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UNP No. 71
Título : Conexión cubana: narcotráfico antes de la Revolución
Autor : Eduardo Sáenz Rovner
Sección: Reseña
Fecha : Febrero 27 de 2005

Conexión cubana: narcotráfico antes de la Revolución

El desarrollo de la economía subterránea, paralelo al crecimiento de las actividades legales y a la integración en la economía internacional, tuvo en Cuba una experiencia anticipada al boom actual del tráfico ilícito de drogas. Una investigación del historiador y economista Eduardo Sáenz Rovner, presentada en un libro, ayuda a entender esa interacción y da luces sobre procesos vigentes en Latinoamérica.

Sáenz Rovner, Eduardo, 2005, La conexión cubana. Narcotráfico, contrabando y juego en Cuba entre los años 20 y comienzos de la Revolución, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Colección CES, 278 páginas.

Eduardo Sáenz Rovner*

A finales de diciembre de 1956, Rafael y Tomás Herrán Olózaga fueron capturados en La Habana con heroína avaluada en 16.000 dólares. Los hermanos gemelos -el primero químico, el segundo piloto-, provenían de familias de las élites de Bogotá y Medellín. Habían llegado a La Habana provenientes de Colombia, vía Jamaica. También fueron arrestadas dos mujeres colombianas; una de ellas había ayudado a introducir la droga en Cuba, la segunda era la esposa de Tomás y operaría como courier hacia los Estados Unidos aprovechando que era estudiante universitaria en Filadelfia.

Los Herrán Olózaga confesaron que ya habían llevado drogas a Cuba; aparentemente estaban en el negocio ilícito desde 1948. En febrero de 1957, agentes del Servicio de Inteligencia de Colombia, secundados por un oficial antinarcóticos de los Estados Unidos, allanaron el laborato-rio de los Herrán Olózaga en el sector de El Poblado en Medellín.

El incidente no era un hecho aislado en la Cuba de mediados del siglo XX. Desde los años 20, la isla había provisto licor de contrabando a los Estados Unidos en la época de la Prohibición; también se enviaban drogas ilegales procesadas en laboratorios europeos antes de la Segunda Guerra Mundial, y en laboratorios latinoamericanos desde la posguerra. Además de zona de paso de las drogas, Cuba se convertiría en país consumidor de toda una variedad de sustancias prohibidas: desde el opio utilizado entre miembros de la comunidad de inmigrantes chinos (la más grande en Latinoamérica), pasando por la marihuana, consumida por personas de origen humilde, llegando a la cocaína, droga de predilección de la élite.

La Cuba rica

La dinámica economía cubana tuvo una gran integración a las corrientes migratorias y al comercio internacional durante las primeras décadas del siglo XX. Una de las economías más ricas en las Américas durante el periodo colonial, tuvo un boom de crecimiento liderado por el azúcar desde comienzos del siglo XIX. Además, para 1900, Cuba era el segundo país más urbanizado de Latinoamérica, después de Uruguay y un poco por encima de Argentina. Para 1930, Cuba tenía la segunda tasa de esperanza de vida en el hemisferio y 70% de la población estaba alfabetizada. Incluso para los años 50, a pesar de la inestabilidad del mercado del azúcar y el lento crecimiento económico de esa década, la isla seguía en el pequeño grupo de países con las mejores estadísticas sociales y económicas en el continente.

La Cuba de la primera mitad del siglo XX heredó también las consecuencias del mayor acercamiento a la economía y a los valores norteamericanos. A esto se sumaron las nuevas oportunidades económicas y patrones de consumo y los valores que resaltaban al self-made man, valores que, rápidamente asimilados y aceptados por un creciente número de cubanos, acompañaron a una gran movilidad social y al surgimiento de una nueva capa de comerciantes, empresarios y gerentes. Las comunicaciones, tanto domésticas como con el exterior, también mejoraron con rapidez: no sólo la navegación sino el transporte aéreo, que hizo de La Habana una de las primeras ciudades del mundo en tener un aeropuerto que operaba vuelos internacionales. Este clima de fluidez social, crecimiento económico y mayor apertura, incluyendo las corrientes migratorias y los flujos internacionales de capitales y mercancías, contribuyeron al crecimiento de la economía subterránea cubana.

Paradójicamente al crecimiento del comercio ilegal, la Cuba de los años cincuenta atravesaba por uno de sus mejores momentos en materia social y económica.
Cortesía Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries

Arma anticomunista

Los eventos narrados y analizados en este libro cubren casi medio siglo: desde la Prohibición de los años 20 hasta los primeros años de la Revolución Cubana, cuando el tema del narcotráfico se convirtió en otra herramienta de la Guerra Fría y en una más de las fuertes presiones norteamericanas contra el gobierno de Fidel Castro. En la utilización del narcotráfico como instrumento anticomunista fue central el papel del Federal Bureau of Narcotics, la agencia norteamericana antinarcóticos antecesora de la DEA.

Esta historia revela información -generalmente inédita- tomada del Archivo Nacional de Cuba y de los Archivos Nacionales de los Estados Unidos sobre redes de narcotráfico en Cuba, y el tráfico de drogas entre la isla y diferentes regiones del mundo que incluían a los Estados Unidos y a los países andinos y México, el Medio Oriente y Francia. Desfilan por estas páginas personajes de diversas nacionalidades, además de cubanos: españoles, chinos, franceses de origen corso, árabes, latinoamericanos y mafiosos norteamericanos. Estos últimos concentraban sus negocios en Cuba en el sector hotelero y de casinos, y no necesariamente en el narcotráfico. No podemos olvidar que los casinos eran legales y además muy rentables.

De otra parte, a pesar de la complejidad de las redes del narcotráfico, el negocio todavía era relativamente pequeño (aunque peligroso por la constante presión, en particular de Estados Unidos) y los envíos y decomisos se tasaban en libras y kilos, y no en toneladas como ha sucedido en las últimas décadas en las que el poder económico y político del narcotráfico no se limita a comprar policías y funcionarios de rango medio -como acontecía en el periodo objeto de esta obra-, sino que llega a los más altos niveles del Estado, como ha ocurrido de forma reciente en varias repúblicas latinoamericanas.

Por último, esta investigación muestra que el comercio internacional de drogas ilegales va más allá del detonante de la demanda en los países consumidores. Desde el punto de vista de la oferta, un país o una región no se vuelve sede de redes de narcotraficantes por simple proximidad geográfica a los mercados; habría que analizar entonces las condiciones internas, económicas, políticas, sociales y hasta judiciales, de los países productores y/o exportadores. De ahí que el libro pueda ser de interés para historiadores y economistas, lo mismo que para aquellos interesados en temas más generales sobre el narcotráfico y las relaciones internacionales.

* Profesor Titular de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia.