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UNP No. 72
Título : La opción de Bush: ¿mesianismo o pragmatismo?
Autor : Anatol Lieven
Sección: Internacional
Fecha : Marzo 20 de 2005
La opción de Bush: ¿mesianismo o pragmatismo?

La poderosa corriente nacionalista traducida en el “Credo americano”, ha sido utilizada por George Bush en la que basa su retórica de democracia y libertad.

Anatol Lieven
Periodista, escritor e historiador inglés, especializado en la ex Unión Soviética y en aspectos de la guerra contemporánea. Ingresó al Centro de Rusia y Eurasia del Carnegie Endowment for International Peace. Entre sus libros se hallan The Baltic Revolution (Yale, 1993), Chechnya: tombstone of Russian Power (Yale, 1998), y America Right or Wrong: an anatomy of American nationa-lism (Oxford University Press, 2002).


El presidente Bush ha iniciado su segundo periodo presidencial con un continuo esfuerzo retórico por usar la palabra "libertad", como una manera de restablecer la unidad de Occidente bajo el liderazgo de los Estados Unidos. En su discurso de posesión, el 20 de enero de 2005, puso abiertamente en el centro de su estrategia política en la "guerra contra el terror" la difusión de la libertad y la democracia. En su discurso sobre el estado de la Unión, el 2 de febrero, persistió en el tema:

"El ataque contra la libertad en el mundo ha reafirmado nuestra confianza en la capacidad de la libertad para cambiar el mundo. Todos somos parte de una gran empresa: extender la promesa de la libertad en nuestro país, para renovar los valores que la sostienen, y para difundir la paz que trae consigo la libertad".

En vísperas de su visita a Europa, entre el 21 y 24 de febrero, declaró en su charla radial semanal:

"Los Estados Unidos y Europa son los pilares del mundo libre. Los líderes en ambas costas del Atlántico comprenden que las esperanzas de paz en el mundo dependen de la constante unidad de las naciones libres".

Y en un importante discurso de su gira europea -en el Concert Noble de Bruselas-, el presidente Bush recalcó la importancia ideológica del tema de la libertad en su misión política:

"Esta estrategia no es una estrategia estadounidense o europea. La difusión de la libertad en pro de la paz es la causa de toda la humanidad. Este enfoque no solo reduce los peligros para los pueblos libres; honra la dignidad de todos los pueblos, al colocar los derechos humanos y la libertad humana en el centro de nuestra agenda. Y nuestra alianza tiene la capacidad, y el deber, de inclinar la balanza de la historia a favor de la libertad".

Democracia=Estados Unidos

Es claro que con esta línea se puede avanzar hasta cierto punto en Europa. Después de todo, los mismos países europeos están en principio comprometidos a difundir la democracia en el mundo, y esto es parte de la esencia de la propia expan-sión de la Unión Europea. Tony Blair ha repetido el lenguaje de Bush. El legado de los gobiernos comunistas y su caída significa que las éli-tes de Europa Oriental tienen una tendencia espontánea a celebrar una retórica como la de Bush. Los países de Europa Occidental se han unido a la "Estrategia del Gran Oriente Medio" de Bush (propuesta en febrero de 2004) que proyecta llevar progreso a la región, aunque lo hicieron en parte para cambiar el enfoque arrogante de los Estados Unidos. Una variada serie de intelectuales europeos, entre ellos Timothy Garton Ash en el Reino Unido y Bernard-Henri Levy en Francia, también han tratado de colocar la cooperación para la difusión de la libertad y la demo-cracia en el centro de una nueva sociedad trasatlántica y de una estrategia para el mundo musulmán.

En los Estados Unidos, por otro lado, el enfoque de Bush ha sido motivo de crí-ticas considerables por parte de los realistas conservadores de la vieja escuela, así co-mo de algunas voces de la izquierda. En un par de mordaces artículos, Fareed Zakaria y Andrew Moravcsik llamaron la atención sobre el profundo abismo entre las opiniones de la mayor parte de los es-tadounidenses y la gran mayoría de los extranjeros sobre la benevolencia del papel del país en el mundo contemporáneo.

A pesar de todo, un discurso como el de posesión de Bush solo podría ser pronunciado en los Estados Unidos. Blair puede haber dicho muchas de las mismas cosas, pero las ha acompañado con propuestas para acciones concretas y verificables en áreas claves que preocupan al mundo: el cambio climático, la extrema pobreza masiva, el derrumbe de muchos estados africanos y un verdadero acuerdo de paz entre israelíes y palestinos. Lo mismo tien-de a ser cierto en la retórica de la Unión Europea sobre la expansión de la democracia.

Solo en los Estados Uni-dos la "democracia" y la "libertad" pueden ser promovidas por un gobierno no solo como parte de una estrategia no militar sino como por la estrategia en su totalidad, y también como una forma de evitar hacer algunas de las cosas que Blair ha propuesto. Y sobre todo, solo en los Estados Unidos puede un líder nacional identificar tan absolutamente la difusión de la democracia, y por cierto la democracia ideal misma, con su propio país y su poder en el mundo. Este sentimiento tiene un elemento de nobleza, pero como Zakaria y Moravcsik sostienen, también hay en ello un solipsismo y una arrogancia peligrosos.

Una visión mesiánica

Buena parte, por cierto, de la terminología sobre la democratización en los Estados Unidos nada tiene que ver con ella. En realidad es sobre los Estados Unidos mismos, la naturaleza de una poderosa corriente nacionalista y la forma como el gobierno de Bush la ha usado para fortalecer su propia posición interna. A causa del poder de este nacionalismo y del "Credo americano" en el que se basa (como lo he llamado en mi libro, America Right or Wrong: an anatomy of American nationalism), la retórica de la expansión de la democracia y la libertad logró coger desprevenido al partido demócrata y reclutar a algunos de sus defensores intelectuales en lo que en efecto es una posición de apoyo a la agenda neoconservadora.

Desafortunadamente, sin embargo, buena parte de esta retórica no tiene nada que ver, en el corto o mediano plazo, con muchos de los desafíos a los que se enfrenta el Medio Oriente, o con las necesidades de la lucha contra Al-Qaeda. Y lo que es peor, toda esta estrategia de democratización está siendo usada, al menos por ciertos círculos, como una gran maniobra de distracción para desviar la atención de lo que los Estados Unidos deberían estar haciendo, pero no hacen, en otros campos.

La reconocida influencia del derechista israelí Natan Sharansky en la "estrategia" de democratización de Bush debe aclararle a todo el mundo que, por nobles que sean sus raíces ideológicas e históricas, el mesianismo estadounidense -hoy en día como en la época de Viet-nam- puede adquirir formas equivocadas y activamente malignas.

Es evidente el contraste entre el propio aparente deseo de democracia palestina de Sharansky y su total desprecio por las vidas, propiedades y bienestar, y hasta las opiniones democráticamente expresadas del pueblo palestino: se pudo apreciar en su decisión en 2004, siendo ministro para Jerusalén, de permitir que las autoridades israelíes confiscaran tierras palestinas mediante decretos administrativos.

Un discurso como el de la posesión de Bush solo podría ser pronunciado en los Estados Unidos.

La dependencia de Bush en Sharansky (cuyo libro The Case for Democracy fue uno de los puntales intelectuales de su discurso de posesión) y la profunda renuencia incluso de los medios liberales estadounidenses de criticar al ex disidente soviético, demuestran una faceta del carácter orwelliano del actual enfoque de democratización y guerra contra el terror de los Estados Unidos. No solo va a la par su lenguaje democratizador con el de facto apo-yo a una serie de regímenes brutalmente autoritarios, y su cháchara sobre el imperio de la ley, con las prisiones de Abu Ghraib y Guantánamo; sino que aspectos claves de esta estrategia se basan en un absoluto y abierto desprecio por las opiniones de la gran mayoría de los árabes y musulmanes comunes y corrientes. en otras palabras las personas mismas a las que el gobierno de Estados Unidos profesa llevar la democracia.

Esta flagrante contradicción es producto del inevitable choque entre el idealismo y la Realpolitik estadounidenses. Sin embargo, sus raíces también se encuentran en una característica básica de la tradición mesiánica en el nacionalismo cívico estadounidense. Tal como se refleja en las actitudes y acciones del gobierno Bush, la generalizada creencia en los Estados Unidos de que no es una democracia entre otras sino la cumbre misma y modelo de democracia, promueve el desprecio por las opiniones del resto del mundo, incluso cuando las expresan las mayorías de las democracias amigas. Además, la creación de una idea de "democracia" como un absoluto puro, hace desistir del verdadero estudio de las condiciones que de hecho se necesitan para que florezca.

Esto a su turno fomenta la creencia en que, con pala-bras del general estadounidense en Licencia para matar de Stanley Kubrick, "en cada porquería vietnamita hay un estadounidense adentro"; dicho de otra forma, en que si uno se puede librar de unos pocos "malos" comunistas, baathistas o iraníes, las poblaciones naturalmente adoptarán tanto la democra-cia estilo USA como el capitalismo, y se pondrán geopolíticamente del lado "bueno". Y finalmente, el inmenso poder dentro del discurso nacional estadounidense de palabras como "democracia" y "libertad", puede llevar a que se usen en la forma descrita agudamente por WH Auden durante la Guerra Fría:

"Más mortífera que la Palabra Ociosa es el uso de otras como magia negra. Para millones de personas hoy en día, comunismo, capitalismo, imperialismo, paz, libertad y democracia han dejado de ser términos cuyo significado se puede investigar y discutir, y para bien o para mal se han convertido en ruidos ante los que la reacción es tan involuntaria como un reflejo en la rodilla".

Yo mismo he observado con frecuencia lo difícil que es en los Estados Unidos discutir en una forma que parezca cri-ticar el valor universal, eterno e inevitable de la democracia, o sugerir que la "libertad", le-jos de ser un absoluto natural, siempre ha sido un término complejo, condicional, cambiante y debatido. Estos términos se pueden usar, consciente o inconscientemente, para cerrarle el paso a un auténtico debate.

El enfoque de democratización y la guerra contra el terror, por parte de los Estados Unidos, se basan en un desprecio por las opiniones de la mayoría de los árabes y los musulmanes comunes y corrientes.

El poder del credo

La razón de ese aspecto característico de los Estados Unidos reside en la natura-leza de su nacionalismo cívi-co. Éste, y buena parte de su identidad nacional misma, se basa en el "Credo americano": la creencia en los valores de la democracia, la ley, la libertad de expresión y la constitución de los Estados Unidos; y, menos formalmente, en el individualismo social y económico, como ejemplar supremo de la democracia y de la modernidad exitosa, y en su benevolencia, inocencia, bondad e inevitable triunfo.

Muchos grandes pen-sadores estadounidenses de todo el espectro político se han referido al poder de este Credo. Como dice Richard Hofstadter: "Nuestro destino como nación ha sido el de no tener ideologías sino el de ser en sí mismo una ideología". Un siglo antes, Ralph Waldo Emerson describió la adhesión a los principios rectores estadounidenses como una forma de conversión religiosa. En este sentido, se puede hasta cierto punto comparar con el papel que el comunismo supuestamente tenía en la Unión Soviética -con la diferencia crucial de que los valores del "Credo americano" han sido tanto más positivos como más exitosos. La fuerza del Credo data de una fecha anterior a la fundación misma de las colonias americanas y a las visiones del siglo XVII de América del Norte como la "ciudad en la colina" en las creencias inglesas y escocesas del siglo siglo XVI que la consideraban como una "nueva Israel".

El poder del Credo tam-bién es producto de su preocupación para mantener unida a la inmensa y variada nación estadounidense, y para darle la capacidad de asimilar vastas cantidades de nuevos inmigrantes con los más diversos antecedentes imaginables. La creencia en los principios del Credo tal vez es la única cosa -fuera del idioma inglés- que los gays de San Francisco y los baptistas fundamentalistas de Texas tienen en común.

Las consecuencias de esto para el mesianismo estadounidense son obvias. En su gran estudio sobre la intervención estadounidense en Vietnam, Fire in the Lake, Frances Fitz-Gerald escribió: "Los estadounidenses ven la historia como un línea recta y se ven a sí mismos como la vanguardia en cuanto representantes de toda la humanidad".

Durante la mayor parte de la historia de los Estados Unidos, éste ha sido un mesia-nismo "pasivo", que asume la forma de una creencia (y que comparto yo en gran medida) en la importancia suprema del ejemplo democrático, pero que no apoya la intervención en el extranjero. Como tal, es totalmente compatible con el aislacionismo estadouniden-se. Sin embargo, en ciertos momentos particulares de la historia, cuando los Estados Unidos han sido atacados o amenazados, o el país se siente forzado a comprometerse ma-sivamente en el exterior, este mesianismo puede asumir una forma activa.

Hay un elemento de tragedia en todo esto. Pues los valores del "Credo americano" son de verdad grandes ideales, de valor inestimable para la humanidad. El sentido de los Estados Unidos de tener una misión con la humanidad es en parte noble y en parte fuente de inspiración. Y a lo largo de la historia moderna, los Estados Unidos de hecho han actuado como un faro para el resto del mundo y como el último refugio y defensor de la democracia. En el siglo XX, su liderazgo en la lucha contra el nazismo y el comunismo soviético fue esencial para la preservación de la civilización democrática en el mundo. Esta trayectoria pasada puede llegar a ser la base de la continuación de la idea de un Occidente unido bajo el liderazgo estadounidense.

Hoy en día, sin embargo, las trágicas fallas en este sentido de una misión nacional estadounidense están destruyendo esta esperanza. La arrogancia nacional tan estrechamente vinculada al sentido de una misión está socavando aún más la voluntad de los Estados Unidos de escuchar a sus aliados claves, y mucho menos a los del mundo musulmán. Alimenta esta arrogancia la alianza con Israel -simbolizada en la dependencia de Bush de Nathan Sharansky- que a su turno refuerza el sentido de unos Estados Unidos e Israel puramente democráticos, ro-deados por un mundo lleno de extranjeros hostiles, tiránicos y antisemitas.

Históricamente, el mesianismo siempre se ha enfrentado al pragmatismo en los Estados Unidos. Al final, el pragmatismo generalmente ha resultado vencedor. Esto fue cierto en Vietnam, pero solo después de una guerra devastadora en la que murieron dos millones de vietnamitas (y 58.000 estadounidenses), y que causó una gigantesca degradación del medio ambiente y un ciclo de destrucción a través de todo el sureste asiático. Como declara el capitán Willard en la película de Francis Ford Coppola, Apocalipsis Now: "Yo quería una misión y en castigo me dieron una. Era una verdadera misión de pri-mera. Y cuando terminó, no quise tener una misión más en la vida". Mi temor es, como sucedió en Vietnam, que la vuelta del pragmatismo pueda llegar solo después de que los Estados Unidos hayan ocasionado toda una serie de desastres para sí mismos y en el mundo.

Este artículo es publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy. Traducción de Nicolás Suescún.