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UNP No. 72
Título : ¿Cómo le suena Bogotá?
Autor : Sandra Gómez Unimedios
Sección: Ciudad
Fecha : Marzo 20 de 2005

¿Cómo le suena Bogotá?

El hecho de que la Plaza de Bolívar sea hoy un espacio peatonal, la convierte en un lugar más sosegado.

Los ruidos que hacen parte del paisaje urbano de Bogotá están inscritos en un entorno sonoro que puede ser disfrutado como patrimonio cultural. Desde una perspectiva artística y cultural, el maestro de la Universidad Nacional, Mauricio Bejarano, propone esta nueva mirada para pensar la ciudad.

Sandra Gómez
Unimedios

¿Alguna vez ha escuchado el sonido de su calle, de su barrio? ¿Ha aguzado su oído mientras atraviesa una calle de La Candelaria o la Plaza de Bolívar? ¿Ha sentido la diferencia de caminar por la Plaza de Usaquén entre un lunes y un domingo? ¿Cuál es el primer pensamiento que viene a su cabeza cuando escucha las campanas de una iglesia?

Seguramente estas preguntas no tengan una respuesta inmediata, pero si la cuestión fuera más general, ¿cómo le suena Bogotá?, la respuesta sería casi refleja: nociva, ruidosa y, por supuesto, repleta de contaminación acústica generada por la industria, el transporte, el comercio; y es justamente este bombardeo de ruidos el responsable de la percepción negativa que se tiene de su entorno acústico.

Cada ámbito está determinado por un conjunto de elementos sonoros particulares, que se articulan de acuerdo a unas dinámicas propias de su cotidianidad, definidas por factores como la arquitectura y la forma en que se habita. Lugares, sonidos, presencias, ecos, voces, murmullos que le dan identidad.

Redescubrir los valores positivos de este entorno y darle sentido a lo que el ciudadano común llama ruido es lo que el profesor del Conservatorio de Música de la Facultad de Artes de la Uni-versidad Nacional, Mauricio Bejarano, busca con su proyecto Bogotá, paisaje sonoro, por un inventario de la buena calidad sonora de los espacios urbanos, apoyandose en la percepción de la comunidad.

"El tilín tilín" del heladero, independientemente de la percepción positiva o negativa que se tenga, es un valor de identidad.

Ruido en un sentido

En su desarrollo como compositor electroacústico, el profesor Bejarano ha trabajado desde hace muchos años en la recopilación y creación de paisajes y objetos sonoros. Esta fuente documental fonográfica sobre la Capital se ha traducido en creaciones artísticas como el disco producido por el Goethe Institut y el Dama, 12 postales y cinco silencios de Bogotá. "Transformar en música experimental los sonidos que usualmente llamamos ruidos es sorprendente. Sentimientos nítidos que van de la libertad al agobio, del enfado a la ternura. No solo sentiremos la misma nostalgia de quien acaba de recibir una tarjeta postal desde su lejana tierra natal, será la sensación extraña de verificar que el ruido es algo más que decibelios de pre-sión sonora.", escribía en el año 2000 el entonces director del Dama, Manuel Felipe Olivera, sobre este trabajo de 17 cortes sonoros urbanos -agua atravesando la ciudad, agua lluvia, copetones, chisgas, colibríes, mirlas, tránsito automotor invasor de la vida urbana.-.

A partir de ésta y otras experiencias acústicas este fonógrafo empezó a orientar su interés con una perspectiva menos personal: documentar la realidad sonora de la ciudad, ahora desde la percepción del ciudadano. Con la inquietud de descubrir este mapa sonoro, empezó su trabajo de campo.

En esta búsqueda, aydado de mapas mentales, lo primero que descubrió fue que la gente no es consciente de su entorno sonoro. "El habitante del espacio público está como narcotizado. Un ejemplo sencillo es la Plaza de Bolívar, un lugar reverberante de sonidos; pero el fotógrafo que allí trabaja se queda mudo al indagarle por lo que escucha, y si le parece agradable o no. Sin embargo, una vez instalada la pregunta y sacando la respuesta un poco con tirabuzón, la gente siempre encuentra elementos de valoración de su entorno. Lo que busco es que la gente haga emerger esos valores positivos de su percepción sobre el entorno", apunta Bejarano.

Otro de los retos es acabar con los estereotipos muy marcados como asociar de manera automática lo que tiene mucho sonido con nocivo y malo, preferir el sonido natural al artificial, o el ideal de un espacio urbano silencioso.

Por ejemplo, no hay algo más "contranatural" que imaginar una plaza de mercado en silencio o con sonidos muy organizados. Es y debe ser un lugar con una ebullición brutal de sonido. Lo mismo sucede con los espacios deportivos como el Parque Simón Bolívar; miles de fuentes generadoras de sonido en movimiento y sin embargo la gente lo asocia con el silencio. "Todo está relacionado con la manera en que abordamos los espacios. Asimilar el propio metabolismo de los lugares, su propia naturaleza y entrar positivamente a gozarla", asegura el maestro Bejarano.

Los sonidos de la calle están llenos de evocaciones conscientes e inconscientes, que muestran las distintas formas de habitar. En Bogotá por ejemplo, una presencia importante es la campanita del carrito de los helados que compite con el copetón por un lugar en cada esquina. Los carros de los años cincuenta, que abundan al sur de la Capital suenan definitivamente diferente a los de otros lugares, Bogotá de madrugada, Bogotá lluviosa, Bogotá.

En ese ejercicio de hablar con gente del común, con expertos en temas de ciudad, de registrar sonidos naturales, artificiales, nocturnos, diurnos, encerrados, desbocados, se va tejiendo un mapa cuyo destino siguiente es convertirse en una creación derivada de las percepciones de los que habitan la ciudad. Una lectura del colectivo que la gente podrá disfrutar como si se tratara de una tarjeta postal de viaje.

El sonido también se piensa

El sonido de un campanario puede ser grato o molesto según la connotación que se le dé.

La arquitectura no suena pero es el escenario donde los sonidos se propagan, donde potencian sus cualidades. Por eso hay sitios donde se evapora enseguida, otros donde queda atrapado y rebotando cierto tiempo, en otras palabras, la arquitectura condiciona el comportamiento del sonido y en esa medida el parámetro sonoro es un criterio que debe tenerse en cuenta al momento de pensar la ciudad, no como un hecho residual sino como resultado de una planeación.

Por eso Bogotá, paisaje sonoro, por un inventario de la buena calidad sonora de los espacios urbanos es un proyecto que busca involucrar a los ciudadanos comunes y a instituciones estatales, planificadores y gestores urbanos.

La idea finalmente es a través de radiofonías, conciertos, seminarios, entre otros, proponer un cambio de actitud, que empieza por la responsabilidad individual de cada acto sonoro, hasta decisiones políticas de mejorar el entorno, "para percibir, comprender y concebir nuestra ciudad como una entidad sonora inteligible y coherente, donde es necesario acordar puntos de referencia, rutas de reflexión y espacios de sensibilización hacia la preservación de los invisibles y frágiles hilos de su equilibrio bioacústico".