UNP No. 74
Título : Ecuador, un país a tientas
Autor : Enrique Serrano
Sección: Coyuntura
Fecha : Mayo 1 de 2005 |
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El populismo elige, pero cuando hay escándalos por actuaciones de dudosa honestidad hace temblar la figura presidencial y a toda la institucionalidad.
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Ecuador, un país a tientas
La improvisación de la clase política unida a la insatisfacción casi enfermiza de la población frente a los logros sociales y económicos, no han permitido dar estabilidad a ese país desde la caída de la dictadura, hace más de 30 años.
Enrique Serrano*
Las explosiones conmueven a los pueblos, y más si provienen de sus propias entrañas. Tiemblan las bases mismas de la sociedad y los gobiernos sucumben. Pero, la flagrante contradicción que lleva en su seno Ecuador no es nueva. El país tiene grandes problemas institucionales, que van más allá de lo que la crisis reciente ha reflejado. Si un tumulto y una protesta derivados de contenciosos judiciales hacen temer siempre por la salida inminente del jefe de Estado, y por la precipitación de la nación a un vacío político extraordinario -como ya se vivió durante las últimas crisis protagonizadas por grupos indígenas, que llevaron al derrocamiento de Jamil Mahuad a finales de los noventa-, es porque la salud entera del sistema político es endémicamente precaria. Y no se ha curado en modo alguno, ni hay remedios a la vista, por lo cual puede suceder de nuevo en el curso de unos pocos meses. Estos golpes de mano recurrentes, protagonizados por movimientos de espontáneos como el grupo indígena Pachacutec, extrañamente ausente en los últimos motines, o los estudiantes quiteños enfurecidos que protestaban en días recientes, muestran la enorme trascendencia que tienen las marchas populares en Ecuador, y la debilidad de cualquier partido o grupo político y de las fuerzas sociales en general para contener tales rebeliones.
El gobierno de Lucio Gutiérrez no fue precisamente un ejemplo cabal de coherencia: se caracterizó por los continuos cambios de norte acerca de asuntos considerados de gran importancia nacional, y por la marcada falta de experiencia política y administrativa de la clase dirigente que acompañaba al presidente, de modo que cuatro veces al menos estuvo a punto de caer durante los dos años y medio que llevaba en el poder. Ese historial preocupa por lo que tiene de regresivo y de autoritario. La zozobra constante ha sido la marca de origen de todos los gobiernos ecuatorianos desde el final de la dictadura, hace ya más de 30 años.
Llama la atención, por tanto, que la caída del presidente Lucio Gutiérrez haya sido tan contundente, rápida y simple, sin que el futuro gobierno del señor Palacio -su sucesor casi ad hoc-, tenga mejores horizontes para durar. Pero es cierto que Lucio Gutiérrez estaba debilitándose desde los días de su acceso al poder en diciembre de 2002, y que la ambigüedad de su discurso y de sus ejecutorias marcó todo el tiempo en que estuvo en el poder, hasta el punto de que sus presuntos aliados ideológicos de la izquierda, supuestamente radical, en especial Chávez y Castro, lo veían actuar por fuera de su esfera de influencia, siguiendo un curso errático que lo condujo a la caída reciente. Este alineamiento ideológico ha probado ser útil para algunos de los que lo iniciaron, pero funesto para otros, y es el caso de Lucio Gutiérrez. Ese populismo puede llevarlos al poder, pero difícilmente mantenerlos allí.
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La incoherencia política y administrativa llevaron a Gutiérrez a estar a punto de salir de la presidencia en cuatro oportunidades. |
Lo más relevante de la crisis ecuatoriana radica en el hecho de que ser presidente de Ecuador todavía no goza de legitimidad suficiente, y la totalidad de la institucionalidad nacional vacila cada vez que hay un escándalo, sazonado de malos manejos de dineros, predilecciones indebidas, y orquestado por los medios de comunicación.
Los partidos políticos son entes fantasmales y la improvisación irresponsable parece ser la única vía de captación de los votos de los ciudadanos; por ejemplo, la protección del gobierno de Lucio Gutiérrez a los Roldosistas, Bucaram, Noboa y Dahanik, condenados por cargos de corrupción. Se trata de un hecho que, a pesar de grave, pudo haberse resuelto por medios distintos y sin el riesgo que supone el mando para Palacio, un personaje con aún menos carisma y experiencia que Lucio Gutiérrez e incapaz de variar significativamente el curso de las cosas para un país que no tiene malos desempeños, pero cuyas aspiraciones exageradas parecen hacerlo un eterno insatisfecho en materia de logros económicos y sociales.
Los palos de ciego que dan los gobiernos por cumplir rápidamente con las metas de largo plazo han sido el resultado fatal de tanta ansiedad juntada con tan pocos recursos.
* Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
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