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UNP No. 71
Título : Letras para la memoria
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios
Sección: Entrevista
Fecha : Febrero 27 de 2005

Letras para la memoria

Los personajes de Nahum se mueven en la Bogotá lluviosa, oscura, popular y secreta.

Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios

Nahum Montt, que no es un pseudónimo sino su nombre, no tiene que decirlo para que uno se dé cuenta de que es un hombre satisfecho. Acaba de ganar el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá 2004. Sentados en su cubículo de investigador en la Biblioteca Luis Ángel Arango conversamos sobre él y su obra El Eskimal y la Mariposa, una novela policíaca que transcurre durante poco más de un mes: inicia tres días después de la muerte de Bernardo Jaramillo Ossa (22 de marzo de 1990) y termina al tercero de la muerte de Carlos Pizarro León-Gómez (26 de abril). Con la libertad que da narrar desde la ficción, la obra explora la condición humana de los asesinos responsables de los magnicidios con los que los colombianos dieron inició a la década del 90. En la novela, los asesinos, policías y escoltas al servicio del Estado, toman la palabra para develar que se ha perdido el horror de matar y la corrupción de las instituciones.

UN Periódico: La sociedad colombiana tiende a olvidar su historia reciente, es como querer sepultar el dolor padecido. Y en su novela están los magnicidios, la corrupción, la ilegalidad, el asesinato de dos grandes líderes: Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro. ¿Por qué se interesó en contar esa historia?

Nahum Montt: No he intentado librar una cruzada contra el olvido, ni aclarar los enigmas de sus muertes, ni mucho menos asumir posiciones panfletarias o emocionales. Creo, como Borges, que la memoria esta hecha de olvidos: "Somos lo que olvidamos, no lo que recordamos". ¿Qué hice entonces? Amarré unos cabos sueltos a una trama policíaca, me inventé unos personajes y reescribí una historia que indaga por la condición humana de los asesinos. El mundo está lleno de canallas sentimentales capaces de cometer las más atroces brutalidades y después acariciar conmovidos a sus mascotas, a sus hijos, a sus amantes.

Además, lo que ocurrió en aquella época fue muy lamentable, muy triste. Había un desencanto, una desesperanza, una tristeza colectiva. Como si nos hubieran matado un sueño.

UNP: ¿Hubo alguna dificultad en escribir sobre los asesinos y no juzgarlos, es decir, hacer sentir que no se estaba hablando de villanos sino de seres humanos?

NH: Es muy complejo llegar a lo que se llama "distancia estética". La trampa más próxima que uno tiene cuando empieza a escribir es tomar partido a favor de sus personajes y envilecer a otros. Lo otro, es que me considero un escritor de personajes. Me empiezan a llegar, los visualizo, y poco a poco los voy armando; después, cuando ya los conozco, los pongo en circunstancias problemáticas. Por eso es que el jurado dice que la novela tiene personajes entrañables, pero creo que son personajes delirantes, con concepciones de mundo muy particulares. En la realidad hay acontecimientos más insólitos y ficticios que en la misma literatura. Los atrapo, les doy un nuevo sentido y se los devuelvo a los lectores para que se miren allí como en un espejo.

UNP: ¿Qué ventajas tiene el lenguaje literario frente a otros lenguajes a la hora de narrar sobre estos personajes históricos?

NH: Asumir una posición estética implica distanciarse de los lugares comunes, clichés y de tanta flacidez de pensamiento. La literatura nos permite profundizar en lo humano y nos salva de valoraciones y apreciaciones superficiales. Uno no puede quedarse en la sangre, hay que hacer catarsis de tanto muerto. Si la literatura me sirve para realizar un acto de fe en la vida, aunque tenga que despertar a los asesinos y sus víctimas, y traerlos a esta época, pues lo hago. Para mí siempre será una afirmación vital. Y más allá de esa concepción de la memoria que intenta recuperar recuerdos, yo veo una memoria fundada en olvidos que se reconstruye a diario, que se rehace, se repiensa. Al transformarla en literatura, el lector puede volver a vivir una atmósfera e inferir que no somos ni buenos ni malos, sino una contradicción entre el bien y el mal.

UNP: ¿Qué tan difícil es hablar sobre la historia del país?

NM: Al escribir la novela tuve también mis crisis y me pregunté: ¿Vale la pena intentarlo? Emergía cada madrugada. Porque meterse con la historia de este país es muy complicado. Algunos escritores lo han in-tentado y pocos han salido bien librados; muchos prefieren otras temáticas, otras épocas, otras formas sutiles de evasión; tal vez nuestra realidad no les dice mucho o ya están anestesiados y no los cuestiono, pues la literatura como el arte en general, está más allá de presupuestos éticos o moralistas. Los únicos principios en los cuales creo son la calidad y la autenticidad.

UNP: ¿Qué significa ganarse este premio?

NH: Enrique Serrano, ganador del Juan Rulfo, me dio una imagen que aún me ronda. Me dijo que había una fila muy larga de escritores. Y los concursos te sacan de esa fila, te hacen cruzar el umbral iniciático y permite estos encuentros, que ustedes me conozcan, me lean. Ahora me siento muy tranquilo. Entre un costal de moralejas he guardado algunas verdades de Perogrullo; por ejemplo, recuerdo lo que decía Kipling: "Cuando sepas encontrarte con el fracaso y el éxito y tratar del mismo modo a esos dos impostores.". Ahora asumo el oficio de escribir con mayor rigor, constancia y seriedad, más allá de estas imposturas.

UNP: ¿Qué está preparando ahora?

NH: El Eskimal y la Mariposa explora la pérdida del horror de matar. Llevo dos años escribiendo una novela sobre Rodrigo Lara Bonilla, el ministro de Justicia asesinado hace más de 20 años. Ésta se ubica del lado de la víctima. Ya está prácticamente acabada, tengo varios meses para pulirla y publicarla el año entrante. Me llamó la atención que Lara Bonilla pasó a la historia de este país como un mártir en la lucha contra el narcotráfico, pero en realidad fue un político con una visión integral de la justicia, lo social, lo ideológico, además que era un ser humano excepcional con una memoria prodigiosa y un sentido del humor chispeante e ingenioso. Al comienzo había escrito un texto argumentativo más próximo a lo historiográfico, después lo escribí en forma de crónica y al final me dije: ¿A quién trato de engañar? Si yo no soy historiador ni periodista, lo único que sé es narrar. Así que me lancé a la novela y siento que no me equivoqué, pues la literatura nos permite acercarnos a esas metáforas eternas, a esas historias donde los ideales puestos a prueba por la adversidad se enaltecen y salen fortalecidos.

Los asesinos responsables de dos magnicidios que cambiaron la historia del país toman la palabra en un texto policíaco que obtuvo el Premio Nacional de Novela, otorgado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo (Idct). UN Periódico conversó con el autor, un barranqueño egresado de la Universidad Nacional.