aspecto se lleva el primer puesto Rusia, tanto por el número de cabezas nucleares activas, como por el reinicio en la producción de nuevos equipos, sobre todo de misiles portátiles para la infantería y el desarrollo de nuevos misiles transcontinentales. De cerca se encuentra un grupo variado, conformado por Francia, Gran Bretaña, Suecia, China, India, Japón, Pakistán, y Sudáfrica (que con Brasil firmó un acuerdo de desarme voluntario, pero que ha cumplido parcialmente). Detrás de este grupo, como nuevos poderes nucleares, están Corea del Norte, con una fuerte producción de misiles, e Irán, al parecer aún en fase experimental.

b) La reaparición de viejas tácticas de guerra de guerrillas y terrorismo, a diferencia de la seguridad internacional alcanzada dentro del orden interestatal. Esto vuelve a ser visible a partir de la desintegración de la Unión Soviética y las guerras étnicas contemporáneas.

Factores inadvertidos

En lo económico es claro, principalmente desde la crisis iniciada en abril de 2000, que la economía de los Estados Unidos se ha paralizado en sectores claves de la industrialización, a la vez que perdió la dinámica del pleno empleo alcanzado en la década del 90. A esta situación hay que sumar que el principal acreedor de la economía mundial, Japón, es el banquero mayoritario de la economía norteamericana, a la vez que la deuda con China ha sobrepasado los niveles de negociación económica para convertirse en elemento de presión diplomática.

India y China suman casi el 40% de la población mundial, un factor que silenciosamente incide en la consecución de poder.

A esto hay que sumar que la dinámica alcanzada por China pretende acoplarse al comercio norteamericano, de modo que éste sea el mercado de aquélla, y a la vez el punto de partida para nuevas expansiones, como en los mercados latinoamericanos. La economía europea se encuentra en un punto de fortaleza, pero sus dos grandes esperanzas están asociadas a dos ámbitos externos: el crecimiento de un nuevo mercado regional, conformado por Turquía y Europa Central, y la búsqueda de nuevas zonas de producción y comercio en China. En últimas, la economía norteamericana se encuentra en reacomodo para sobrevivir, lo que muestra que no es el motor de la riqueza, aunque quizá sí la imagen más publicitada. El papel de la India en este aspecto es impresionante, al registrar una de las tasas más estables y dinámicas en la creación de multinacionales y topar los negocios más importantes.

En lo institucional y social también existen fuertes tensiones, pues mientras que las sociedades asiáticas al parecer están dispuestas a apoyar a sus estados en la búsqueda de una sólida posición internacional, en los Estados Unidos ese apoyo es coyuntural, avivado en especial por el llamado terrorismo internacional, pero a medida que pasa el tiempo reviven los fantasmas de Vietnam, en una sociedad que quiere vivir bien, pero que en general no tiene idea de su papel internacional, y en consecuencia no está dispuesta a hacer el sacrificio correspondiente. Las imágenes de los soldados muertos son el principal enemigo de la decisión política norteamericana, algo que también pasa en Europa.

La demografía aparece para profundizar la estabilidad del poder internacional: China e India suman casi el 40% de la población mundial, y el total de los habitantes asiáticos hoy llega a 65%. Ante esto, la población de potencia norteamericana es modesta, y la de Europa, está en retroceso, mientras su futuro está en Turquía.

Culturalmente los chinos, con el mandarín, tienen la lengua más hablada, con 840 millones, en tanto que el inglés llega a 450 millones, en una cifra disputada con el español, mientras que de lejos se encuentran el francés y el alemán, cada uno con menos de 120 millones de hablantes. Algo similar pasa desde la perspectiva religiosa, en donde el cristianismo, con todas sus variantes es una de las grandes, pero la que más es el Islam, a la vez que es la religión de más rápido crecimiento en la actualidad, asociada a un gran aumento demográfico.

En resumen, mientras los Estados Unidos creían tener el poder mundial, y sus críticos así lo han dicho, el panorama se ha transformado aceleradamente, hasta el punto en que es necesario rehacer el inventario de los poderes internacionales más importantes de hoy.

*Profesor de la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia.