UNP No.69
Título : A propósito de periodismo y literatura
Autor : Julio César Goyes Narváez
Sección: Periodismo
Fecha : Enero 16 de 2005 |
A propósito de periodismo y literatura
Dar una noticia y narrar historia es lo mismo. El periodismo es un instrumento para pensar.
Julio César Goyes Narváez*
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Perry Smith, el protagonista de la masacre que originó la escri-tura de A sangre fría.
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La historia A sangre fría de Truman Capote fue fruto de una investigación periodística, de un rigor en la interpretación de documentos y entrevistas, un cuidado en el referente real. Justamente es eso lo que atrae, que alguien quiera hacernos creer que la fascinación y la ficción habitan los días cotidianos, que todo lo que el narrador dice sobre lo que ocurrió en un determinado lugar, en un determinado tiempo es digno de recordar, de atender, de venerar por la fuerza estética de la escritura.
La literatura es testimonio y prueba, no únicamente de qué fuimos sino de cómo somos, qué deseamos, cuáles son nuestros sueños. De suerte que lo que importa no es tanto la anécdota en sí, ni que sea verdad o mentira, sino el empeño que el autor le transfiere al narrador para que éste a su vez impacte al lector, haciéndole creer en lo que éste último le afirma. Ese gusano dentro del escritor que no lo deja quieto y lo invita a expresar y comunicar al otro, porque como escribió Vargas Llosa en El arte de mentir, "en el embrión de toda novela hay una inconformidad y un deseo".
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Dick Hickock, el otro asesino de la novela de Truman Capote. |
No se escribe para contar simplemente la vida, sino para transformarla agregándole algo nuevo, algo que antes no había en la cotidianidad ni en los sueños. Fuera de ese pacto del autor con el lector o del narrador con el narratario no hay posibilidad narrativa. Es imprescindible que el autor crea -el mismo hecho de escribir comprueba que cree, sobre todo cuando se dice a sí mismo poeta, escritor o periodista-; pero qué tan decisivo es que además el lector también cocree el mundo que en las palabras se ha tornado creíble por fuerza de la imaginación; es decir, por el talento de llevar lo particular a lo universal, así este universal sea alegórico, símbolo degradado que tiene asidero en esta modernidad que nos desvanece y nos reproduce en mil espejos.
Por esto, Tomás Eloy Martínez, el escritor argentino que defiende el periodismo narrativo, observa que el lenguaje periodístico del futuro no es cuestión únicamente de oficio o desafío estético, sino que es, ante todo, una solución ética. Según esa ética, el periodista no es un agente pasivo que observa la realidad y la comunica; no es una mera polea de transmisión entre las fuentes y el lector sino, ante todo, una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas de la misma, entender el por qué, el para qué y el cómo de las cosas con el deslumbramiento de quien las está viendo por primera vez.
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La complejidad psicológica del relato de Truman Capote, elevó la pesquisa periodística al rango de obra literaria. |
Expresar las palabras para representar lo que se ve como si fuera la primera vez, es una de las grandes funciones de la poesía, que ha estado siempre comprometida con el umbral realidad/imaginación. Es cierto, a veces ha tomado caminos herméticos y metafísicos, pero cuando el alma ancla en los acontecimientos de la tierra y el cuerpo se contorsiona por hambre, por injusticia o por deseo es testimonio de nuestro paso por el mundo, de nuestra percepción de los conflictos humanos en el tiempo.
Decir poesía, no es decir poema ni versos, es la energía creadora, la voluntad de ser otro y al tiempo ser el mismo, y la fuerza capaz de hacernos vivir otro mundo, malo o bueno, verdadero o falso, no importa, en todo caso distinto al mundo en el que habitamos y en el que hay días verdaderamente insoportables. Para Octavio Paz la poesía moderna está influida por el periodismo, y su deseo más grande fue "dejar unos pocos poemas con la ligereza, el magnetismo y el poder de convicción de un buen artículo de periódico... y un puñado de artículos con la espontaneidad, la concisión y la transparencia de un poema".
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Las crónicas periodísticas de Gabriel García Márquez se conservan en los archivos de El Espectador. |
García Márquez, por su parte, considera que la poesía debería ser cada vez más informativa y el periodismo cada vez más poético. Si el mundo del periodismo fue en sus orígenes la literatura, hoy muchos escritores intentan encontrar su estilo en el periodismo. El propio Alberto Moravia, seudónimo de Alberto Pincherle, periodista y escritor antifascista y un duro ironizador de la vida de los jóvenes italianos, dijo alguna vez: "Todo escritor contemporáneo debería pasar por el periodismo". Alejo Carpentier, para convocar a otro de los consagrados, no halló razón para separar al periodismo de la literatura, a no ser por cuestiones de estilo. Para él, el periodista y el escritor se integran en una sola personalidad. Define al periodista como: "Un escritor que trabaja en caliente, que sigue, rastrea el acontecimiento día a día sobre lo vivo. El novelista, para simplificar la di-cotomía, es un hombre que trabaja retrospectivamente, contemplando, analizando el acontecimiento, cuando su trayectoria ha llegado a su término. El periodista, digo, trabaja en caliente, trabaja sobre la materia activa y cotidiana. El novelista la contempla en la distancia con la necesaria perspectiva como un acontecer cumplido y terminado".
La industria periodística y mediática ha transformado las pautas de producción, circulación, consumo y valoración social de la literatura y sus formas tradicionales, y ha creado géneros literarios nuevos que en algunas ocasiones han alcanzado la realización artística bajo la forma de testimonios, crónicas literarias, reportajes, ensayos, columnas, artículos, guiones audiovisuales, el ámbito epistolar, entre otros. Varios estudiosos y críticos de la cultura moderna, ante la indiferencia que ha mostrado la historia y la crítica literaria tradicionales por los géneros periodísticos, se han dedicado a estudiar las relaciones entre periodismo y literatura. Las relaciones diacrónicas y sincrónicas entre la cultura literaria y la cultura periodística dibujan un objeto de conocimiento que debe ser abordado desde una perspectiva interdisciplinaria, puesto que es un campo donde concurren las ciencias humanas, las nuevas tecnologías, los medios de comunicación, el arte, la política y las industrias culturales.
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El asesinato de Herbert, Bonnie, Nancy y Kenyon Clutter conmovió a la opinión pública norteamericana. |
Es posible que la genealogía del género testimonial esté en las crónicas y relaciones de la conquista, dada la situación de marginalidad y postergación relativa que estos textos sostienen con el centro del poder. "A esos viejos cronistas y a los de hoy -escribe José Navia Restrepo en su libro de crónicas El lado oscuro-, los distingue esa intacta capacidad de asombro ante lo que pasa delante de sus ojos. No narran de oídas sino que atestiguan los hechos que han percibido con todos sus sentidos y de modo directo".
Para varios escritores, los testimonios al igual que los textos coloniales suponen una "defensa de una causa justa elevada ante algún tribunal de la conciencia". Tomás Eloy Martínez piensa que este género es anterior a García Márquez y le da carta de autenticidad para América Latina con José Martí y Rubén Darío, y en Estados Unidos con Capote y Hemingway. "Lo que se busca -según Eloy- es producir un proceso de identificación entre el lector y la noticia que se está contando". De cierta manera, alguna producción literaria y periodística actual moviliza estas fuerzas identitarias (afectos de impotencia, compasión o repulsión), al contarle desenfadadamente al lector lo que le pasó, lo que está sintiendo y pensando el personaje/autor en un lugar determinado; además el autor habla por el lector cuando de denunciar y criticar se trata.
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Bonnie. |
Rossana Nofal de la Universidad de Tucumán, en La escritura testimonial chilena, una cartografía de la memoria, piensa que a partir de la década del 70, por lo menos para Chile, puede hablarse del testimonio como género con marcas propias, susceptible de codificarse como una categoría literaria. Y tomando como modelo la intervención última de Allende en la radio, observa en la voz performática tres rasgos fundamentales que definen el género testimonial: uno es la convicción de que la voz se ejerce desde una coyuntura dramática de la historia; otro confirma un discurso organizado por un sujeto que es a la vez testigo y actor de los hechos, y el tercero tiene que ver con la voluntad de hablar no contra otro discurso, sino contra el silencio de una de las versiones en conflicto.
Estamos hablando de aquello denominado como la disolución de los límites entre el espacio de la ficción y lo real. El texto ostenta un campo externo cuando se refiere a los hechos reales ocurridos, pero también evidencia en la narración la "altitud poética" que exigía Truman Capote, para configurar esos hechos. Lo interesante del testimonio y la crónica es que esa verdad y realidad subjetiva tiene asidero como analogía con la realidad social. No es la simple anécdota, no es la noticia que denuncia tipos de anomalías.
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Nancy. |
El realismo testimonial y autobiográfico, por ejemplo, va más allá de la imitación o correspondencia que identifica la realidad factual con el relato; va hacia la creación imaginativa del escritor que depura aquellos hechos objetivos y los hace significar por vía del extrañamiento, la ironía y la tensión poética. Es muy importante la ironía en esta escritura, pues este procedimiento obliga a la voz que narra a pasar de lo trágico al humor redoblando la tensión poética, volviéndola crítica y bastión de denuncia. Es decir, siguiendo a Rossana Nofal, se entrecruzan los rasgos fundamentales de las voces testimoniales que van de la dramática que registra la historia y la que da cuerpo al testigo y actor de los hechos, a la que habla contra el silencio del temeroso y del cómplice.
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Kenyon Clutter. |
Sabemos desde Kafka y su literatura dramática de lo extraño que diluye lo real en lo fantástico, que cualquier cosa pude desatar la más absurda aventura humana en este mundo vigilante e injusto. Desde este punto de vista, el periodismo narrativo o la li-teratura testimonial podrían alimentarnos con historias sustanciales, donde la suerte de un hombre podría representar los destinos de muchos. "De alguna manera -dice Tomás Eloy Martínez-, la noticia ha dejado de ser objetiva para volverse individual, pero siempre como una voz a través de la cual se puede pensar la realidad, reconocer las emociones y las tensiones secretas con el deslumbramiento de quien las está viviendo por primera vez".
La gran propuesta del periodismo es "descubrir, donde antes había solo un hecho, al ser humano que está detrás de ese hecho, a la persona de carne y hueso afectada por los vientos de la realidad... Allí donde el documento parece instalar una certeza, el periodismo instala siempre una pregunta. Preguntar, indagar, conocer, du-dar, confirmar cien veces antes de informar: esos son los verbos capitales de la profesión más arriesgada y más apasionante del mundo".
Claro que un libro no debe ser referencia de la realidad sino realidad en sí, ente autónomo sobre el cual, nos recuerda Goytisolo, un lector puede crear "a su vez una novela o un poema, liberador de temas y de formas, creación de creaciones". Desde esta mirada, un texto periodístico debería crear un lector que a su vez también cree su propia crónica, su testimonio original.
* Profesor del Instituto de Estudios en Comunicación y Cultura (Ieco), de la Universidad Nacional de Colombia.
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