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El acelerado y continuo crecimiento de las ciudades exigen miradas más complejas que permitan abordar lo urbano desde diferentes áreas del conocimiento. En eso trabajará el IEU. Archivo. |
UNP No. 73
Título : Saber para gobernar la ciudad
Autor : Paul Bromberg
Sección: Ciudad
Fecha : Abril 10 de 2005 |
Saber para gobernar la ciudad
Describir y comprender las dinámicas urbanas es una demanda cada vez más reciente a partir de la descentralización. ¿Cómo administrarla eficaz y legítimamente?, es la siguiente pregunta, que justifica la creación del Instituto de Estudios Urbanos con un enfoque multidisciplinario.
Paul Bromberg*
El nuevo Instituto de Estudios Urbanos, aprobado por el Consejo Superior de la Universidad Nacional, se sumará a otras iniciativas que vienen adelantando profesores y estudiantes de la Universidad en Bogotá, Medellín y Manizales. Y lo hará de manera contundente: nueve plazas adicionales de profesores, en las áreas de economía urbana, demografía, historia, derecho urbano, gobierno, políticas públicas urbanas y vivienda, además de las que se esperan en antropología, sociología, ciencia política, economía, historia y geografía.
Como proyecto de conocimiento, el esfuerzo por caracterizar, describir o "comprender" la distribución espacial de las sociedades y las adaptaciones económicas, políticas y culturales a lo urbano, en el marco del Estado o de la globalización, no necesita mayor justificación.
Pero a este argumento general se suma otra consideración importante en el derrotero que le ha propuesto la UN al Instituto: la descentralización política ha multiplicado la demanda por conocimiento de las dinámicas urbanas. Gobiernos y aspirantes a gobernar lo reclaman. Se han catapultado las disciplinas relacionadas con el ejercicio de gobierno, en el espectro tan amplio de obligaciones y atribuciones de las administraciones locales. Programas de corto y mediano aliento han florecido en las universidades, muchos de ellos por cierto, concentrados excesivamente en la descripción de las normas, como si gobernar fuera solamente aplicar la ley.
Uno de los fenómenos paradójicos que vive Colombia es una evidente apertura democrática, en un contexto de intenso reto al monopolio estatal de las armas, la fiscalidad y la justicia. Ésta se manifiesta en que proyectos políticos de izquierda se volvieron relevantes en la contienda electoral subnacional (está por verse si nacional), y esperan pasar de pensar en lo que significa el Estado, a pensar en lo que significa el gobierno y cómo gobernar con metas viables en un Estado de Derecho. La sociedad manifiesta actualmente un consenso mucho más amplio sobre la democracia y sus instituciones de gobierno que hace dos décadas.
Arriesgándome en el pantanoso tema de la cultura política, afirmo que es posible que en alguna forma el exagerado espíritu crítico de la universidad pública, del cual comenzamos a desprendernos, pueda ser tan vestigio de la Guerra Fría, como lo es el ex ministro Fernando Londoño. Todas las universidades en Colombia tienen que hacer convivir la teoría crítica con teoría que sea útil para gobernar en el contexto de las instituciones democráticas. Para que una teoría sea útil no es necesario que esté directamente realizada sobre las políticas públicas. En términos coloquiales, basta con que sean evaluaciones juiciosas de nuestras realidades urbanas.
Bajo estas consideraciones, se ha propuesto que el IEU tenga también como tareas la evaluación y el seguimiento de las políticas urbanas y regionales, y de políticas locales en municipios específicos, así como fortalecimiento del diálogo entre académicos y tomadores de decisiones en todas las ramas del poder público.
Dilemas de especialización
¿Cuál es la disciplina con más "patentes de invención" en el tema urbano? El mismo objeto de trabajo se mira desde nombres distintos: urbanismo, estudios urbanoregionales, gestión urbana, ciencias regionales, etcétera. El IEU tomó el de "estudios urbanos" para resumir su orientación. No deja por fuera ninguna de las disciplinas que abordan el objeto de trabajo, ni siquiera la dimensión de región; pero al mismo tiempo concentra la atención sobre las dinámicas propias de aquella forma de población que en términos generales se denota con el genérico "ciudad".
Cada una de las disciplinas y subdisciplinas que ha abordado la ciudad durante décadas tiene claros sus métodos, aunque explore nuevos, y sus categorías, aunque haya escuelas. Pero, claro está, cada una se vuelve insuficiente cuando se pretende entender "el todo". Algunos estudiosos del tema urbano han propuesto abandonar el método analítico, el cartesiano "divide y vencerás". Con ello, creo, se abandona el gran logro que da inicio a la ciencia moderna, cuando a partir de Galileo se cambia el estudio del movimiento en todas sus formas por estudiar el movimiento de partículas en el espacio físico, como la caída de los cuerpos y el movimiento de los planetas.
Bajo la pretensión de integralidad, vigente, en el siglo XV se volvió necesario explicar por qué el número de cuerpos celestes conocidos en ese entonces (siete) era igual al número de orificios que tenemos en la cara. "Tamaña coincidencia -se decía- no podía ser un azar". Un caso extremo de los riesgos de buscar una teoría del mundo. En el caso de las realidades complejas, como la ciudad, puede también llegarse a un punto a partir del cual las preguntas comiencen a ser confusas.
El éxito del método analítico cartesiano, a pesar de sus excesos y falsas promesas, aún no termina, no importa cuántos clarines hayan diagnosticado su esterilidad. En cambio, intentar "entender" (¿y qué será entender?) gigantescos "todos" (el mundo, la sociedad) en una sucesión relativamente corta de razonamientos abstractos, no ha producido mucho. Es imposible conseguir la mirada integral del "ser y el devenir" de la ciudad sin acudir a los enfoques de disciplinas (sociología, geografía, economía, demografía y otras) que desde el acervo de datos cuidadosamente obtenidos y procesados han dado lugar a subdisciplinas que dialogan entre sí y que incluso nutren políticas públicas.
El diseño del Instituto, de sus tareas e indicadores de logro, es definitivamente clásico: un diálogo de varios paradigmas que han sido fértiles en los rangos de su conceptualización, y que en nuestro medio tienen mucho qué desarrollar, cada uno desde sus fortalezas. Quienes tenemos nuestro nicho natural en la academia pero hemos tenido que gobernar, sabemos que el país no está sobrediagnosticado, sino sobremaldiagnosticado; que aunque nuestras instituciones y proyectos no están vacíos de academia (mírese no más las fuentes de la Ley 388), su operación, las dificultades para implementar, las respuestas de los entornos social, económico y político, no son objeto de seguimiento en los detalles y en el tiempo para mejorar su eficacia y legitimidad.
Nuestra prédica de lo práctico en el siglo XIX fue fundamentalmente teórica; nuestro pragmatismo en el siglo XX quedó restringido al atajo. Espero que en su marcha el nuevo Instituto de Estudios Urbanos analice estas lecciones, haga su tarea y no se rinda ante la inmensidad de la misma.
*Escuela de Urbanismo, Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Colombia.
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