UNP No.69
Título : A orillas de la ficción
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo
Sección: Literatura
Fecha : Enero 16 de 2005 |
A orillas de la ficción
Dos politólogos de la Universidad Nacional de Colombia, desafiando la forma tradicional de estudiar la guerra, proponen un análisis del conflicto colombiano que va más allá de los conceptos, lo hacen a partir de la literatura.
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Sarantó podría ser cualquier lugar apartado donde transcurre el conflicto.
Foto Archivo
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Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios
A orillas del río Sarantó se levanta un pueblo de clima cálido, calles polvorientas, perros andariegos, árboles frutales y molestos zancudos: Puerto Tucano. Un lugar imaginario que podría ser cualquiera de los 1.098 municipios de Colombia, pues representa las zonas rurales que, en su mayoría, son el epicentro de la guerra del país.
En Puerto Tucano transcurre el cuento de guerra escrito por Mario Iván Urueña y Humberto Librado, politólogos de la Universidad Nacional de Colombia. Éste, su trabajo de grado, analiza desde la teoría de la guerra de Nicolás Maquiavelo la lucha armada, pero sin dejar de lado su parte más sensible: la gente.
"Entender por completo las secuelas que el fenómeno deja en el alma humana es imposible, pero de esta manera logramos dar con una visión más sensitiva de lo que se ha dicho sobre la guerra, logramos aterrizarla al mundo de los mortales a los cuales afecta", explican.
Su trabajo inició como una manera de "retar" a la academia al proponer un texto que desde el lenguaje literario analizara el conflicto. En éste, sus autores dejan ver un desapego hacia lo que consideran la erudición excluyente del discurso científico; "el asunto es que si la guerra está afectando al grueso de la población es paradójico que los estudios politológicos estén dirigidos a un sector muy pequeño, que son los intelectuales", comenta Mario.
La monografía fue meritoria y ganó el "Segundo concurso de trabajos de grado sobre violencia y sociedad posconflicto", convocado por Fescol, el Centro de Estudios Sociales (Ceso) de la Universidad de Los Andes y el Instituto de Estudios Políti-cos y Relaciones Internacionales (Iepri) de la UN, por lo que será publicada.
Entre ficción y realidad
"Las ráfagas de metralla levantaban polvo en las callejas. Era difícil conocer a quiénes se dirigían las balas. El pueblo en general se encontraba cubierto por una mezcla rojiza y amarilla producto de la arena que se levantaba del suelo y el polvo de ladrillo perforado. La iglesia acababa de perder la torre en la cual se levantaba una cruz de hierro sencilla con puntas en forma de flecha, por el impacto tenaz de un mortero".
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"Hay que entender, de una vez por todas, que esta guerra no es, y nunca ha sido, una cuestión de buenos y malos".
Foto Archivo
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Estas líneas, que hacen parte del cuarto capítulo, describen la toma de Puerto Tu-cano, no se sabe si por guerrilleros o por paramilitares. Mientras ocurre, los pobladores se encuentran escondidos. Por azar, en la bodega de un hostal se ocultan tres hombres: Alfredo, Arnulfo y don Nicolás, quienes aunque no tienen una contrapartida en la realidad, condensan elementos de muchas historias de vida, al punto que en ocasiones se hace borroso el límite entre la ficción y la realidad.
Alfredo, abogado y profesor, representa la voz de la academia; Arnulfo, andariego de origen campesino, personifica la sociedad civil; y don Nicolás encarna a Maquiavelo.
Los tres personajes exponen sus posturas, discuten, argumentan y se cuestionan a lo largo de siete capítulos.
Para dejar claro que plantear la justicia en la guerra es una paradoja, en el segundo apartado se habla sobre el Derecho Internacional Humanitario, se discute el contenido de los acuerdos y los protocolos; así, "el que no se respete el DIH no es el problema central, porque la guerra tiene unas lógicas propias y quedarse en el lío jurídico no conduce a ninguna parte", explica Humberto.
Al poner de presente que la cuestión fundamental en la guerra no es la justicia sino las fuerzas, en adelante se discuten asuntos de teoría y estrategia militar. En estos apartados es Alfredo quien dirige la discusión. Este personaje con una memoria prodigiosa expone ante sus interlocutores lo aprendido durante años en la universidad. Es la encarnación de la academia que comprende y explica los fenómenos desde los conceptos, pero que carece del saber que dan las vivencias. Y aunque Alfredo representa lo que ellos critican en el trabajo de grado -un saber erudito- Mario y Humberto reconocen que este personaje es su manifestación. "De todos modos somos hijos de esta estructura académica, nosotros hablamos de esa manera y hemos leído los mismos textos que Alfredo".
Para cuestionar a este personaje que cree saber tanto sobre la guerra interna y que hasta considera como originales algunos métodos en ella utilizados, está don Nicolás. Con un tinte de locura le recuerda a Alfredo las semejanzas entre nuestra guerra y otras ocurridas siglos atrás.
Entre ambos analizan el conflicto colombiano a la luz de la teoría de la guerra y abordan temas como la organización del ejército (capítulo III), la virtud como un factor que puede otorgar la ventaja en la interacción con el enemigo (capítulo IV) y la población civil como actor en la guerra (capítulo V).
Pero, después de privilegiar la parte estrictamente teórica y militar, la discusión gira hacia la contraparte: la guerra como pasión humana (capítulo VI), donde el acento está puesto en el hombre, sus dramas y su cotidianidad. "Esto para entender de una vez por todas que esta guerra no es y nunca ha sido una cuestión de buenos y malos", enfatizan.
En este capítulo Arnulfo, una persona humilde que ha vivido de cerca el conflicto, expresa sus pensamientos; "los expone con palabras sencillas y no por eso menos profundas o acertadas que la de sus ilustrados interlocutores", comenta Mario. Para nutrir este personaje se valieron de las crónicas del sociólogo Alfredo Molano, quien a tra-vés de sus trabajos ha tenido un contacto cercano con los campesinos que están en medio de la lucha.
Para Arnulfo este problema es más simple de lo que Alfredo y Nicolás dicen, pero a la vez más profundo. "Se trata de que la guerra es algo emocional, es humana, es una cosa de las tripas", dice Humberto.
Por eso, Arnulfo terminó retando a sus interlocutores en el cuento, y lo hizo también con los autores: "Arriésguense a salir de la rigidez y de esa eterna teorización de las cosas". El producto fue una apuesta investigativa que desde la literatura logra pincelar una realidad a veces difícil de aprehender desde las disecciones abstractas.
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